Recuerdos y gratitud para el

obispo emérito de Saltillo

Pbro. Humberto A. González Galindo

El padre Humberto González fue el ceremoniero en la consagración episcopal y el nombramiento de don Francisco Villalobos como Obispo de Saltillo

Lo conocí en Guadalajara. Estudiaba la Teología y era muy estimado del Padre Rector y del Sr. Arzobispo  José Gariby Rivera, “Su prelado”.

Además era muy buen amigo de los seminaristas de Saltillo, sin saber lo que el futuro le depararía.

“Paco Villalobos” -así le decían sus amigos- siempre fue buen estudiante, bromista y además artista y “muy amiguero”.

El Delegado Apostólico en México, Dr. Mario Pío Gáspari dio posesión al nuevo obispo diocesano de Saltillo.

Terminados los estudios teológicos, la Universidad Gregoriana en Roma le esperaba para especializarse en Historia Eclesiástica, cuya cátedra impartiría al volver a México como profesor del Seminario de Guadalajara. Allí también le confiaron la Rectoría del Seminario. Así la Providencia lo preparaba en contacto con los seminaristas “del pequeño redil” para venir a conducir y a pastorear la Diócesis de Saltillo, como Obispo Auxiliar de Luis Guizar Barragán, Obispo de Saltillo, de quien siempre recibió aprecio y estimación y grandes lecciones para ejercer su ministerio episcopal como Maestro, Pastor, Padre y Amigo de todos sus feligreses en la inmensa Diócesis de Saltillo, teniendo especial dedicación al Seminario y a los Sacerdotes, con quien gustó siempre bromear y conversar y sobre todo escuchar.

En 1975 es nombrado Obispo titular de la Diócesis de Saltillo para continuar y fortalecer la vida y la fe de los diocesanos, según el Plan Pastoral iniciado por el Señor Obispo Luis Guizar, quien deseaba gozosamente realizar prontamente los planes pastorales del Concilio Vaticano II, en el que Él había participado.

Teniendo en cuenta la triple misión de la Iglesia, litúrgica, profética y caritativa quiso aprovechar todos los Movimientos y Organizaciones y Estructuras Apostólicas ya existentes para que tuvieran eco y unidad pastoral especialmente a través de las “Vicarias Foráneas” a las cuales les dio especial importancia.

Consagración Episcopal de don Francisco Villalobos al centro monseñor Luis Guizar, a la derecha el cardenal José Salazar y a la derecha el obispo Antonio Sahagún, el presbítero Humberto González.

Entre los acontecimientos, decisiones y celebraciones más importantes, podemos recordar con alegría y gratitud:

El haber fundado “Caritas Diocesana” que tan “buena cara” le dio a la Diócesis al trabajar organizada y cordialmente en favor de los mas necesitados.

También recordemos su esfuerzo por haber organizado en alguna forma pastoral, litúrgica y social el Centenario de la Diócesis, cuyo recuerdo de gratitud quedó plasmado en la Cruz Atrial en el mismo atrio de la Catedral; también recordamos con alegría cómo el Señor  Obispo Villalobos pudo aprovechar pastoralmente la fecha cronológica del “año 2000”, que atendiendo los deseos del Papa San Juan Pablo II, de prepararse con un triduo de años dedicados al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. También de este acontecimiento dejó una estela en el atrio de Catedral.

Sin duda alguna que en todo su periodo apostólico el Señor Villalobos apoyó decididamente la restauración de la Catedral, ayudado por un Equipo de Seglares, que logró realizar la restauración, no sólo en un plan artístico y arquitectónico sino también como un signo de la fe y unidad eclesial alrededor del Santo Cristo de la Capilla, centro de la vida religiosa y espiritual de todos los saltillenses.

Para lograr como fruto de la celebración del centenario de la Diócesis se decidió construir el Seminario Mayor para lograr la unidad académica, litúrgica y pastoral de los seminaristas, y así poder hacer más eficiente su vida sacerdotal, al convivir amistosamente los seminaristas con el clero y los feligreses de su propia  diócesis.

Uno de los emblemas del centenario de la Diócesis.

En cinco años se logró este anhelo del Señor Obispo Francisco Villalobos Padilla, apoyado por un grupo de laicos fervorosos y decididos a dotar a la Diócesis de Saltillo con un edificio, que en un ambiente de oración, estudio y amistad, ayudara a la formación de los seminaristas, ejerciendo también sus ensayos apostólicos en su propia diócesis.

Sirvan todos estos recuerdos para felicitar al Señor Obispo Villalobos en su cumpleaños y unirnos con Él en su alegría y su gratitud a Dios, por haber cumplido fiel y gozosamente la misión episcopal que el Señor le encomendara.

Oremos por nuestro Obispo Emérito Francisco Villalobos Padilla, pidiendo a Dios le conceda la alegría y el gozo y la salud para seguir sirviendo amistosamente en esta su querida Diócesis de Saltillo.

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