Su lucha, nuestra lucha

Adalberto Peña

adalberto.godines@diocesisdesaltillo.org.mx

General Cepeda, Coahuila

20 de mayo de 2018

El inicio de una batalla para recuperar lo que les corresponde

Presa La Castañuela en General Cepeda, Coahuila. Fotografía: Adalberto Peña

El camino a la presa “La Castañuela” se hace más largo con el calor que se siente en General Cepeda; un sol a todo su esplendor nos acompañaba el pasado viernes 18 de mayo durante el trayecto sin la presencia de una sola nube, yo daba un trago cada cinco minutos a mi botella con agua que rellené en “El Chuzo” antes de salir, mientras observaba los paisajes, los poblados y algunas obras que se realizan en los caminos que conectan cada ejido.

Un lugar con siglos de historia

Pendiente de los señalamientos colocados por los mismos campesinos organizadores para no perdernos y estresado por algunos cambios en la logística de la cabalgata, José Luis García Valero, hombre comprometido con la lucha y defensa del territorio y acérrimo enemigo de todo aquello que lastime a la naturaleza y el medio ambiente, me platica sobre los objetivos de este evento.

“La presa  de La Castañuela data del siglo XVI, se dice que es de calicanto, es un monumento histórico muy hermoso que vas a conocer. Hacemos todo esto para agradecer por el agua que es fuente de vida, también buscamos formar fraternidad y cofradía entre las comunidades para convertirnos en custodios del agua; es la primera vez que se unen siete ejidos en una sola acción: exigir recursos para la restauración integral del arroyo San Miguel, buscar la regularización y actualización de las concesiones del agua y además que se fortalezcan las asambleas ejidales y crear lazos, que los campesinos recuperen la capacidad de vivir de lo que siembran”, su emoción me contagió por completo y desde ese momento aseguré que sería una muy buena experiencia.

Efectivamente, ver desde el camino el colosal monumento de la presa es un espectáculo, imaginar que aquél gigante de piedra amurallaba grandes cantidades de agua simplemente me enchina la piel. Estar en el arroyo y observar la claridad del agua me llevó de forma inmediata a beber un poco con a mano y enseguida a volver a llenar mi botella.

Regalo caído del cielo

Ceremonia de bendición al agua y honra a los protectores del lugar Fotografía: Adalberto Peña

Aproximadamente 30 personas de todas las edades, entre hombres y mujeres, estábamos ya reunidos en el lugar acordado a las 17:00 horas. Causas no previstas a lo pactado obligaron a adelantar la ceremonia indígena, sin embargo nunca nos imaginábamos que todo estaba dispuesto y al encender el fuego para llevar a cabo el rezo, gotas de agua cayeron del cielo de forma inesperada. La lluvia lo decía todo: el agua, nuestra hermana, estaba agradecida por estar ahí honrándola y defendiéndola, ¡vaya regalo!

Ramón Pérez Corral “El tigre”, miembro del Clan del Oso California – México, corrió la ceremonia de bendición a los cuatro elementos, al agua de forma especial, además de honrar a los protectores del lugar, los campesinos, por encabezar esta lucha; y cuando creía que nada podía hacer más mágico el momento, la lluvia apareció de nuevo bajo un sol que se despedía con la promesa de regresar al día siguiente.

Pedro Jasso, en representación de las y los campesinos de los ejidos que organizan, encabezan y participan de la cabalgata “El Agua, nuestra hermana” recibió un bastón de mando como señal del compromiso de ser custodios del agua, así sellaron ese pacto y comenzaron este caminar.

A pesar de lo complicado que representa llegar al punto de reunión, poco a poco fueron sumándose familias enteras para comenzar la velada. Para entonces el calor ya no era tan sofocante y la luna comenzaba a hacer su aparición para relevar al astro rey. A este punto ya perdí la cuenta de las veces que llené mi botella con agua, pero ahora se diferenciar el agua pura de la que ha sufrido algún proceso de purificación. El agua realmente pura sabe a campo, a vida, a tierra buena pero también sabe a esperanza, a unión, a fuerza.

La lucha también es fiesta

Martín y Fátima amenizaron la velada en la presa “La Castañuela” Fotografía: Adalberto Peña

Mientras unos instalaban sus camionetas, sus caballos o sus casas de campaña, Martín acompañado de su guitarra puso el desorden al que se sumaron de inmediato un buen número de personas, en su mayoría mujeres y niños, quienes se sentaron a su alrededor para escuchar las canciones a las que ponía su voz Dolores, quien de inmediato contagió a más de uno a solicitar una canción para poder cantarla acompañados de la guitarra.

Sumergido en la nostalgia que me provocaban algunas melodías, me quedé escuchando por un buen tiempo hasta que sin dame cuenta estábamos ya reunidos al menos 300 personas entre las cuales se encontraba Antonio Tapia, el próximo párroco de aquél municipio acompañando a sus ovejas en tan importante momento. Al tiempo que algunos hombres cocinaban una especie de discada preparada con cabrito y bebían cerveza, tequila o pulque, las mujeres platicaban entre ellas, cantaban y algunas preparaban alimentos más sencillos, como tortas de jamón que ofrecían a los demás.

El cielo estrellado que estaba sobre nosotros fue testigo de todo aquello, de como una causa puede unir a tanta gente no solo para luchar o crear conciencia, sino también para divertirse, reencontrarse y crear lazos. De repente una voz femenina interrumpió a Martín, sonó el “Viva México” en voz de Fátima Soto y coreada por todos los presentes a quienes inyectó con sus canciones el espíritu de lucha para cabalgar al día siguiente.

La velada se extendió hasta que el astro rey cumplió su promesa, a pesar de que algunos dormían, otros seguían cantando hasta agotar el repertorio y  las charlas de otros se extendieron a un incontable número de tragos. El sol directo a mi cara me avisó que era hora de ponerme en pie. La experiencia apenas comenzaba y el día sería largo.

Antes de partir e iniciar el recorrido, retomando el cántico de las criaturas de San Francisco que versa “Loado seas mi Señor por la hermana agua, la cual es muy útil y humilde y preciosa y casta…” participamos de la bendición del arroyo San Miguel encabezada por el padre José Suarez. Escuchar el sonido que provoca a su paso entre las piedras me ayudó a reflexionar sobre lo Grande que es Dios que, con tal de generar vida, se abre camino con fuerza entre muchos obstáculos, misma fuerza que requerimos para afrontar nuestros desafíos.

Alrededor de unos 25 caballos ya eran ensillados para iniciar la cabalgata, el resto, quienes carecemos de caballo o de pericia para cabalgar, preparábamos los vehículos para acuerpar el contingente conformado por hombres, mujeres y niños. Al frente, como signo de identidad, la bandera mexicana y la bandera con el sello distintivo de este evento.

Auténtica dieta norteña

Mujeres, hombres y niños participaron en la bendición del arroyo San Miguel Fotografía: Adalberto Peña

Son las 10 de la mañana, las y los cabalgantes arriban al ejido Seguín y de inmediato se abre el apetito de más de uno con el olor a picante muy peculiar del pozole; ¡sí, pozole para el desayuno!, pues solo un norteño de verdad puede ingerir alimentos tan pesados al inicio del día sin ningún tipo de empacho y reiterando mi origen, comí mi respectiva porción.

Por si lo anterior no queda claro, al llegar al ejido Presa de San Antonio, poco antes de mediodía se nos recibió con el tradicional menudo norteño que agregaba el sabor a domingo a este sábado de resaca, de esas que en el afán de curarla terminan de nuevo en borrachera. Y es que mezclar el menudo con la cebolla, el chile, un poco de limón y chopear el pan francés y no mancharse parece todo un arte ante la vestimenta tan formal de las y los cabalgantes.

Por si esto fuera poco, en el ejido Jalpa a pesar de la falta de electricidad, algunas mujeres ya preparaban un delicioso asado de puerco con arroz y pasta tipo fideo, cabrito en fritada y discada para así cerrar con broche de oro esta cabalgata que además de ser histórica y en defensa del vital líquido, se convirtió en una degustación de auténtica comida mexicana del norte del país a la cual es difícil resistirse.

Fue en Presa de San Antonio donde se bendijo la presa que lleva el mismo nombre, la cual sufre algunos daños físicos que no se han reparado del todo y para la cual nuestros hermanos campesinos exigen una rehabilitación integral para no correr riesgos en caso de alguna eventualidad. A partir de aquí comenzó el recorrido por el mismo arroyo que los conduciría hasta “El Alamito”.

Motivos para seguir

Cabalgantes en su llegada al ejido Presa de San Antonio Fotografía: Adalberto Peña

Fue ahí donde luego de bendecir esta derivadora y comenzando la recta final del recorrido, Juan Gamboa, a quien personalmente me impresiona su inteligencia y la prudencia con la que habla tomo la palabra para dirigirse a los presentes, especialmente a las y los jóvenes que conformaban el contingente: “Yo estoy muy emocionado con todo esto, posiblemente los más jóvenes no o entiendan porque no llegaron a ver la gran cantidad de agua que se acumulaba en este lugar y que con el paso de los años se nos ha ido arrebatando, pero lo que sigue es de ustedes, a ustedes les toca unirse a esta lucha y defender lo que les corresponde”, dijo con dificultad y haciendo pausas prolongadas para no dejarse ganar por la emoción.

El hambre y el cansancio deshicieron los planes de comer en Jalpa después de la misa, por lo que en un momento de convivencia compartimos la mesa en espera de Fray Raúl Vera, obispo de nuestra diócesis y quien en diferentes momentos ha acompañado a ésta gente en diferentes causas, y ahora en el cierre de esta cabalgata en la que participaron cinco de los siete comisariados ejidales de Presa de San Antonio, Porvenir de Jalpa, Jalpa, Seguín y Pilar de Richardson, más el representante de “El Saucillo”, una pequeña propiedad familiar.

Aunque pocas personas participantes de la cabalgata estuvieron presentes en la misa de clausura debido al cansancio, el mensaje de Monseñor Vera resonó en todo el ejido gracias a un potente dispositivo de sonido; así muchos pudieron escuchar una motivación más para seguir adelante, por parte de nuestro pastor.

“Ustedes, los campesinos, son muy importantes en esta lucha, sientan que esa agua que ustedes salieron a defender hoy, es el agua que les tiene aquí con vida, la llevan en la sangre y nos hace hermanos. Esto que hicieron hoy, háganlo siempre. Ésta es una muestra de la fuerza que ustedes tienen”. Dijo emocionado el obispo Vera.

Al final, cada vez que bebía un trago de mi botella, tomaba conciencia de lo importante que es esta lucha, no solo para ellas y ellos, quienes se ven afectados directamente, sino para todas y todos nosotros, quienes vivimos una realidad similar disfrazada de progreso y buen porvenir. Al despedirme lo hice con la certeza de que nos volveremos a encontrar en ésta u otra causa que al final es la misma: buscar la dignificación y el respeto para nuestro pueblo.






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