Un Dios que está con los últimos

Brenda Delabra y Adalberto Peña

comunicacion@diocesisdesaltillo.org.mx

Reciben internos del CERESO varonil un mensaje de esperanza en Navidad.

Centro Penitenciario Varonil de Saltillo Foto:Archivo

25 de diciembre día en que la festividad del nacimiento de Jesús es signo de hermandad, de ver por nuestros hermanos más pequeños, por los que lloran, por los que sufren y también por aquellos que han cometido un error del cual la Ley puede juzgarlos, no así sus semejantes pues todos como hijos de Dios tenemos dignidad.

La visita de Navidad que año con año hace el Obispo de la Diócesis de Saltillo, Fray Raúl Vera López fue tan llena de expectativa, como enriquecedora. Este lunes, el fraile arribó al Centro de Readaptación Social de Saltillo para celebrar la Santa Misa, directo y sin escalas, sin pasar por filtros más que el registro con el primer celador, fue como acompañado del padre Robert Coogan y miembros de la Pastoral de Comunicación, Monseñor Vera atravesó el patio que conduce a la capilla mientras se daba la tercer campanada que indica el inicio de la misa.

Celebración sin contratiempos

Luego de la prepotencia y poca felxibilidad de las autoridades para realizar la visita en 2016, el panorama ya pintaba distinto para este año. Los custodios que condujeron a nuestro obispo y al encargado de la Pastoral Penitenciaria con instrucciones precisas se convirtieron en autoridades directivas que charlaban sobre planes y proyectos para el centro de readaptación.

Al llegar a la puerta, dispersos estaban ya un decena de presos, en segundos las bancas lucieron llenas, alrededor de entre 40 y 50 reclusos participaron en la celebración. Mientras nuestro Obispo y el padre Robert Coogan se revestían, se entregó en fotocopia el Mensaje de Navidad 2017 de Fray Raúl Vera. La celebración inició con los cantos navideños acompañados de guitarra.

Ya no interfería en la celebración el sonido estruendoso de los radios y la presencia de los custodios se redujo a uno solo quien guardó respeto en todo momento por el acto religioso y por quienes participaron en él. Rostros desencajados, duros, marcados por tatuajes de lágrimas, jóvenes, adultos, ancianos que agradecían la visita con una sonrisa, prestaron atención a la homilía.

“Toda la tierra ha visto al Salvador”

Nuestro obispo comenzó su predicación haciendo incapié en la perfección de la unión de lo divino con lo humano, que es Jesús y quien nos ha conferido su poder para hacer grandes cosas. “Hoy nosotros tenemos el poder de Jesús y debemos construir nuestra vida y la de nuestra familia fuera del pecado, por lo tanto, debemos construir también la vida de la sociedad”.

Efraín al principio desinteresado en el mensaje del fraile dominico, empezó a leer el Mensaje de Navidad y fue como si entendiera a la par lo escrito con lo predicado, quizá se sintió identificado en alguna frase, pues su vestimenta lo dice todo, una camiseta que perdió el color blanco y perforada por toda la espalda, en la que se perdió la cuenta de los hoyos, sus tenis blancos ya con fisuras sobre el empeine, una imagen en el antebrazo derecho de una manos evocando la oración, en el izquierdo el rostro de la muerte con facciones de mujer, cabello largo y al terminar la silueta el nombre Elena. Su historia, tiene tres meses en el CERESO, está en proceso, y vivió la Misa de Navidad por primera vez.

“Ustedes que cumplen una pena, aprendan que tienen dignidad de hijos de Dios, que pueden vivir fuera del pecado y que esa dignidad nadie la puede quitar, ni siquiera el hecho de que estén aquí, la dignidad de ustedes no cambia. El estado puede disminuir sus derechos civiles, pero debe responder por ustedes, por su salud, incluso por su educación” mencionaba nuestro pastor mientras recordaba los logros del taller de periodismo que años atrás se impartió en aquél lugar.

Bancas atrás un joven delgado que cargó en su espalda una mochila transparente que contenía cuadernos, en su cintura una cangurera con una libreta, una pluma y cinco cajetillas de cigarros, al preguntar ¿los vende?, más de tres asintieron con la cabeza.

Iluminados para ser luz

Al escuchar las palabras de Monseñor Vera López, pareciera que los hombres que están en proceso o purgan una condena, entendieron el mensaje, comenzaron por valorarse a sí mismos y sus expresiones faciales fueron cambiando. “La paz que se adquiere al entender la dignidad que Dios nos da, nos hace sentirnos sujetos del bien. Cristo vino a la tierra para quedarse en ella, Él está en los últimos, en los que nadie quiere, claramente Cristo está con ustedes, ustedes están en la lista de los que más quiere”.

Por ultimo, Monseñor Vera alentó a nuestros hermanos internos a ser agentes de cambio en el mundo: “Estar aquí no es perder el tiempo si te preparas para salir y ser mejor persona, preocupate por el sufrimiento de tus compañeros, por lo que sucede en el otro. La Navidad es esperanza, Cristo vino a vivir con nosotros y aquí, en este lugar, lo hace de forma intensa”. Finalizó.

Al momento de la comunión la fila fue larga, y quienes no pudieron tomar el cuerpo y sangre de Cristo, tocando su pecho entraron en comunión espiritual. La despedida fue de agradecimiento de palabra y de saludo a nuestro Obispo, un cruce de palabras o bien pedir la bendición porque ellos fueron tocados por el mensaje de esta Navidad, nadie puede quitarles la dignidad.

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