Vida para el mundo

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

31 de mayo de 2018

Eucaristía fuente de amor, haz que tu pueblo vea por los pequeños

Ante Jesús Sacramentado. Foto: Brenda Delabra

El templo de San Juan Nepomuceno se vistió de blanco con las laicas y laicos que acudieron a la celebración solemne de Corpus Christi, en la que se invitó a ser comprometidos con los vulnerables, valientes y dejar de lado los miedos para resurgir en la construcción del reino de Dios.

A las 17:00 horas dio inicio la Santa Misa, presidida por nuestro Obispo Raúl Vera López, concelebraron el diácono permanente Juan Guzmán Castillo de la Diócesis de Nuevo Laredo, los padres Miguel Garza rector de San Juan Nepomuceno, Plácido Castro Zamora párroco de Catedral y su vicario Alonso Gaytán y Fray Carlos Hernández Covarrubias, rector de San Francisco de Asís.

“Cada día nos vamos transformando en otros cristos, debemos ofrecernos por los demás y eso nos debe llevar a perder el miedo que tenemos ante situaciones desdichadas que suceden en esta sociedad, ante situaciones que no se pueden aceptar ante Dios, situaciones de desigualdad, situaciones de salarios miserables, situaciones de gente que no tiene trabajo o gente que no tiene ningún servicio de salud. Todo eso lo debemos de tener en el corazón si es que estamos unidos a Cristo porque Él ama a todos sus hijos y Él nos va preguntar si nos ocupamos de los más insignificantes.

El Cuerpo de Cristo sigue sufriendo su pasión aquí, con los enfermos. Acabo de estar con una persona enferma que se da cuenta que en ese Hospital General famoso, no hay nada, absolutamente nada y eso se debe a la deuda que tiene aquí el estado y que un gobernador la prolongó del tamaño del mundo esos son los resultados, muerte y miseria, es lo que produce la deshonestidad de los funcionarios públicos, fíjense como votan”, dijo nuestro Obispo a la feligresía durante su homilía.

La importancia de tomar la Eucaristía debe transformar los pensamientos y acciones de quienes se alimentan del Cuerpo de Cristo quien tras su muerte vino a renovar la Alianza que nos da la vida eterna, pero para poder ganarla los cristianos deben forjar una vida donde todos cuenten con las posibilidades de una vida digna, que sus derechos sean respetados en educación, salud, condiciones de vida, de lo contrario el participar en el banquete del Señor y enfocarse a pedir para el bien individual y quedarse en el templo, hace que se pierda el sentido de la comunión que es a lo que las más de 300 personas fueron llamadas por nuestros pastores, quienes ante Jesús Sacramentado iniciaron la procesión saliendo de San Juan Nepomuceno, sobre una grúa acondicionada nuestro Obispo se mantuvo en oración frente al Santísimo, mientras los presbíteros de la vicaría Santo Cristo lo acompañaron a pie junto al pueblo de Dios que se mantuvo orando hasta llegar a la primera estación en el atrio de la Catedral, ahí se reflexionó sobre la Eucaristía como prenda de amor infinito que nos hace ver a Dios en quienes sufren.

Durante más de 7 kilómetros la feligresía participó en la procesión. Foto: Brenda Delabra

La procesión partió de nuevo por la calle de Hidalgo hasta llegar al templo Nuestra Señora de la Luz, el padre Mario Carrillo fue el encargado de hacer la traslación, ante las mujeres y niñas que ya esperaban junto a su rector Humberto Ortiz, en esta estación se pidió porque la presencia sacramental de Jesús nos hagan ser una Iglesia viva, reconciliada y solidaria. Por la calle de Corona y la prolongada subida de General Cepeda, el contingente al que se iban sumando más personas no dejaron de cantar, gritar porras a Cristo y aplaudir a quien se entregó por amor a la humanidad.

El calor no bajó el ánimo de familias completas que fueron testigos del amor y fe sobre las calles donde se colocaron altares para recibir al Santísimo, a su paso vecinas del centro de la ciudad sonaron sus campanas, hasta que en la rectoría de San Francisco de Asís entró la procesión, al paso del Cuerpo de Cristo las y los fieles que abarrotaron el templo aplaudieron efusivamente, la emotividad subió de tono al pedir por los pobres, los marginados, las personas mayores quienes necesitan de atención.

La recta final de la procesión fue por la calle de Juárez hasta su cruce con Victoria para llegar a la parroquia de San Esteban, las familias se concentraron alrededor de la Eucaristía, su oración fue para los enfermos, para quienes no pudieron acudir, en un acto solidario se suplicó porque el Pueblo de Dios tenga fuerza y valor para enfrentar con esperanza no sólo la enfermedad, sino el proceso electoral para que los futuros gobernantes vean por los ciudadanos, por formar estructuras de justicia y de paz.

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