Piden fortaleza en la enfermedad

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

La misión de los miembros de una familia que atienden a un enfermo debe ser compartida, pero María dejó de trabajar para cuidar de su padre e hija

El ex pelotero Marcos Arriga y su familia requieren atención y ayuda. Foto: Brenda Delabra

Esta semana se realizará la Jornada Mundial del Enfermo, su santidad Francisco nos pide poner particular atención en las personas que tienen un padecimiento y en quienes los atienden, el próximo 11 de febrero se celebrará la XXV Jornada Mundial del Enfermo, en nuestra comunidad hay familias que demandan más que una visita.

Integrantes de la Unión de Enfermos Misioneros visitan hogares donde hay alguna persona enferma, pero el caso de la familia Arriaga Martínez sobre pasa la realidad, en una casa de adobe, ubicada en la Aurora, María de Jesús cuida de su padre, el señor Marcos quien padece diabetes y ha sufrido las consecuencias degenerativas de la enfermedad.

El ex pelotero del Club 45 yace en una cama, cobijado, cubierto con un gorro, aunque en ocasiones sale para tomar el sol desde la silla de ruedas, ya sea frente a su casa o en el patio de la misma, la actividad que tuvo en el diamante es sólo un recuerdo, al igual que los trofeos, fotos y reconocimientos recibidos durante su trayectoria en el beisbol.

Con 86 años don Marcos Arriaga Loera, recuerda sus años mozos, pero ahora la diabetes que padece hace más de 15 años le ha cobrado la factura, le cortaron una pierna hace cinco, perdió la vista del ojo izquierdo, su esposa murió hace dos años, quizá este fue el golpe más grande, pero no se rinde.

“Vienen y me visitan y ni quien les diga nada, vienen oran y platican”, comentó desde su cama. Al fondo de la habitación en la silla de ruedas esta su nieta Nallely Azucena Saucedo Arriaga, quien toda su vida la ha visto pasar como espectadora, al nacer con parálisis cerebral. Su madre María de Jesús Arriaga, es quien cuida de ambos, a pesar de tener seis hermanos que muy de vez en cuando visitan a su padre, para ella la responsabilidad es grande.

“En especial a mí la visita me hace sentir muy bien, siente uno que le quitan la carga que trae, se siente uno más livianita al escuchar la palabra del señor o será que ya me acostumbre a lo que tengo que hacer. Le pido al señor que me de paciencia y fortaleza para seguir adelante y no caer, se que él es quien me levanta”, comentó respecto a las visitas que Lolis Guerrero, integrante de la Unión de Enfermos Misioneros les hace periódicamente, y además les lleva los pañales a don Marcos y a Nallely, por parte de la UEM.

El rostro de María refleja la calidad de vida que lleva al cuidado de su padre e hija. Foto: Brenda Delabra

Esta ayuda no es suficiente, pues ante la enfermedad de su hija o alguna descompensación de su padre, tiene que pedir ayuda a su vecina quien se queda al pendiente de uno de ellos para que María pueda llevarla o llevarlo al médico, lo cual la mantiene con la preocupación de saber cómo está quien se haya quedado en casa.

Actualmente María de Jesús y su hija menor dependen totalmente de la pensión del ex pelotero, en ocasiones hace repostería, galletas, buñuelos, comidas o tamales para vender afuera de su casa o por pedido, actividades que la ayudan a salir del encierro, del ambiente hostil que se ha generado en casa porque son pocos los que brindan asistencia y cuando llega alguna visita los rostros cambian, el entusiasmo aparece, se nota en los mínimos movimientos y sonidos que Nallely emite.

“Le pedimos a Dios por ella (María) para que le de esa fuerza, porque hay quien va en el barco y se quiere bajar”, comentó Lolis Guerrero misionera quien atienden parte del sector de la Aurora, ante este comentario María respondió; “Mientras Dios los deje y me permita, voy a estar con ellos”.

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