Reparemos la vida

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

23 de mayo de 2018

Superar la adversidad requiere de voluntad y amor propio

Reflexionar sobre los momentos que han marcado la vida del individuo. Foto: Brenda Delabra

El padre Sergio Guzmán, SJ impartió la conferencia – taller “Superar la adversidad y atreverse a volar”, en la que destacó cómo trabajar la resiliencia en la vida personal o bien convertirse en apoyo para quienes atraviesan por momentos emocionales difíciles, son víctimas de acoso, bullying o bien viven en un ambiente que los daña.

Con la proyección de la película Dumbo, el sacerdote jesuita invitó a las y los presentes a ver diferentes escenas, las cuales en grupo fueron desmenuzando para llegar a entender la resiliencia en la vida de sus allegados o de forma individual. Antes de entrar de lleno al filme leyó el concepto de resiliencia de Boris Cyrulnik del libro “El murmullo de los Fantasmas”, Volver a la vida después de un trauma.

“Designa la capacidad humana de superar traumas y heridas. La resiliencia de huérfanos, maltratados o abandonados victimas de guerras o catástrofes naturales han permitido constatar que las personas no quedan encadenadas a los traumas de la vida sino que cuentan con un antídoto. La resiliencia no es una reserva de felicidad sino una actitud vital positiva que estimula a reparar daños sufridos convirtiéndolos a veces hasta en obras de arte, pero la resiliencia difícilmente puede brotar en la soledad, la confianza y la seguridad de otros maestros o tutores es una de las intervenciones para que el ser humano pueda recuperar la confianza y la capacidad de apego”.

Entre los ejemplos que surgieron para entender mejor el término fue el de una esponja que se puede comprimir, torcer, doblar, pisar y al final vuelve a su estado, esto se refleja en el ser humano al momento de tener un duelo por ejemplo, al perder el empleo y mostrarse seguro para mantenerse en busca de uno nuevo, cuando la persona logra asimilar factores como violencia, alcoholismo o maltrato.

“Hay una historia de unos gemelos, su padre era alcohólico, al crecer uno de ellos estuvo inmerso en las calles, el alcohol, en cambio el otro se casó, tuvo una familia, y al preguntarle por qué no cayó como su hermano, respondió que no quería repetir la misma historia de su padre”, comentó el padre Sergio.

“A veces en la vida decimos ya no siento lo duro sino lo tupido, ya me hicieron manita de puerco, me han retorcido, estirado, torcido, y la gente te ve y dice: se va a romper y de repente vuelves a tu estado normal. El profeta Jeremías es un ejemplo, Dios lo llamó a anunciar y denunciar, este hombre desde que Dios lo llamó, cómo sufrió persecuciones, maltratos, lo echaron a un pozo, y fue resurgiendo”.

Para salir de situaciones adversas se necesita de acompañamiento. Foto: Brenda Delabra

Haciendo relación de la historia del profeta Jeremías, con el filme de Dumbo se fue dando una combinación de experiencias en las que después de sufrir maltrato superaron la adversidad, y es en este punto que surgen las preguntas, ¿Cómo fue mi infancia y el amor de mis padres? ¿Cuándo alguien en mi entorno sufre burla, maltrato físico o psicológico que hago?, ¿Me han dado la espalda o yo soy yo quien se muestra indiferente?, además de estar conscientes en lo individual o en el caso de ser el tutor ¿Cuál ha sido el trauma? ¿Cómo me afectó el hecho? ¿Cómo traté el trauma? ¿Cómo superé o ayudaré a superar el trauma de mi amigo, familiar, compañero e incluso el propio?

La importancia de responder a estas preguntas es para reconocer a las personas que nos apoyaron en la etapa más difícil o bien identificar como encausar a la persona a quien brindamos el apoyo para superar el trauma que no le permite avanzar en la vida. La resiliencia tiene la característica que no brota en la solidad, se necesita de la confianza y solidaridad de otros, pues el ser humano tiene la necesidad de afecto, el cual es parte primordial en la recuperación de un objetivo, sin dejar a un lado las creencias o la fe de cada individuo al confiar en Dios,  encomendarse a la Virgen María o a algún santo en el que se confía para salir adelante en los tiempos difíciles.

 

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