MARÍA DE GUADALUPE TESTIGO DEL COMPROMISO DE MISERICORDIA QUE DEBEMOS ADQUIRIR

Homilía de Fray Raúl Vera, O.P., Obispo de Saltillo,

pronunciada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe

con motivo de la Peregrinación Anual de la Diócesis de Saltillo

México, D.F., el 13 de julio de 2016

Queridas hermanas, queridos hermanos:

El Papa Francisco nos pregunta si “reconocemos, en serio, que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad…, o cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza… Si somos capaces de reconocer que esas realidades destructoras responden a un sistema que se ha hecho global… O si reconocemos que ese sistema ha impuesto la lógica de las ganancias a cualquier costo sin pensar en la exclusión social o la destrucción de la naturaleza” pues reconocerlo es necesitar y querer un cambio.

El Santo Padre reflexionaba así hace un año en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia en el II Encuentro de Movimientos Populares al que también tuve la dicha de participar faltando a mi acompañamiento en esta Peregrinación Anual Diocesana. En ese momento el Papa decía que “cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y pone en riesgo ésta nuestra casa común, la hermana madre tierra”. Pero la solución, también dicho por el Papa, la tienen los pequeñitos como San Juan Diego: mujeres y hombres pepenadores, artesanos, vendedores ambulantes, trabajadores excluidos, campesinos, discriminados, marginados, explotados, pobres, el futuro y el cambio está en sus manos, con su participación y su organización.

La Buena Nueva de la Vida Digna

El mensaje de la Buena Noticia con el que nos recibe Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de Dios por quien se vive, en esta su casita querida, a quienes venimos en peregrinación desde la región de México que ocupa la Diócesis de Saltillo en el estado de Coahuila, es una palabra de vida en abundancia, de alegría, de esperanza y de libertad. En efecto, el texto bíblico de la primera lectura, tomado del libro del Sirácide, nos habla del sabor y las formas que adquiere la vida de quienes aceptan vivir conforme a la sabiduría contenida en el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

La liturgia de la Iglesia que pone este texto bíblico en la misa con la que se celebra a nuestra Santísima Madre, María de Guadalupe, quiere poner en la mente y el corazón de sus hijas e hijos, que ella vino al cerro del Tepeyac para apoyar la difusión de la Sabiduría que viene desde lo alto, a animar la vida de los pobladores de México y de toda América. La Virgen María quiere ayudarnos a entender la modalidad y estilo de vida personal y comunitaria que hace florecer en las naciones y pueblos de este Continente al amor hermoso, al temor, la ciencia y la santa esperanza. Porque aceptar el Evangelio nos evita la vergüenza del pecado que lleva a la muerte y nos abre el camino a una vida eterna (Cfr. Sir. 24,18.22).

Este florecimiento a una vida nueva, propiciado por la presencia de su Hijo Jesús en medio de nosotras y nosotros, aparece como un preludio en la transformación del ambiente que rodeaba el lugar de la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe en el Cerro del Tepayac, como nos lo describe el escrito contemporáneo de esos hechos, llamado Nicán Mopohua, texto escrito por un indígena náhuatl: “Llegado a su presencia –el escrito se refiere a la llegada de Juan Diego ante la Virgen María– se maravilló mucho de su sobrehumana grandeza: su vestidura era radiante como el sol; el risco en que se posaba, su planta flechado por los resplandores, semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbraba la tierra como el arco iris. Los mezquites, nopales y otras diferentes hierbecillas que allí se suelen dar, parecían de esmeralda; su follaje, finas turquesas; y sus ramas y espinas brillaban como el oro”.

Acción de gracias por la Vida en Cristo

Acoger el Evangelio de Jesucristo al que nos invita hoy la Virgen María, con el cambio profundo que eso provoca en nuestras vidas, tanto en lo personal como en su aspecto colectivo, nos impulsa a estallar en una acción de gracias llena de alegría, como la que canta el Salmo responsorial que hemos proclamado, y que acaba de entonar tan lindo la jovencita que lo cantó.

Que canten de alegría las naciones,

porque gobiernas a los pueblos con justicia

y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,

que todos los pueblos te den gracias!

La tierra ha dado su fruto:

El Señor, nuestro Dios, nos bendice.

Que Dios nos bendiga,

y lo teman todos los confines de la tierra (Sal. 66, 5-8).

Estamos aquí para aprender del Evangelio junto al corazón de María

María se hace portadora hoy del mensaje evangélico, como lo realizó hace poco menos de quinientos años desde el cerro del Tepeyac, a unos cuantos metros del sitio en que hoy está lo que orgullosamente nosotros llamamos la Insigne y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, y nos lo entrega nuevamente en este día que la visitamos como peregrinos de la Diócesis de Saltillo. Y para ello nos coloca ante el encuentro que tuvo ella con su parienta Isabel, en un pequeño poblado de las montañas de Judea.

Escudriñemos el pasaje de San Lucas que escuchamos también hace un momento, para llevarnos una enseñanza que nos permita vivir de modo más intenso nuestra condición de seguidoras y seguidores de Jesús, comunidad de sus discípulas y discípulos, que peregrina como Diócesis de Saltillo. María conoce de la voz del ángel que le comunicó de parte de Dios, que sería la madre de Jesús, que su parienta Isabel, a quien llamaban estéril, estaba desde hace seis meses esperando un hijo (Cfr. Lc. 1,36). Partió sin demora a la casa donde Isabel vivía con su esposo Zacarías (Cfr. Lc. 1,39-40), escondida porque tanto ella como Zacarías eran personas de avanzada edad, y sin duda, tenían temor del ridículo que para alguien pudiera significar la condición de ella, que fue estéril toda su vida, a lo que se agregara también la situación de su edad.

María estaba en una situación no menos difícil, esperaba un hijo, que venía del Espíritu Santo, viviendo ella todavía en la condición peculiar de las mujeres ya desposadas, pero que permanecían en su casa antes de ir a vivir con el varón con quien habían realizado el desposorio. Ella preguntó al Ángel Gabriel de manera muy concreta, cuando le anunció que sería madre de un hijo, que cómo podía darse eso si ella no conocía varón y permanecía virgen. El ángel le contestó que el poder del Espíritu Santo la cubriría con su sombra y por ello el niño se llamaría Hijo del Altísimo, sería heredero del Reino eterno prometido a David su padre, y también sería llamado Hijo de Dios (Cfr. Lc. 1,31-35).

Todo esto sucedió como lo anunció Gabriel el Ángel. El Hijo de Dios iba encarnándose en su seno, como lo expresó Isabel ante María cuando le dijo “¿De donde acá que la madre de mi Señor venga a verme?” (Lc. 1,43). Más tarde, cuando José su esposo notó que María estaba esperando un hijo, como hombre justo que era, dice el Evangelio que decidió abandonarla en secreto. Cuando lo estaba pensando hacer, el ángel del Señor le avisó en sueños que la recibiera en su casa, porque lo engendrado en ella venía del Espíritu Santo y, sin reservas, José la recibió en su casa (Cfr. Mt. 1,18-21). Pero en el momento en que María estaba en la casa de Isabel, para ayudarle en su embarazo, sabía perfectamente que sobre ella pendía la pena de muerte, pues la Ley de Israel ordenaba la muerte por lapidación contra la mujer que, estando ya desposada con un hombre y sin haber llegado a una relación entre ambos, resultara embarazada.

Dos mujeres que habían sido elegidas por Dios para misiones extraordinarias, el hijo de Isabel iba a ser Juan el Bautista, precursor del Mesías, y el hijo de María era Jesús, el Mesías, el Salvador, no solamente del pueblo hebreo, sino de todas las mujeres y los hombres del mundo entero. Y esto se da en medio de la condición que ambas viven, que las convertía en personas estigmatizadas desde los criterios sociales y religiosos de su tiempo. Una estéril mientras pasó por la edad de la mujer núbil, considerado esto, en la mentalidad judía, como una maldición de parte de Dios. Por su lado, María estaba bajo el riesgo de ser tratada como una mujer adúltera en ese momento.

Sin una intervención extraordinaria de Dios ante José, el hombre justo que recibió a María en su casa y le dio el reconocimiento legal como hijo suyo al hijo de María, ante la institución religiosa y la institución civil de su tiempo, hubiera sido imposible que se comprendiera la personalidad de aquel niño y la integridad de María de parte de una sociedad clasista como era la del imperio romano, y de una sociedad excluyente y condenatoria, como era la sociedad religiosa judía. Tanto Isabel como María formaban parte del extracto más humilde del pueblo, una, esposa de un sacerdote que tenía trabajo prácticamente una semana al año en el Templo de Jerusalén, y otra, esposa de un carpintero. Para describir esto son muy elocuentes las palabras de María en el cántico que entonó en esa ocasión: “Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su esclava” (Lc. 1,46-48).

Hermanas y hermanos, la enseñanza que nos llevamos en el corazón, al escuchar junto a María de Guadalupe el Evangelio de Jesús su Hijo, es que Dios elige de modo muy especial a las pequeñas y los pequeños, para asociarles a la obra salvadora de su Hijo. Quienes estamos este día frente a ella, contemplando la imagen plasmada milagrosamente en la tilma de San Juan Diego, el Evangelio que hemos meditado nos trae a la memoria la elección que hizo la Virgen María del pequeñito Juan Dieguito, para encomendarle la titánica tarea de incorporar a los habitantes de estas tierras americanas, a la obra salvífica de su Hijo que estaba en sus comienzos en ese momento.

Regresemos fortalecidos a propagar la luz del Evangelio

Hoy entendemos de manera más profunda que todas y todos, no solamente quienes estamos en esta Basílica, los habitantes de las tierras norteñas que formamos parte de la Diócesis de Saltillo, cuya fundación ciento veinticinco años hace, hemos celebrado recientemente, somos llamadas y llamados, sin excepción alguna, a colaborar en la obra redentora que Jesús está realizando hoy en medio de nosotras y nosotros, en estos momentos de la historia humana. Aún en medio de tinieblas que arrojan sobre nosotros: la violencia, la corrupción, el hambre, la enfermedad, la desocupación, la desaparición forzada, etc., Dios quiere, por nuestro medio, hacer brillar la luz del Evangelio ahí, donde se intenta instalar como modo de vida el horror y la deshumanización.

Ese era el panorama para los habitantes originarios de estas tierras, cuando San Juan Diego aceptó ser el mensajero de la paz en donde por todas partes se organizaba una guerra contra ellos, y habló de los tiempos de la conquista; aceptó ser mensajero de la vida, ahí donde se imponía la dinámica de la muerte; mensajero de la dignidad humana y la justicia, ahí en donde se abatía la esclavitud y la violación a los derechos más fundamentales de los pobladores de México y de América.

En el cántico entonado por María en la casa de Isabel, ella proclamó: “En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!” (Lc. 1,48b-49). El saludo del Ángel Gabriel a María en Nazaret da la pauta para entender profundamente estas palabras de María. El Ángel la llamó “Llena de Gracia” y añadió “El Señor está contigo” (Cfr. Lc. 1,28). La Iglesia proclamó como un dogma de fe que María fue concebida en el seno de su madre libre de la mancha del pecado, por eso la llamamos la Inmaculada Concepción, es decir, era llena toda ella del Espíritu Santo desde el seno de su madre, al momento mismo de su concepción.

En efecto, grandes cosas ha realizado en ella el que es Todopoderoso cuyo nombre es Santo. San Pablo, en la lectura que ahora escuchamos, después de comentar que Jesús nuestro salvador, al llegar la plenitud de los tiempos, es decir, el momento decidido por Dios, envío a su Hijo al mundo, nacido de una mujer, para liberarnos de la esclavitud a la que nos tenía sometidos el pecado, y ya liberados, somos ahora hijos adoptivos de Dios (Cfr. Gal. 4,4-5). La prueba de que ésta es nuestra condición, añade el apóstol, es que Dios mismo envió a nosotros el Espíritu de su Hijo, que nos permite llamar Padre a Dios, porque ya no somos esclavos, sino hijos, herederos de la misma gloria de Cristo (Cfr. Gal.4,6-7), gloria que no solamente gozaremos cuando alcancemos la plenitud de ella en la resurrección de los justos, sino que ya desde ahora el Espíritu de Dios anima nuestra alma con una vida eterna.

Si bien es cierto que con nuestro cuerpo mortal pasaremos por la muerte, nuestro espíritu tiene vida por el Espíritu que hemos recibido. Y si el Espíritu que resucitó a Cristo del sepulcro habita en nosotros, ese mismo Espíritu nos resucitará también a nosotros el último día, para reunirnos con Él en su condición gloriosa y reinar junto a él por toda la eternidad, con nuestro cuerpo y nuestra alma glorificados (Cfr. Rm. 8,10-11; 1Jn.3,2).

Vayamos a ver la realidad que nos interpela a los discípulos de Guadalupe

Tu expresaste claramente a San Juan Diego el motivo por el que deseabas vivamente que se te construyera una casita aquí en el Tepeyac, porque aquí querías mostrar y dar todo tu amor, compasión, auxilio y defensa pues, le expresaste, que tú eres nuestra piadosa madre, que tomabas bajo tu cuidado a él, Juan Diego, y a todos juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores tuyos que te invocaran y en ti confiaran; que deseabas oír aquí nuestros lamentos, y estabas dispuesta a remediar todas nuestras miserias, penas y dolores. Pues ahora, madrecita linda, permítenos expresarte las cosas que nos preocupan y las que nos hacen sufrir y, también, por qué no, nuestros propósitos aún cuando sean débiles, para que con tu ayuda los podamos sacar adelante.

Formación, un reto de nuestra vida social

En cuanto a la formación en nuestra Diócesis y a partir de la incorporación de nuestro Seminario a la Secretaría de Educación Pública, tenemos la oportunidad de enriquecer ideas y experiencias entre quienes se forman para ser sacerdotes y la participación de personas laicas que se inscriben en las disciplinas filosóficas y teológicas, y delas que se puede obtener un grado educativo con valor civil. Este último año hubo incluso cuatro ordenaciones sacerdotales y cuatro diaconales que diversas pastorales y en diferentes vicarías realizan sus servicios. Ponemos a los pies de la Virgen de Guadalupe éstas y las futuras vocaciones, así como a quienes integramos el Orden Sacerdotal, para que ella nos ilumine a seguir escuchando a nuestro pueblo más humilde y no ser nunca indiferentes ante sus necesidades; para que sepamos acompañar su vida y luchar con ellas y ellos hombro con hombro. Si el pueblo sale a las calles a exigir derechos, que no les veamos de lejos desde nuestras comodidades como la élite eclesial que pretendemos ser. Y para quienes forman parte del Pueblo de Dios, que el Espíritu les llene de fortaleza para que sin temor y sin descanso, realicen actos de misericordia desde el corazón hasta las víctimas que estamos multiplicando, en las distintas situaciones que estamos creando en nuestro país.

Migración

Las y los migrantes, los refugiados y las personas desplazadas, siguen siendo parte del drama que vive nuestro México, que debe atender nuestra Diócesis, y que nos hace solicitar a las autoridades su interés y aumentar su capacidad para dar una respuesta humana a este fenómeno. El setenta por ciento de las seis mil personas atendidas en un año en la Casa del Migrante Saltillo, son desplazados por la violencia. Honduras y El Salvador están viviendo una crisis en materia de seguridad; ya no sólo salen forzados por el hambre de sus países, sino porque están siendo asesinados por bandas criminales y buscan entrar con desesperación a los Estados Unidos. Con excusa de las políticas migratorias de nuestro país, se detiene con ferocidad a los migrantes en el sur de México, de manera masiva, y las estaciones migratorias les conserva en encierro y en total hacinamiento. Las políticas del Instituto Nacional de Migración (INM) para “retornos voluntarios” impide entrevistas adecuadas para quienes requieren protección internacional, y los grupos más vulnerables dentro del areópago de migrantes y refugiados, siguen siendo las niñas, niños, adolescentes, mujeres e integrantes del colectivo LGBT (lésbico, gay, bisexual, transexual). Los últimos días la desesperación ha provocado tres suicidios de migrantes en nuestras comunidades.

Otro reto: la minería y los energéticos

La Organización Familia Pasta de Conchos que trabaja por la vida, defiende la tierra, denuncia las corruptelas del carbón y los malos tratos en las minas, y que sigue exigiendo el rescate de los cuerpos de sus familiares, contabiliza este último año un noventa y siete por ciento de muertes menos, lo que implica un ambiente de esperanza ante la resistencia de tantas décadas. Buscan una visión de respeto a los derechos humanos y respeto de áreas públicas y parques para que las y los niños jueguen, y no sólo se respire carbón, muerte y destrucción de casas habitación en las que buscan ilegalmente carbón, o con tajos que violan el MIA (Manifiesto de Impacto Ambiental). Se está evidenciando que los mismos políticos, ex gobernadores, alcaldes, regidores y diputados de Coahuila, son quienes tienen los negocios del carbón. Es la región carbonífera, las minas y las áreas con yacimientos de hidrocarburos de Coahuila donde se experimenta el deterioro de la sociedad, a partir de la reforma energética que pretende aplicarse en el país, por lo que pedimos la intervención honesta y eficaz de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente para evitar el peligro al que exponen a la gente los empresarios voraces tanto del carbón como de los hidrocarburos, incluyendo el gas shale.

 Excluidos

Nuestro plan pastoral pide ir a donde están las personas excluidas, incluyendo quienes viven en la periferia, en casas con techos de lámina, las que viven en rancherías, los campesinos que resisten ante la falta de lluvias y a quienes se les condiciona subsidios, a quienes hemos maltratado y abandonado, pero también debemos considerar a aquellas personas a quienes llamamos de capacidades diferentes o discapacidades, y no sólo para recibirles en sus sillas de ruedas a quienes las requieren para desplazarse, sino para las personas sordo-mudas, y hablo de la realidad de nuestra Diócesis. Para este grupo la inclusión de la que se habla no es la adecuada, pues no pueden tener acceso a derechos cuando no pueden adquirir conocimientos, y a estos no tienen entrada si los maestros no están capacitados para transmitir enseñanzas en el lenguaje accesible a ellas. La Lengua de Señas Mexicana (LSM) está reconocida como idioma y aún en las escuelas CAM (Centro de Atención Múltiple) a donde se incorpora cualquier discapacitado, no se avanza porque el maestro no habla el lenguaje de señas. No bastan tampoco los implantes auditivos, pues las familias de escasos recursos no podrán pagar las costosas terapias post-operatorias que se necesitan. Lo que este grupo exige y lucha por ello es llegar a tener educación bilingüe. Es urgente que nos sumemos a sus peticiones

Privados de libertad

Nuestros hermanos presos siguen siendo una deuda permanente, las instituciones internacionales de Derechos Humanos han denunciado al Gobierno Mexicano la tortura sistemática a las personas internadas en Ceresos y Ceferesos de este país. Los internos en Coahuila o de Coahuila en otras prisiones no son excepción a este maltrato. Son tratados como personas que viven en un Estado de Excepción. Quienes llegan a las celdas de castigo “laqueados” en las llamadas hieleras o calabozos, dejan de tener acceso a la tienda, y no pueden tener jabón, papel higiénico o shampoo, escasamente tendrán alimentación y no tienen salida al patio o a algún lugar en que se vea la luz solar. Existe obstrucción al debido proceso, las autoridades de justicia entorpecen el camino, impiden declaraciones tanto de detenidos como de testigos; si se trata de elementos federales involucrados, los oficios necesarios van por aquí y por allá en toda la República para localizar implicados que nunca aparecen. Las visitas de los familiares se cancelan de manera arbitraria, sobre todo si la familia apoya en el proceso de defensa y las autoridades de los penales no dan explicaciones de privación de derechos, internos en áreas de castigo, o traslados injustificados que no respetan incluso recursos de amparo. Las quejas de violaciones de parte de presos se responden con mayor represión, castigo y tortura; los familiares deben saber que uniéndose y levantando la voz en conjunto podemos intervenir para hacer visibles sus sufrimientos y las injusticias hacia nuestras hermanas y hermanos que cumplen condenas.

Desapariciones

A lo largo del territorio mexicano las desapariciones, como la impunidad, son generalizadas y sistemáticas, muchos de los casos podrían calificarse como desapariciones forzadas. El número de víctimas hoy es de veintiocho mil ciento ochenta y nueve personas, de las cuales novecientos cuarenta y dos son mujeres, sub-registro, como dicen, pues la cifra podría llegar a los trescientos mil, considerando que la población tiene miedo y desconfianza de las instituciones de procuración de justicia, y que no hay acceso a recursos que permitan la denuncia de personas migrantes o de otras nacionalidades. Ante este panorama encontramos el signo profético de las mujeres organizadas para buscar a sus familiares desaparecidos hasta encontrarles en FUUNDEC-FUNDEM (Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos Coahuila, o México, que incluye las regiones) en algunas ocasiones también acompañadas por varones solidarios. Junto a ellas instamos a las autoridades para que la Ley General de Desapariciones considere un Plan Nacional de Búsqueda que exija de los Estados capacidad para buscar y encontrar personas con vida, asumiendo su responsabilidad en las investigaciones, agregando que una ley que no incluya las propuestas de los familiares, será una ley ilegítima que abonará mayor impunidad.

Defender la Hermana Madre Tierra

Campesinas y campesinos que arriesgan sus jornadas laborales por manifestar su descontento y exigir su derecho a la justicia, al diálogo y a una tierra sana para seguir manteniendo a su familia, recibiendo formación y haciendo red con organizaciones regionales y nacionales que les permiten empoderarse y ser sujetos de la historia que pretende hacerles a un lado, son quienes nos muestran el rostro de la lucha por la vida, el territorio y el agua, especialmente en municipios de General Cepeda y Parras de la Fuente. Unos se unieron ante la privatización y robo del agua, otros para impedir la instalación de un basurero de desechos tóxicos o CIMARI (Centro Integral de Manejo de Residuos Industriales) en terrenos aledaños a los ejidos en donde viven.

Para las campesinas y los campesinos de General Cepeda la lucha ha sido muy dura, en medio de amenazas, engaños y calumnias. Sin embargo esa situación les ha ayudado también a conocerse más, por medio de una convivencia más estrecha entre ellas y ellos. La lucha contra el establecimiento que pretende hacerse de un CIMARI en medio de la tierra y del agua que les sustenta la vida, les ha impulsado a crecer, a tener dominio de sí y a ser más sensibles por la protección de la vida de todas y todos.

Han aprendido a valorar la fuerza que les proporciona la unidad y solidaridad entre ellas y ellos. Han valorado el papel que juegan y la importancia que tiene para un amplio sector social, el que ellas y ellos se han convertido en guardianes y protectores de la tierra. Se han descubierto a sí mismas y a sí mismos como defensores en movimiento del hábitat y de la vida del planeta, en esa porción que les toca custodiar, pero también como centinelas que van despertando conciencias por medio de sus caminatas y manifestaciones, pasando por entre los ejidos y las calles de las ciudades.

Educación

Maestros y trabajadores de la educación en Coahuila activos y pensionados defienden su derecho al servicio médico, al sistema de pensiones, al acceso a medicamentos. A nivel nacional un crecido número de maestras y maestros agrupadas y agrupados en la CNTE (Coordinadora Nacional de la Educación), luchan contra una mal llamada Reforma Educativa a través de la que se pretende imponer la Ley General del Servicio Profesional Docente, a través de la que se anulan los derechos humanos de los trabajadores de la educación a nivel federal, estatal, de la Ciudad de México, municipal y de servicios descentralizados. Por medio de esa ley se derogan todos sus derechos adquiridos por los maestros y se les despoja de la calidad de trabajadores, porque pasan a ser sujetos administrativos de la actividad docente. Los derechos al ingreso, la promoción, al reconocimiento y a la permanencia en el empleo, son ahora según la nueva ley, condiciones administrativas, dejan de ser derechos laborales.

Esos cuatro derechos dejan de ser materia de Condiciones Generales de Trabajo, y de Contrato Colectivo de Trabajo. Sustituye al trabajo docente, basado en derechos laborales, por el Servicio Profesional Docente sujeto a procedimientos unilaterales administrativos. Enfrenta al maestro como sujeto administrativo aislado a la estructura estatal, porque sustituye los tribunales laborales, por tribunales administrativos.

Esto sólo es un pálido esbozo de cómo se tritura al maestro en su personalidad de trabajador, violando la Ley Federal del Trabajo contenida en la Constitución Mexicana, y todos los acuerdos internacionales firmados por México en lo que se refiere al respeto de los derechos humanos de las y los trabajadores.

Después de este recorrido nos llevamos la alegría y la fuerza que Dios da a sus pequeños

El fundamento del triunfo de las pequeñas y los pequeños sobre el poder del mal, que de muchas maneras quiere destruir a la humanidad a través de su historia, es la presencia del poder de Dios en ellas y ellos, con la fuerza del Espíritu Santo que los mueve y les anima. Dios inició el rescate del mundo con la ayuda de María y de Isabel. Lo mismo hizo en México y América por medio de Juan Diego, a quien María invitó en el Tepeyac a iniciar junto a ella la epopeya de la evangelización en estas tierras. La obra evangelizadora que él inició lleva casi cinco siglos trabajando para rescatar este país y este Continente. No le podemos fallar a Cristo y a María en este momento que nos toca ser protagonistas de la historia de la humanidad, a comienzos del tercer milenio, pues llevamos el poder del Espíritu de Dios en nuestro espíritu.

Repitamos junto al Santo Padre que nos motiva a acompañar a las víctimas y desde ellas y ellos caminar como el Señor Jesús lo haría, y a los pies de la Virgen Morena nuestra Madre Santísima de Guadalupe, quien quiere la libertad y dignidad de sus hijos, digamos desde el corazón: “ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, ninguna persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”, palabras del Papa Francisco para todos los que formamos el mundo de hoy. Que este año de la Misericordia, este CXXV Aniversario de la Diócesis de Saltillo nos confirmen hacia el verdadero compromiso con nuestras hermanas y hermanos que más nos necesitan.

 

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