Siempre hay otra salida  

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

10 de mayo de 2018

Vivir violencia de pareja no la hizo desistir, tuvo a su bebé y hoy es mujer emprendedora

Paloma asiste a la guardería mientras su mamá trabaja. Foto: Brenda Delabra

Estefanía Juárez González es una de las mujeres en Saltillo que logró superar la violencia física de su pareja, a quien desconoció totalmente luego de darle la noticia de su embarazo el cual pasó de ser una alegría para ella a una situación de dolor que la llevó a temer por su vida y la de su bebé.

Por problemas con su papá, Estefanía salió de su casa en la adolescencia, vivió sola y a los 16 años decidió hacer una vida en pareja, complementada con trabajo la relación era estable, combinó sus estudios de preparatoria con un diplomado en música en la Ciudad de México, teniendo afinidad con su novio, hasta que dejó de cuidarse.

“Tenía 18 años, vivía con una persona que pensaba que era una buena persona como pareja, nos juntamos y después de dos años dejé de cuidarme y después de un mes me di cuenta que estaba embarazada sentí nauseas, vómitos, más adelante me hice una prueba de embarazo; de ahí empecé a cuidarme y tomar pastillas de calcio y lo que toman las embarazadas”, recuerda.

A partir de la noticia, el cambio en su pareja fue notorio con la combinación de alcohol y drogas, además de ser agresivo, posesivo hasta dejarla encerrada en su casa, “Embarazada trataba de saltarme la barda porque corría peligro, mi bebé y yo, sí quería tenerlo. Entonces una vez la persona muy molesta me golpea y una de las vecinas alcanzó a escuchar, fue la que llamó a emergencias, estuve hospitalizada un tiempo, tuve una fractura en la mandíbula y cicatrices de los golpes. Por seguridad propia, porque la policía no le hizo nada, no procedió, buscaron un lugar en donde pudiera estar oculta y fue como llegue con la madre Consuelito a la Casa de la Misericordia”.

El refugio que está encaminado a niñas en abandono y adolescentes embarazadas, le abrió las puertas a Estefanía, ahí encontró además de alimentación tres veces al día, seguridad y cariño, recobró la paz al igual que las jóvenes que ya vivían una situación similar o conocer a quienes después de estar en el refugio acuden a dar testimonio de la ayuda de las Hermanas Misioneras de la Misericordia.

“Recién aliviada las madres me enseñaron a amamantarla, en el hospital se quedaron en la noche conmigo, me enseñaron a bañar a mi bebé, prácticamente ellas son mi familia”, comentó Estefanía quien desde que se independizó de su familia contó con el apoyo de su mamá, pero la situación de violencia por la que atravesó la llevó a una familia muy distinta a la cual agradece toda la ayuda recibida.

“Estaba muy asustada; a pesar de todo era mi hijo o hija, la verdad no sabía si el bebé estaba bien y a consecuencia de esos golpes fue un embarazo de alto riesgo, fueron muchas inyecciones y medicamento para estar estable. Esa casa es un lugar de mucha paz, oración, rezar y te vas acostumbrando a una vida tan pacifica que eso me ayudó mucho en mi embarazo, cuando llegue ahí estaba para cumplir los tres meses”.

Ya con Paloma Elizabeth en brazos, Estefanía logró terminar la preparatoria, enfrentó el reto de ser madre soltera, juntó dinero durante el embarazo, se dio la oportunidad de conocer a un nuevo chico con quien está próxima a cumplir un año de casada, su niña lo ve como papá y ahora tienen una familia. Ella ha logrado superarse, está certificada en peluquería canina por la AMECP A.C. y la Asociación Latinoamericana de estilistas caninos, con esfuerzo, por amor a su hija y lograr un crecimiento en lo que más le gusta, la joven de 21 años ha logrado establecer su negocio en el boulevard Musa de León, el cual está próximo a inaugurar.

La maternidad es una bendición y experiencia de vida para Estefanía. Foto: Brenda Delabra

“Me gustaría que mi negocio creciera porque no me dedico a bañar perros como mucha gente piensa, somos personas que estudiamos para eso, no solamente agarramos una máquina. Quiero que la gente se dé cuenta que es un trabajo de tratamientos, alaciar pelo, rescatar mantos cosas que realmente no hay en Saltillo y quiero que la gente lo vea como algo novedoso y que se quede, que la gente se enamore de la idea y se quede con nosotros, que mi negocio crezca y se vuelva muy exitoso”, esta es la meta de Estefanía quien ha logrado superar el maltrato, la soledad y recuperar la relación son sus padres.

“Me gusta ser mamá, me gusta mucho despertarme y saber que hay alguien ahí en el otro cuarto, esperando que la saque de la cuna, ahora hay que hacer de desayunar, huevo, verduras, algo, porque no la puedo traerla así a la escuela, tienes que ser responsable, que te diga mamá, te sonría y todo, es algo muy bonito”.

La joven madre ve su futuro con optimismo, piensa en tener otro hijo, trabajar en su negocio, sentirse realizada como mujer, fuerte como mamá al superar la manutención, enfermedades y todo lo que conlleva la crianza de una hija, por ello da un mensaje a las mujeres que atraviesan por una situación de violencia o embarazo no planeado.

“En un momento pensé, si me voy a quedar con esta persona no voy a poder tener hijos en algún momento me la va a matar. Nada más decirles que no vayan a cometer el error de abortar porque un hijo es una bendición, no sabes si abortando pierdes la matriz y ya nunca tienes hijos y te vas a arrepentir toda tu vida. Ahorita no estoy nada arrepentida, al contrario muchas veces te dicen que un hijo detiene tu camino; para nada, con mi hija al contrario crecí, terminé mis estudios, ahorita tengo mi negocio y todo es gracias a ella. Tengo 21 años, a lo mejor te imaginas una muchachita de fiesta o empezando a estudiar una carrera o viviendo con sus papás y ella me hizo crecer y madurar muy rápido. Si las chicas piensan que esto es un impedimento o un error, están equivocadas, si viven con una persona que las agrede, tienen una opción de irse, hay muchos refugios, el de las madres es un lugar muy bonito y puedes tener paz”.

La experiencia de ser mamá le dio un vuelco a la vida de Estefanía, por ello ahora entiende a quien le dio la vida y la ha apoyado a pesar de las adversidades. Cada día es una bendición de disfrutar a su hija, a quien educará para que elija correctamente en quién confiar, le dará educación y apoyo para que sea una mujer preparada, y protegerá siempre porque su mayor temor es que Paloma sufra violencia o maltrato.

 

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