Discernir para superar el dolor

 

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

21 de noviembre de 2019

Saltillo, Coahuila

Bajo la espiritualidad de San Ignacio de Loyola

En ocasiones se cree que se tiene una buena relación con Dios, pero hay una tapia de hierro. Fotografía: Brenda Delabra

Casa Loyola cerró el ciclo de actividades y conferencias del año 2019 con la conferencia “Sentido cristiano del dolor y la muerte” impartida por el padre Jorge Ochoa SJ en el templo de San Juan Nepomuceno.

El padre Sergio Ochoa, en la introducción dejó claro que no hablaría en el aspecto de la tanatología, sino bajo la espiritualidad de San Ignacio de Loyola y la imagen de la cruz, al ser Jesús crucificado el modelo que las y los cristianos seguimos en la vida. Contemplar a Jesucristo en un momento de soledad, reflexionar sobre su pasión y muerte, lleva a entender el dolor que se vive por una situación o enfermedad de manera que la solución a cómo vivir esa cruz llega con la acción menos esperada.

 “Cuando hablamos de la cruz nos referimos a situaciones que vienen de una dificultad, de cansancio… Cuando hablamos de cruces y lo hacemos en la vida diaria nos referimos a muchas situaciones que vienen por el hecho de estar vivo”, comentó el sacerdote Jesuita que enlista las cruces como:  El hecho de estar vivos, cruces que vienen por tratar de actuar bien y cruces que vienen por no actuar bien.

Como no vivir la cruz

  1. Negar que hay cruz. La persona aparenta que todo está bien, pero su persona y su rostro es desencajado. Toma la actitud de no quejarse, lo que genera evadir la cruz, la no aceptación de que estoy golpeado por la vida, sentir que algo murió por dentro, tristeza, indignación, enojo y quedarse callado. Es peor fingir que no está pasando. Quedarse callado es hacerse daño a uno mismo.
  2. Huir o evadir la situación. Buscar actividades, juegos, escapes como el alcohol u otras sustancias por el miedo de estar a solas. “No lo niego, pero tampoco lo enfrento. Le echamos todo a Dios, hay situaciones de cruz que necesitamos enfrentar, pero decimos esto es voluntad de Dios y como es voluntad de Dios pues me agacho y que me apaleen”, comentó el padre Jorge Ochoa.
  3. Matar a Dios. El dolor que la persona siente y nunca lo externa ante Jesucristo, no se tiene la capacidad de decir: “Señor me siento mal, llorar ante Él, aceptar mi fragilidad. Cuando no hago eso se crea un resentimiento, eso que no ha sido expresado ante Dios y ante los demás puede matar mi relación con Dios”.
  4. Estamos acostumbrados a preguntar a Dios ¿por qué? ¿por qué se fue? ¿por qué murió? ¿por qué pasó esto? La relación con Dios se trata con porqués esperando una respuesta, misma que si existiera no mitigaría el dolor. Se buscan culpables para no asumir la responsabilidad y evitar que cierta situación de cruz suceda de nuevo.
  5. Ponerse en el lugar del Mesías, es decir tomar cruces que no se pueden cargar porque en ocasiones se siente responsable, como: la situación del país, la vida de los hijos, la decisión de otra persona. “Y le digo a Jesús bájate porque yo estoy en la cruz”.
  6. Deshumanizar a desdivinizar a Jesús. “A veces le quitamos una de las dos, el problema es, si decimos que Jesús era más Dios que hombre podemos llegar a decir está en la cruz, pero ni sentía nada, pues era Dios. Entonces que va a saber del dolor, si llegó y le cuento no me va a entender, sentimos que habrá una distancia inmensa, abismal, Dios era hombre, era ser humano no era tan Dios como lo han idealizado, ese hombre que murió hace 2000 años y resucitó”.
  7. Reemplazar a Jesús. Se deja de considerar a Jesús como verdadero Dios.

Cómo si vivir la cruz

El orgullo, el resentimiento crean distancia entre la persona y Dios. Fotografía: Brenda Delabra

El libro de ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola ayuda a vivir la experiencia de ver a Jesucristo como un amigo. Un amigo que está en las buenas y en las malas e invita al ejercitante a vivir con Jesús desde su nacimiento, el trabajo en la carpintería, sus milagros, el bautizo en el río Jordán, su estancia en el desierto hasta su pasión y muerte.

“Desde la cruz Él me entiende y Él me conforta. El amor y la amistad con Dios y con Jesús en particular se puede hacer más fuerte. En lugar de un momento en lejanía es un momento que puedes hacer amistad con Él y no quiere decir que le digas gracias Señor por mis cruces, a lo mejor le dices hay Señor hasta enojado estoy contigo. También habrá momentos ríspidos con Jesús en la cruz, no todo va a ser bonito pero ese momento de dificultad en los ejercicios o la vida diaria de amistad”, comentó el padre Jorge Ochoa.

Al lograr esa amistad con Jesús se tendrá el sentido de ver a Jesús crucificado en las personas que sufren, los dolidos, las personas que mueren, es ahí cuando se podrán entender las cruces que viven los demás. Leer el Evangelio ayudará en el discernimiento, habrá momentos de confrontación, ponerse de cara al crucificado llevará a encontrar la respuesta que se está buscando. Insistir, escuchar, ser empáticos es parte de este ejercicio.

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