Felicidades Monseñor Villalobos

Brenda Delabra /Reportero/ brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

Celebramos 45 años de su ordenación Episcopal y el cariño que nos ha dado a los saltillenses

Momento de su nombramiento como Obispo de Saltillo

Momento de su nombramiento como Obispo de Saltillo

Hablar de Monseñor Francisco Raúl Villalobos Padilla, Obispo Emérito de nuestra Diócesis, es reconocer la historia pastoral en Coahuila, es adentrarnos en la figura de un hombre institución arropado durante 45 años de su servicio Episcopal por la feligresía.

Nació el 1 de febrero de 1921 en Guadalajara, Jalisco, su ordenación sacerdotal fue el 2 de abril de 1949 en Roma, desarrolló su ministerio en el Seminario de Guadalajara, donde fue Rector. El 3 de mayo de 1971 recibió el nombramiento de Obispo Auxiliar de Saltillo, por parte de Su Santidad Pablo VI.

Noticia que alegró a la feligresía saltillense por recibir a un nuevo siervo, el Excelentísimo Señor Don Francisco Raúl Villalobos Padilla, tuvo su Ordenación Episcopal el 3 de agosto de 1971, de manos de Monseñor Luis Guízar Barragán, Dr. D. José Salazar, Arzobispo de Guadalajara, Dr. D. José Esaúl Robles, Obispo de Tulancigo, Dr. D. Manuel Talamás, Obispo de Ciudad Juárez y Dr. Alfredo Torres, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México.

Este momento perdura en la memoria de la señorita Irene Cepeda de la Peña, quien perteneció al grupo de catequesis de la Catedral en esa época.

“Recuerdo perfectamente bien, en su consagración la Catedral estaba en remodelación, entonces los equipos de pastoral que había trabajamos para arreglar, acomodar, adecuar para la ceremonia”, comentó.

Su hermana la señorita Ana María Cepeda de la Peña también atesora el momento, “Lo que recuerdo y es una cosa curiosa, en aquel entonces un niño, ahora papá de cinco niños dijo: ‘Hay mamá ojala y que éste si nos dure siquiera unos 100 años’, porque asistió con sus papás al funeral de monseñor Guízar y entonces fue el deseo del niño, estábamos en la cel
ebración de la consagración”.

El carisma de Monseñor Villalobos fue y sigue siendo un aliado en su plan de pastoral al llegar a una diócesis tradicionalista, que comprendía mayor número de  municipios a los que hoy conforman la Diócesis, a los que llegó por todos los medios a implementar el Concilio Vaticano II, en una nueva forma de vivir el catolicismo, de oficiar la misa del latín al español, de involucrar más a la feligresía.

Primera imagen como Obispo de Saltillo

Primera imagen como Obispo de Saltillo

A él le tocó en realidad el cambio del  Concilio Vaticano II, eso fue en el ‘62, él vino en el ‘71, entonces para ese tipo de cambios era reciente y prácticamente le tocó hacer el cambio en la vida real de actividad, le tocó el cambio total porque la celebración era de espaldas, teníamos que ayunar para comulgar. Un cambio muy duro que muchas personas quizá no aceptaban fácilmente y él lo pudo llevar de una manera tersa y sin conflicto en el aspecto espiritual para las personas, fue mucho cambio y él lo hizo”, recuerda Irene Cepeda.

Dentro del anecdotario Ana María Cepeda de la Peña, recuerda que la llegada de don Francisco Villalobos Padilla causó un gran revuelo entre la sociedad saltillense, tanto que llegaron a lucrar con su nombre.
“Llegó un hombre muy nice a la Suiza, y le pidió a la señora De Nigris que le mostrara unos relojes porque le iba a regalar uno al señor Obispo, ella no era confiada pero el hombre la convenció y le dijo: ‘présteme estos relojes se los voy a llevar para que él lo escoja’, y jamás volvió”.

Su trabajo presbiteral, en el obispado y como pastor de la iglesia, puede ser resumido en fechas históricas pero la riqueza de las experiencias vividas con él  son el testimonio más grande de su apostolado.

“Yo fui de los privilegiados de asistir a misa de una que celebraba todos los domingos, durante mi infancia, él siempre decía: ‘Dejad que todos los niños vengan a mí’, en aquel entonces él podía cargarnos y acomodarnos en el altar, rezábamos el Padre Nuestro y si nos despistábamos nos daba un coscorrón episcopal, ‘pon atención chamaco’. Al final antes de darnos la paz nos agarraba el mentón y él le llamaba calaveritas, todos los chavillos de aquel entonces queríamos calaveritas. Tengo muchos amigos y primos que nos encantaba estar en la misa con él por esos
detalles”, recuerda Edgar Alberto Pinales Cárdenas, sacristán de la  Catedral desde 1996.

Un pastor humilde y adaptado a los medios para llevar el Evangelio

Un pastor humilde y adaptado a los medios para llevar el Evangelio

Participar en las celebraciones eucarísticas de Monseñor Villalobos siempre fue un deleite para Edgar Pinales, quien fue acólito en San Francisco de Asís de 1992 a 1995, donde tuvo la oportunidad de servir a nuestro Obispo Emérito Francisco Villalobos, experiencia que marcó un parte aguas en su vida.

“Cada vez que el señor Villalobos iba a oficiar misa yo siempre le quería ayudar y él siempre me lo permitía, a partir de ahí desde mi visión de niño le empecé a agarrar un afecto, me empezó a identificar y sabes que de niño basta una palabra para que te sientas grandísimo”.

La admiración por la figura de don Francisco Villalobos se fue acrecentando, y por ello el pulir cada uno de los movimientos como acólito fue una tarea fácil para Edgar Pinales, que tiene un profundo agradecimiento y admiración por nuestro Obispo Emérito y para quien ha trabajado durante más de 20 años.

“Siempre me he dicho que gran parte de mi labor aquí en la Catedral ha sido por él, para mí el señor Villalobos es un ejemplo de santidad, es una persona que con todo y sus 95 años no pierde sus cualidades de auténtico pastor, una persona que sabe escuchar pero sobre todo aconsejar, siempre estar ahí”.
Monseñor Villalobos, logró captar la atención de los saltillenses con la sencillez, alegría y humildad que lo caracterizan, pues dedicó su vida pastoral a todos los sectores, siendo los niños los que hacían sus domingos divertidos, cuando acudía a la paletería ubicada en los arcos de la Plaza de Armas, donde la dueña le decía: ‘Quiere una paleta, yo le regaló la que quiera’, y él andando de paseo por la explanada, encontraba a los chiquillos en los 80’s y los invitaba a comer una paleta, invitada por la dueña del negocio.

Siempre reflexivo para dar un buen consejo a los feligreses

Siempre reflexivo para dar un buen consejo a los feligreses

Anécdotas sobre los 45 años de servicio en la Diócesis de Saltillo hay miles, tanto de su ministerio, como de sus amigos, feligreses y todo aquel que se acerca a saludarlo sin hacer distinción.

El jaliciense de nacimiento y saltillense por adopción, conserva el celo por sus recuerdos al ser un pastor al que no le gus
tan los reconocimientos, pero goza del saludo, los aplausos y la admiración que los saltillenses le brindamos en cada oportunidad, a la cual responde siempre con su sincera y tierna sonrisa.

Siempre amable, don Francisco Villalobos nos sigue enseñando con su ejemplo, al oficiar en el Novenario del Santo Cristo la misa de las 12:30 horas, que no hay que rendirnos, sino agradecer con alegría la bendición de vivir un nuevo día, por eso nos congratulamos en celebrar en el marco del 125 Aniversario de la Diócesis de Saltillo sus 45 años de Episcopado.

Aniversario Episcopal 45 Mons. Francisco Villalobos

 

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