Continúa la congruencia Episcopal

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

XXIX  Aniversario Episcopal de uno de los más viejos obispos que sigue en funciones en el Episcopado Mexicano

Nuestros hermanos enfermos son una luz que nos hace reflexionar sobre la fortaleza

Conservar la esencia de su familia, vivir en la provincia y ver cómo sus padres se esforzaban para brindar una educación a sus hijos, fue algo que marcó la vida de José Raúl Vera López, quien en busca de un futuro promisorio eligió estudiar Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de México. Obtuvo el grado en 1968, año en el que la opresión del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, hizo que estudiantes se levantaran reclamando libertad, igualdad, y respeto para el pueblo de México. 

Como prestador de servicio social en el laboratorio de Ingeniería Química de la UNAM, Raúl Vera tuvo la oportunidad de vivir con los estudiantes del movimiento, conocer las opiniones de los grupos e incluso participar en las reuniones estudiantiles, esto fue un parteaguas en su vocación, pues fue ahí donde decidió ingresar a la Orden de Predicadores: “Llegué en ese momento a hacer mi servicio social, había terminado mis créditos en diciembre de 1967, pero había empezado a hacer mi servicio social, estaba como profesor de laboratorio de química. Llegué a las clases en la mañana y estaba toda la gente en el patio de la escuela, haciendo los mítines para ver cómo responder a la agresión que esa madrugada hicieron contra la Universidad… Me hice muy amigo de una compañera que se llamaba Graciela, que era comunista al máximo». En las filas de los comunistas, ella hizo un gran aprendizaje social, fue ella la que me dijo: «Raúl tenemos que ir a recorrer todas las facultades para ver cómo están hablando de esa manifestación que va a haber esta tarde». «Yo empecé con una escuela que para qué les cuento; fue interesantísimo recorrer todas las escuelas de humanidades, bien entronas”, contó Fray Raúl Vera a un grupo de estudiantes de la Facultad de Economía de la UAdeC en un aniversario más de la masacre del 2 de octubre de 1968.

Ver la desigualdad que iba marcando la vida en México, lo llevó a ingresar en noviembre de1968 en la Orden de Predicadores, a quienes se conoce como Frailes Dominicos, en la Provincia de México. Tras realizar estudios de filosofía en México y teología en Bolonia, Italia, fue ordenado sacerdote por el Papa Paulo VI, el 29 de junio de 1975. Se desempeñó como formador de los novicios en la Orden de Predicadores en la Casa de Agua Viva, tiempo en el que también realizó trabajo pastoral con universitarios y campesinos de 1977 a 1985. Su trabajo cercano con el pueblo es una de las cualidades que nuestro Obispo Raúl Vera ha desarrollado como sacerdote y mantenido vigente desde el 6 de enero de 1988 que fue ordenado Obispo por el Papa Juan Pablo II, quien el 20 noviembre de 1987 le nombrara como Obispo de Ciudad Altamirano, diócesis que abarcaba territorios de los estados de México, Michoacán y Guerrero.
“He sido Obispo en una diócesis desbaratada, hasta la camioneta estaba desbaratada, le puse la vaca porque se paraba donde encontraba pasto… En Altamirano se habían peleado con el Obispo, porque en Guerrero son de armas tomar; les quiero decir que hicimos un proyecto pastoral en el que todos fueron tomados en cuenta, fue hecho con la gente”, recordó Monseñor Vera en su participación en el Encuentro de EVAPs en Monclova del pasado 2016.

Respetando siempre las costumbres, las creencias abrir las puertas a comunidades indígenas es algo que siempre lo nutre

Llegar a un lugar donde la ideología, creencias y actos del pueblo no iban de la mano con la Iglesia, Vera López supo escuchar a los ciudadanos de Altamirano, donde logró reorganizar y pacificar al pueblo. Su personalidad guerrera, audaz para penetrar en los grupos marcados por las diferencias sociales, el abuso político, y el abandono de las comunidades, lo llevó a ser Obispo Coadjutor en San Cristóbal de las Casas, donde trabajó con Monseñor don Samuel Ruiz García a partir del 4 de octubre de 1995. En su ejercicio pastoral entre las y los indígenas, las enseñanzas fueron mayores, pues su prédica tenía que llegar hasta el último rincón de los pueblos, en mula o en burro recorrió los senderos para llegar a aquellos, los desprotegidos de educación, trabajo estable, una casa digna, donde las vías de comunicación eran simple y llanamente para ser transitadas a pie.

Su carrera eclesial está marcada por la defensa de los derechos humanos, la defensa del medio ambiente y de la tierra, ya que al trabajar con los pueblos indígenas y adentrarse en una realidad que los citadinos nos negamos a percibir más allá del legado cultural por herencia y tradición, es él quien a partir del 20 de marzo del año 2000 tomó la encomienda de dirigir la Diócesis de Saltillo.
En el inicio del nuevo milenio, un nuevo proyecto, Saltillo; una diócesis difícil de pastorear, extensa aún cuando hoy la conforman sólo 17 municipios que para recorrerlos, hay que manejar largas distancias, han exigido un gran tesón de Fray Raúl Vera. Él vislumbró la necesidad de crear un nuevo Plan Diocesano de Pastoral en el que laicos, sacerdotes, religiosas y religiosos, y población en general estuvieran incluidos, éste no consiste en dedicar el tiempo a rezos y celebraciones, sino en lograr que la sociedad tenga una vida integral bajo un esquema de justicia y de paz.

Durante los 16 años y 10 meses de su trabajo pastoral en nuestra diócesis, no ha dejado de enfatizar la tarea de los bautizados, arrastrando con el ejemplo de acercarse a los sectores con mayor necesidad en visitas pastorales como lo hizo en las ladrilleras ubicadas al poniente de Saltillo, ahí conoció a don Pedro miembro de segunda generación de oficio ladrillero, aunque ya está retirado, sus hijos siguen la tradición de fabricar diversos productos a base del barro. En la visita nuestro Obispo los invitó a formar una cooperativa para que la venta de sus productos se hiciera de manera directa, remunerada de manera justa y no malbaratada para la exportación a Estados Unidos, y se ofreció a brindar la ayuda necesaria, siempre y cuando ellos estén dispuestos a conformarla.
Un grupo muy cercano en el caminar de nuestro pastor, es Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos de Coahuila y también de México, ya que familiares de personas víctimas de desaparición forzada acuden a asesoría al Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, donde se les brinda asesoría y acompañamiento jurídico, psicológico, humano y espiritual, no obstante que no todas las familias son católicas.
Guadalupe Álvarez, busca a su hermano Jaime Álvarez quien hoy 6 de enero cumple cinco años como desaparecido, el iba hacia Estados Unidos donde reside, pero al llegar a Piedras Negras el 6 de enero de 2012, se perdió contacto con él. “Cuando sucede, ponemos la denuncia; nos dimos cuenta del FUNDEC por internet, nos acercamos, nos aceptaron y hasta ahorita ha sido mucho apoyo en lo moral, en lo jurídico, en lo espiritual, viendo que don Raúl nos da mucho apoyo y eso nos fortalece como familias, porque no toda la gente entiende y es lo que nosotros necesitamos, que alguien camine a la par y nos de ánimos de seguir hasta encontrarlos”.

Caminando a la par de su pueblo, en el campo, la ciudad, para celebrar o levantar la voz, Fray Raúl Vera no se detiene

“Ayuda mucho porque quiere decir que nos están tomando en cuenta, que ya están viviendo ese dolor que tenemos nosotros a la par, están sintiendo y siendo empáticos, algo que antes no se hacía y no se veía y andábamos solos, pero ahora ese apoyo de la Iglesia creo que es mucho mejor. En lo particular me alienta a seguir buscando no nada más a mi hermano sino a cada uno de los que faltan en las familias, me alienta a seguir orando y seguir pidiendo, y ponerlo siempre en las manos de Dios y de la Virgen María, porque sé que algún día nos van a hacer el milagro de encontrarlos a todos”, comentó.
Para la señora Guadalupe Cepeda quien busca a su hijo Raúl Ignacio Reyes Cepeda, desaparecido el 9 de abril de 2008, también en Piedras Negras, tanto ella como su esposo se han mantenido en la búsqueda por el apoyo recibido de la Diócesis: “Bendito Dios que el señor Obispo y el padre Pedro han estado muy cerca de nosotros y hemos tenido mucho respaldo por ellos, nuevamente vuelvo a repetir que sean todos los días y el obispo lo esté promoviendo en la Iglesia y nosotros también podamos ir a las iglesias a promoverlo. Mucha gente no sabe, está alejada, ellos no sienten lo que como madres pasamos, llevamos siete años en la búsqueda y no hemos encontrado absolutamente nada… Gracias porque nos están apoyando, porque realmente los del gobierno nos dan atole con el dedo”.
La atención a migrantes está dentro del Plan Diocesano de Pastoral, nuestros hermanos centroamericanos llegan a la Casa del Migrante de Saltillo a refugiarse, es un lugar donde además de comer, descansar, hablar por teléfono a sus familiares, se les brinda ayuda espiritual, asistencia médica, asesoría jurídica, además de trabajar con las casas del migrante en el noreste del país y de toda la República, la casa está en asociación con otras casas y organismos que buscan mejorar las condiciones de paso y estancia de los migrantes por nuestro país.
Dentro de las 25 Comisiones de la Diócesis de Saltillo en la que se encuentra al frente a Fray Raúl Vera, se apoya a niñas y niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, reclusos de los centros penitenciarios, migrantes, campesinos en resistencias y luchas, mujeres maltratadas, comunidades vulneradas, integrantes del colectivo lésbico-gay, pero el esfuerzo no ha sido suficiente, por ello las reuniones, encuentros y asambleas con miembros de nuestra iglesia continúan, porque la misión aún no se cumple.

Irrumpió la homilía para pedir la bendición, Monseñor Vera la puso como ejemplo para mostrar como fieles la misericordia de Dios

“El evangelio tiene que ver con las desapariciones forzadas, por eso como iglesia trabajamos con ello, con los familiares, el evangelio tiene que ver con los migrantes, la migración es resultado de una organización malévola del mundo, el Evangelio tiene que ver con el crimen organizado y con la corrupción con la que se organiza el crimen organizado con el gobierno, todo eso tiene que ver, si nosotros seguimos pensando en una iglesia encerradita es una Iglesia de templos… No vamos a hacer nada en el mundo, este mundo se nos está yendo de las manos. En este Plan Pastoral nosotros queremos acercarnos a todos, por eso pedimos que los párrocos empiecen a organizar procesos y no se queden solamente en hacer juntas con pequeños grupos o como administradores de sacramentos, sino que atiendan de manera global e integral a toda la población en la que ofrezcamos nuestros servicios. Ya no se trata de que hagamos cosas para llenar el día, sino de crear procesos en el que involucremos a todos, tenemos que llegar a empresarios, tenemos que llegar a obreros, jóvenes, familias, campesinos, pero en procesos, de manera que Dios reine en el mundo, en sus estructuras, en la construcción de todo la sociedad”.
Un Obispo con olor a oveja que ha desafiado situaciones, gobiernos, ha tenido diferencias con compañeros del clero. Lo han señalado como a ninguno por su labor pastoral, por defender los derechos humanos, por no callar y pedir a los laicos y al pueblo que se manifiesten por la justicia y el derecho; que reaccionen ante la violencia con la que se gobierna el país, la injusticia de los bajos salarios para los obreros, las reformas que van quitando los derechos a trabajadores, maestros, la educación que poco a poco se va arrebatando a las niñas y niños de México, y que a pesar de su carácter fuerte, cuando abraza, lo hace con el corazón sin importar la condición, religión o preferencia sexual de quien le pide un saludo o una bendición, porque la humildad de su persona al igual que su formación de Opción por los Pobres, son elementos que configuran su vocación.

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