Migrantes desafían el sufrimiento

Esmeralda Sánchez

esmeraldasanchez@diocesisdesaltillo.org.mx

Pese a los abusos, las cifras van en aumento

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José Luis Romero

“Somos duros”, dice el guatemalteco Pedro Cruz Sánchez, que busca por segunda vez cruzar la frontera con Estados Unidos luego de ser deportado ya en una ocasión, muy lejos de cumplir ese cometido.

“Ahora le estoy echando cerebro cómo hacerlo; porque la verdad la cosa no es nada fácil, se sufre para llegar”.

Su frase resume de manera simple la razón por la cual las cifras de migración no disminuyen pese a las acciones del gobierno norteamericano y el de México en el Programa Frontera Sur. El hambre y la violencia son más fuertes expulsoras que el cierre de los límites que les obligan a ser blanco fácil de mercenarios, narcotraficantes, pseudo autoridades y demás. Muchos de ellos logran librarlos o se llevan serias consecuencias físicas y psicológicas; otros no tendrán tanta suerte: morirán en el desierto, ahogados en el Río Bravo o asesinados por el crimen organizado al no aceptar ser mercancía viva para sus propósitos.

En este andar miles serán deportados. En tan sólo un año el número aumentó en 38 mil 693, según cifras actualizadas a julio de 2016, del informe “Un camino incierto: justicia para delitos y violaciones a los derechos humanos contra personas migrantes y refugiadas en México”; presentado originalmente en noviembre de 2015 por la Casa del Migrante “Frontera con Justicia», A.C. en Saltillo, Coahuila, y los organismos Fundar, Centro de Análisis e Investigación y Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), así como seis albergues y organizaciones que defienden los derechos de migrantes en cinco regiones de México.

Un total de 186 mil 922 migrantes no mexicanos (la mayoría centroamericanos), fueron detenidos y deportados en México y Estados Unidos entre julio de 2015 y junio de 2016; mientras que apenas en las mismas fechas de 2015, la cifra era de 148 mil 229 personas.

El último cruce de Franco José Moncada Mejía, de 30 años de edad y nativo de San Pedro Sula, Honduras (considerada por analistas como la ciudad más violenta de Latinoamérica), fue por el desierto de Arizona. “Casi me muero. En nombre de mis ojos nunca habían visto cosas que miré; me crucé por Nogales, Sonora y miraba gente muerta, y cadáveres. Yo me preguntaba ¿de dónde serán esas personas?… su familia jamás nunca las va a volver a ver. Y luego cuando ya estaba allí sin comida, sin agua; no hallaba qué hacer y le pedí a Dios que me ayudara, que no me dejara morir allí porque nunca mi familia me iba a encontrar”.

En el lugar “me agarró una ambulancia, me desmayé y ya me desperté en un hospital y luego la migración me agarró ahí como a un perro, me metió a la cárcel y me deportó para Honduras”. No obstante que acepta “hay muchas cosas que nos pasan en el camino y sufre mucho uno. Aguanta hambre, frío, muchas necesidades, y extraña a la familia en el camino”, el récord de Franco es de varios intentos, algunos de ellos con éxito.

Aunque hasta ahora ha sorteado la muerte, ésta se le ha presentado ya muchas veces; “he sufrido muchas agresiones porque pasé el 24 de diciembre pasado (2015) todo golpeado en una casa del migrante, y el 31 recuperándome en un hospital”.

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Pedro Cruz Sánchez

La Diócesis de Saltillo, a través de la Casa del Migrante de esta ciudad, celebra en el marco del Año de la Misericordia que convoca el Papa Francisco, el Jubileo de la Misericordia para las Personas Migrantes, que con diversos foros pretende sensibilizar a la comunidad respecto a esta tragedia humanitaria.

Y es que en Coahuila 2016 se perfila como el año con mayor número de delitos en contra de migrantes; el mismo estudio compara las cifras de 2013 en los principales hechos ilícitos y destaca que en el segundo semestre se documentaron en la Casa del Migrante de Saltillo 113, mientras que en el primer semestre de este año fueron 148, es decir 35 más.

Entre los delitos más denunciados por los migrantes están el robo, que se disparó de 20 casos en 2013 a 77 este 2016 y los secuestros pasaron de sólo siete, a 20 en menos de un año; únicamente la extorsión bajó de 38 a 13 casos. Franco José Moncada también ha sido una de las víctimas: “varias veces he ido a la frontera pero como no traigo tarjeta me han querido secuestrar para trabajar ahí para el narcotráfico, y otras veces creen que nuestra familia tiene dinero y empiezan a pedirle a uno el número”.

En 2015, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Cometidos en Agravio de Migrantes recibió 36 denuncias, por abuso de autoridad, abuso sexual, amenazas, allanamiento de morada, daños, robo, privación de la libertad y trata de personas. De estas denuncias, fueron consignadas 14 personas, destaca “Un camino incierto”.

No obstante, al mes de junio de este año, la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Coahuila únicamente había emitido dos recomendaciones por violaciones a los derechos humanos de migrantes. El primer caso respecto a la agresión y detención arbitraria de nueve personas migrantes por miembros de la Policía Preventiva Municipal de Saltillo. El segundo por la detención de tres migrantes en marzo de 2014 por parte de elementos de la Policía Estatal Acreditable de la Comisión Estatal de Seguridad.

A nivel federal, el 18 de diciembre de 2015 la Procuraduría General de la República (PGR) de México estableció formalmente la Unidad de Investigación de Delitos para Personas Migrantes y el Mecanismo de Apoyo Exterior Mexicano de Búsqueda e Investigación. Pero retrasó la designación de su titular (Leonor Figueroa Jácome) y la emisión de protocolos y lineamientos, lo cual impidió a los migrantes y sus familias ejercer de forma efectiva sus derechos.

“Al mes de junio de 2016, la Unidad de la PGR registraba un total de 133 delitos bajo investigación, 123 en el anterior sistema de justicia y 10 en el nuevo sistema. La mayoría de los casos (96) son de privación ilegal de la libertad, seguidos por nueve de abuso de autoridad, cuatro de secuestro, tres por tráfico de personas, tres de delitos contra la administración de justicia y tres por extorsión”.

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Marco Tulio Torres

Marco Tulio Torres, de Honduras, sufrió asaltos en su último paso por México; “las autoridades también me golpearon, me bajaron del tren, me encerraron acusándome que era de los zetas”. Y Mauricio Gutiérrez, de Guatemala, dio gracias a Dios porque pese a ser su primera vez, “me ha permitido pasar la mitad del camino; la verdad que no me ha pasado nada (aunque) sí me he encontrado con compañeros que los agreden las bandas, las autoridades, los garroteros, migración… pero nosotros siempre en oración de Dios”.

José Luis Romero, que proviene de la Ciudad de Danli, departamento de El Paraíso, en Honduras; considera que los abusos son una realidad que debe ser conocida en su plenitud por la sociedad para poder entender la naturaleza de la migración y sus consecuencias.

“Creo que es una realidad que se vive hoy día aquí en México, en Centroamérica; en especial la gente de Honduras, de Nicaragua, de Guatemala… migrando hacia acá. Y es una triste realidad porque aquí se sufren muchas agresiones por parte de grupos criminales, mucha gente pierde la vida, y a veces la vida es tan dura en Honduras que sabiendo de todos los peligros la gente sigue viajando y se arriesga, a veces hay niños, ancianos… la gente desesperada llegando por aquí”.

“Es importante que se sepa lo que está pasando, continúa, porque el crimen organizado está masacrando prácticamente a los centroamericanos que vienen buscando el sueño americano, y también las leyes en Estados Unidos se están poniendo más difíciles. No sé cuál va a ser la solución a este problema pero es triste porque yo estoy aquí también con la misma idea…”.

Un camino incierto, pero que se sigue

“Un camino incierto”, analiza las acciones del gobierno mexicano a partir de la puesta en marcha del Programa Frontera Sur, con el cual México parece haber respondido a la presión ejercida por el gobierno de los Estados Unidos después de la “crisis humanitaria” de niños migrantes y familias, la mayoría de Centroamérica, que llegaban a su frontera a mediados de 2014.

“El informe concluye que existe una relación directa entre la intensificación del control migratorio a raíz del Programa Frontera Sur a través de operativos, las detenciones y las deportaciones de personas migrantes y refugiadas y algunas violaciones de sus derechos. En este contexto, las autoridades mexicanas no han fortalecido sus capacidades para proteger a las personas migrantes. Tampoco existe evidencia de que las instancias creadas para investigar delitos en contra de migrantes estén cumpliendo su función en forma efectiva”.

¿Qué lleva a los migrantes a continuar pese a la cacería de que son objeto? “Primeramente en nuestros países falta trabajo y recursos económicos y por eso hemos tratado de lograr lo del sueño americano para superación de nuestros hijos, de nuestra esposa, de nuestras familias. Sí se consigue (trabajo), pero es bastante difícil porque simplemente yo tengo desde abril que me sacaron hasta esta fecha (septiembre). Mi idea es llegar a Estados Unidos para trabajar y ayudar a mis hijos; que mis hijos se superen para que no tengan que correr el riesgo que yo he corrido en este camino”, dice el hondureño Marco Tulio Torres.

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Franco José Moncada

“Yo vengo de Guatemala y allá hay muy poco trabajo; no sólo yo, la mayoría de nosotros que venimos es porque en nuestros países no hay una economía”, continúa Pedro Cruz. Para Mauricio Gutiérrez, también de Guatemala, “cada país presenta diferentes necesidades y cada una de las familias que viene lo hace para mejorar. Nomás para mejorar un poco la economía de mi familia, para mí”.

Franco José Moncada Mejía huyó de su hogar en San Pedro Sula, Honduras, ante el panorama hostil que al día de hoy no le pide nada a la realidad que le tocó vivir en su paso por México. “En mi país hay mucha violencia, estamos muy bajos en educación, no nos han enseñado muchas cosas: valores, principios morales que acá le enseñan a uno (Franco José se encuentra ahora en la Casa del Migrante de Salltillo): a ser solidario; a tener hermandad; a ver la gente de igual a igual; a dejar la violencia”.

“La violencia en Centroamérica es muy común”, añade, “los pandilleros, la Mara MS, la Salvatrucha, los de La Eighteen (La 18); las bandas se la pasan matando a cada rato porque te cobran impuestos de guerra, no puedes entrar a otra colonia aunque no seas pandillero, te pueden matar o agredir. Se viene uno de allá por falta de empleo, muchas cosas; por la violencia misma se van las empresas a otros países porque no les gusta: hasta a ellos les cobran renta por los camiones a diario, cien mil lempiras creo; y si no, matan al dueño o al chofer que anda ganándose la vida (que gana 200 lempiras al día y que come arroz y frijoles), la agarran con él para que el dueño mire y pague la renta; no debería ser así”.

José Luis Romero, que proviene de la Ciudad de Danli, departamento de El Paraíso, en Honduras, confiesa que aunque vivió en Estados Unidos mucho tiempo y fue deportado; hoy en día la migración ha rebasado cualquier expectativa, hasta la de aquéllos que la llevan a cabo. “Para mí es una sorpresa encontrarme con tantos paisanos, no me imaginé que habían tantos en todas las entidades de la frontera; y es triste porque ves tanta gente aquí queriendo llegar y no todos logran ese sueño, muy pocos lo hacen”.

José Luis fue deportado al ser detenido manejando en estado de ebriedad, pero antes de ello ya había perdido contacto con su hijo de 18 años, a quien no ha visto en siete; él es una de las razones por las que volverá a intentarlo: “Estuve tratando de hacer mi vida en mi país pero es difícil porque no hay mucho trabajo y el poco que hay es muy mal pagado. Piensa uno que es fácil volver y ganar dólares, porque valen mucho más en nuestros países; pero es muy diferente a la vez que pasé, ora está más difícil, hay más crimen en contra de los inmigrantes”.

México, segunda opción

Para algunos de los centroamericanos, México se ha convertido en su segunda opción dado que han recibido apoyo,  aunque también abusos: “Te das cuenta que el mexicano común está dispuesto a ayudarte porque he encontrado mucha gente buena que te dan de comer, te apoyan para que sigas adelante; pero ese es el típico mexicano, porque hay mucho crimen también”, dice José Luis Romero.

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Mauricio Gutierrez

Ante los peligros que le ha tocado enfrentar, el hondureño Franco José Moncada Mejía, ha decidido buscar la regularización en nuestro país: “Yo he trabajado mucho en México en muchos estados, conozco desde Quintana Roo hasta por Tijuana, desde Tamaulipas hasta Oaxaca, Tapachula, Chiapas. Mucha gente no me ha pagado, otros sí se han portado muy bien; yo no puedo juzgar a los mexicanos por un mexicano. Yo les diría igual que no nos juzguen a nosotros, a todos, por un migrante. Deberían primero conocer la persona y no juzgarlo porque alguno le hizo algo. Hay gente muy buena aquí en México que me ha ayudado, que me ha dado oportunidad de trabajar, que me ha servido y que tienen gran corazón… No tengo documentos pero trabajo duro, trabajo muy bien y creo que eso de los documentos es algo que se lo inventaron la gente”.

Pedro Cruz Sánchez, guatemalteco, opina que la forma de resolver el problema es que los migrantes tengan oportunidades de trabajo en sus propios países: “Que se generen acciones positivas para nosotros los migrantes, por ejemplo generar trabajo para nosotros, que nos ayuden”.

 

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