Sentido de justicia verdadera

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

02  de noviembre de 2018

Saltillo, Coahuila

Tienen las y los migrantes al salir de sus países por la falta de políticas públicas que les garanticen una vida digna

Cada vez que se atiende a un migrante se ve a Jesús. Fotografía: Brenda Delabra

Con el sol a plomo y en un espacio rodeado de huizaches, matorrales y un par de cruces en memoria de los migrantes David y Delmer Alexander, el padre Pedro Pantoja concelebró con Monseñor Raúl Vera la misa de fieles difuntos, en la que se honró la memoria de las mujeres, los hombres que por buscar un mejor futuro han salido de su país encontrando la muerte antes de cumplir el sueño americano.

Las banderas de Honduras, Guatemala, El Salvador y México ondearon durante las dos horas que duró la celebración Eucarística en la que nuestro Obispo Raúl Vera tomó la Liturgia de la Palabra del día para reflexionar en torno al amor al prójimo, el cual debe manifestarse en obras con nuestras y nuestros hermanos migrantes que enfrentan la situación de hambre, violencia, empleo mal pagado en sus países.

Hizo un llamado a los cristianos en referencia a que el día del juicio final nuestro Señor separará en dos grupos a la humanidad, tal como lo hace el pastor  con las ovejas y cabritos.

“Les dirá a los de su derecha tuve hambre y me diste de comer, así vienen los migrantes, tuve sed y me diste de beber, así vienen los migrantes, estuve desnudo y me vestiste, fui forastero, fui migrante y es lo que tenemos que hacer no solamente darles un taco sino también un lugar donde descansen. Estaba enfermo así llegan los migrantes, y estaba en la cárcel, así los tratan aquí le llaman estaciones migratorias y después les dan un trato, primero los encierran y luego los deportan, en Estados Unidos los meten en jaulas”.

En su homilía el fraile dominico destacó que los migrantes son las personas que no significan nada para los gobiernos y los empresarios porque han creado una estructura donde los salarios son miserables, las condiciones de vida, de seguridad no son para los más desprotegidos.

“El Señor habla de los más insignificantes a los que no cuentan. Cuando mataron a los dos primeros (migrantes) me puse a buscar a su familia, la encontré a través de los frailes, los hermanos dominicos de Honduras me ayudaron a encontrar a sus familias. A los primeros que acudí fue al Consulado de Honduras en Monterrey les valió un comino, les dije queremos mandar el cuerpo de este hermano a su familia que lo reciban como el cuerpo no mandarles las cenizas. Les importó nada y ahí fue donde empecé a aprender, estos hermanos se salen porque no le importan a nadie, la planeación de las políticas públicas no está hecha para ellos”.

Pero el no recibir dignamente a las y los migrantes que están en exilio de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua que ya vienen en la cuarta caravana hacia México, convierte a la sociedad en cómplices, coparticipes al guardar silencio ante la violencia, el mal trato que el gobierno ha dado a nuestras hermanas y hermanos.

“Estas estructuras injustas se montan en nuestra nariz, se montan frente a nuestros ojos por eso es irracional el modo como en este momento se está reaccionando en Estados Unidos ante esta caravana. Sí desde ahí vienen las estructuras que provocan la migración por amor de Dios, solo hay una manera de pasar la vida en esta tierra, asumiendo el sentido de la vida. Hoy entendemos que son personas justas las que están pasando por en medio de nosotros, porque ellos saben qué es una injusticia, por eso les tratan como rebeldes…”

Unidos en una sola voz las y los hondureños entonaron el himno de su patria. Fotografía: Brenda Delabra

Los dones del pan y vino fueron entregados a Fray Raúl Vera, además de los artículos que acompañan a los migrantes, garrafón de agua, gorra, tenis, mochila. El padre Pedro Pantoja pidió por los migrantes que han muerto a manos de policías o agredidos por ciudadanos mientras sus compatriotas gritaron ¡vive para siempre!

Algunos migrantes tomaron la comunión, posteriormente los presentes se unieron para dejar una ofrenda floral a David y Delmer, sus cuerpos fueron encontrados en ese lugar donde las cruces puestas en su memoria marcan el inicio de un trabajo de acogida por la familia de doña Esther (+) y el trabajo que de la Diócesis de Saltillo al fundar la Casa del Migrante de Saltillo.

La alegría de vivir un momento de paz, de seguridad momentánea, de unidad y de estar en un lugar donde la muerte trunco el sueño de un futuro mejor para la familia de sus paisanos, unió a las y los migrantes hondureños al pararse frente a las cruces y entonar el himno de Honduras, entre las voces maduras destacó la de una pequeña, cuyo rostro era buscado entre los más de 40 perfiles en los que la esperanza no muere. Las emociones, los sentimientos se volcaron porque ella mostró con su voz que está cerca de su patria. Una patria en la que el derecho a la educación, a una buena alimentación, a un sano crecimiento no son garantía, situación que ha movilizado a un pueblo que reclama justicia, paz y dignidad.

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