Ven en enfermos la misión de servir y acompañar

Pastoral de la Comunicación

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18  de enero de 2019

Saltillo, Coahuila 

“Lo que hicieron por el más pequeño, lo hicieron conmigo”   

 

Doña Crucita recibe a las visitadoras desde hace más de cinco años. Fotografía: Brenda Delabra

Visitar a los enfermos es una misión que no cualquiera adopta en su vida, más allá de llevarles medicinas, pañales o algo que les haga falta, la Unión de Enfermos Misioneros da un acompañamiento y alegría a quienes les reciben en su hogar.

Este programa nació en 1995 en la Diócesis de Saltillo como parte de las Obras Misionales Pontificio Episcopales en México (OMPE), la doctora Ana Laura Marines es quien está al frente de esta labor que como explica es dar atención al enfermo. “Este programa nació porque la Iglesia abraza a todo el Pueblo de Dios, hay programas para trabajar con jóvenes, niños, adultos pero no estaba la rama para trabajar con los enfermos que no queremos dejar sin atender, es muy bonito e importante porque es la atención del enfermo para que él mismo sea el apóstol”.

En este apostolado se invita a enfermos crónicos o personas voluntarias que tengan la vocación por visitar a las y los enfermos, además se les da una preparación con cursos, lecturas, congresos, aunque la mayoría son mujeres hay hombres que “hablan con todo el corazón al enfermo, le dan una motivación muy buena y al enfermo le hacer recobrar esa dignidad de persona, de hijo de Dios”,  comenta la doctora Ana Laura Marines.

Doble apostolado

Las Siervas del Corazón de María actualmente son 14 y pertenecen a la parroquia Santa María, ubicada en la colonia Zapalinamé, cumplieron en septiembre pasado 38 años de fundación. Este grupo se ha sumado a la UEM visitando a mujeres y hombres que padecen enfermedades que no les permiten salir de sus domicilios.

Yolanda Serna coordinadora de este grupo recordó que desde la llegada del padre Francisco Xavier Rodríguez Trejo se les preparó con cursos de Biblia y evangelización, fueron enviadas a hospitales de la localidad, otras a visitar enfermos en domicilios.

“Dios nos ha mantenido pero es muy bonito, no se me hace pesado, es como una gracia de Dios pertenecer al grupo porque nos sentimos más cerca de Dios. Nos pasan cosas y problemas como a todas las personas pero como andamos en este ministerio Dios nos ayuda a salir adelante con nuestros enfermitos que visitamos, a veces les decimos que les encargamos una oración por alguna persona y es bien valiosa la oración de los enfermos”.

Dios obra a través de la oración de los enfermos

Don Daniel y doña Juanita se alegran con la visita. Fotografía: Brenda Delabra

Ellas cada lunes se reúnen en el domicilio de su coordinadora a las 16:30 horas hacen una oración y posteriormente se reparten las visitas a los enfermos, a cada pareja le toca ir a tres domicilios.

Una tarde acompañamos a Elvira Martínez Contreras quien tiene más de 20 años siendo visitadora, “Me he puesto del otro lado del enfermo, esas visitas son muy alentadoras para nosotros, los enfermos y mutuamente nos enriquecemos. Las visitadoras nos llevamos mucho más porque nos fortalece. Los vemos más contentos, muy sonrientes en medio de su enfermedad que ya no pueden salir que no caminan. Yo al llegar a casa mi esposo me dice ‘parece que vienes de una fiesta, te fuiste muy cansada y vienes muy sonriente’ y yo le digo: es que es un encuentro la verdad con Dios, un encuentro personal con Dios por medio del enfermo, yo lo siento”.

Para la señora Paula Tovar Ruíz dedicar el lunes a las visitas es algo que hace con gusto, “Les hacemos entender que no están aquí como enfermos sino que son misioneros de los enfermos de la UEM y que pertenecen a la parroquia y que ellos tienen un lugar muy importante en la vida, aunque estén enfermitos, a nosotros eso nos hace fuertes porque sabemos que estamos haciendo un apostolado que a Jesús le encantaba esto, él vino a darnos ejemplo”.

La oración del Espíritu Santo y las lecturas del libro “El amigo del enfermo es Jesús” son el apoyo de las visitadoras, quienes eligen según el estado de ánimo o de salud de quienes visitan, o bien si les piden rezar el Santo Rosario o solamente tener una plática, ellas respetan el tiempo de la visita de 30 minutos o más al dar acompañamiento a los familiares que los atienden.

 La señora de la mascada azul,

“Hago mucho hincapié en el familiar porque lleva una carga muy pesada de estar las 24 horas moviéndolo, bañándolo, atendiéndolo las 24 horas. Nos dedicamos aparte del enfermo a darle ánimo a todos, es una transformación poder llegar, compartir, dar una palabra, yo les he comentado a las compañeras que si llegas y agarras un libro y empiezas lee y lee y lee no, para mi es más importante el dialogo ¿qué siente? ¿cómo está? ¿cómo se la está pasando? ¿ lo llevaron con el médico? ¿se está  tomando sus pastillas? ¿se está moviendo? Si hacemos oración, pero el diálogo es una de las cosas que tenemos muy importantes y también se les lleva la Eucaristía.

Mensualmente ellas aportan una cuota que se utiliza para regalarles el cirio pascual en Semana Santa, un regalo en Navidad o bien pañales, medicamentos o algo que requiera alguno de los enfermos.

La señora Paula Tovar considera que mucha gente no se anima a ser parte de esta misión porque no tiene espíritu de servicio, “nosotros somos animadoras de los enfermos, cuando los familiares sienten que se ahogan por la enfermedad recurren a nosotros para que hagamos más oración y nos piden la ayuda del sacerdote y esa es la misión de nosotros ir y dar vueltas a la parroquia para que el sacerdote vaya y le lleve la ayuda espiritual que tanto necesitan tanto el enfermo como los cuidadores”.

Rompe el esquema

Doña Panchita desde su cama muestra entusiasmo y espera ponerse de pie pronto. Fotografía: Brenda Delabra

Pertenecer a la Unión de Enfermos Misioneros parece una tarea exclusiva de las mujeres, sin embargo don Antonio García lo ve como una oportunidad de servicio tras haber cumplido como hijo, esposo, padre, abuelo y bisabuelo. Su primer experiencia fue asistir a los Cursillos de cristiandad donde él y su esposa se adentraron en el servicio de la Iglesia cuando vivieron en Chicago.

Él finalizó sus estudios en la Escuela de San Gerónimo hace un par de meses, pero surgió la pregunta ¿y ahora qué hago? Al ver a Lolita Guerrero en su labor con el UEM en la parroquia Sagrado Corazón de la Aurora se sumó e involucró a  su esposa.

“Dice el Señor lo que hiciste con uno de estos lo hiciste conmigo. Ir a visitar a un enfermo, darle ánimos, llevarle medicinas o lo que sea, se lo llevas físicamente al hombre, pero es al Señor y ya lo dijo él, lo que hiciste con uno de estos lo hiciste conmigo. Cuando le preguntan ¿cuándo te vimos en la cárcel? ¿cuándo te vestimos? ¿cuándo te vimos hambriento? y muchas veces la gente esperamos ver a Jesucristo que viene del cielo y atenderlo, no”.

Don Arturo rompe con los esquemas del machismo a sus 79 años al considerar que faltan hombres que se sumen a este apostolado. “Tienen que convencerse, tratar de ser como nuestro Señor Jesucristo, él abandonó a su familia y se fue a predicar, tú no abandones a tu familia pero dedícate con fuerza, la fuerza de hombría que tanto presumimos los hombres… El Señor nos hace que caminemos. Le diría a los hombres a los que me lleguen a escuchar (o leer) no nada más lo que yo te diga, o lo que dice el sacerdote, o lo que diga el predicador, lee el Evangelio, ese sería cómo decirle a los hombres de cómo el trabajo de visitar a los enfermos se requiere de hombres, y como te convences de eso, lee la Biblia”.

“Trato y voy con alegría para transmitirles la alegría del Señor al enfermo aquel, no soy doctor, no tengo medicinas, ni nada pero trato de transmitirle la alegría, mira el Señor está contigo, debes tomar tus medicinas, ir con el doctor para que te cure tu enfermedad física pero si a esa enfermedad física le agregas la enfermedad de tristeza de estar decaído, ¿por qué estoy tan enfermo?, alégrate el Señor está contigo.

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