Peregrinan con “La Morenita”

Equipo de Comunicación

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La Diócesis de Saltillo acude a Santa María de Guadalupe para agradecer y consagrar el trabajo pastoral.

Niños, jóvenes y adultos participaron en la procesión

Este año, llenos de fe y esperanza, mil 200 peregrinos de la Diócesis de Saltillo, partieron por la Calzada de Guadalupe hacia la Basílica, para visitar a la morenita del Tepeyac entre rezos, súplicas, acción de gracias y la vendimia que desde su partida de la glorieta de Peralvillo hasta el recinto sagrado los acompañó.

Nuestra Iglesia Diocesana, bajo el amparo de la mirada maternal de María en su advocación de Guadalupe manifiesta organizadamente y mostrando un espíritu de comunión, el amor filial y sobre todo la gratitud por el trabajo pastoral en ésta expresión popular realizada cada año con el firme propósito de continuar en el camino de la renovación pastoral.
Con meses de anticipación las parroquias planearon su viaje, para el que los fieles hicieron sus ahorros para ser parte de la peregrinación diocesana 2017. Los peregrinos de El Sagrado Corazón de Jesús, Catedral, Nuestra Señora del Rosario, San Pablo Apóstol, el Santísimo Cristo del Ojo de Agua, San Antonio de Padua, Santa María Reina, Sagrada Familia, Jesús de Nazareth, de Monclova Santiago Apóstol, y muchas otras, además de diversos grupos y movimientos de nuestra diócesis, participaron en el acto Mariano que comenzó a las 9:30 horas, mientras esperaban que más peregrinos se integraran.

Treinta minutos después comenzó la caminata hacia la casa de María de Guadalupe, a lo que parecía un encuentro con el milagro del Tepeyac, sin embargo, lo cierto es que nuestra madre camina con todos nosotros. A su paso la venta de flores, rosarios, pulseras, imágenes, y todo artículo religioso que se pueda imaginar, fue dando color a la procesión, aunque esto no fue motivo de distracción para quienes peregrinaban hacia el templo guadalupano. El rezo del rosario fue vestido entre cada misterio con cantos al ritmo del acordeón y bajo sexto, metros más adelante la danza del Ojo de Agua encabezaba al contingente.

Al llegar a la explanada a las afueras de la basílica, visitantes nacionales y extranjeros quedaron asombrados con el folklor y el colorido de los matlachines que acompañaban a nuestro contingente provocando un encuentro entre culturas distintas pues visitantes de Yucatán, quienes portaban trajes típicos, saludaron e intercambiaron fotografías con los danzantes del Ojo de Agua. Confirmando una vez más que nuestra morenita es un signo de unión y amor entre toda nuestra nación.

Nada los detiene

La comunidad diocesana rumbo a la Basílica de Guadalupe

Mientras se llevaba a cabo el recorrido hacia la Basílica, otro grupo de peregrinos pertenecientes a nuestra diócesis se impacientaba por unirse a la manifestación de fé, pues en su trayecto de Saltillo a la Ciudad de México, un accidente automovilístico en la carretera los tuvo detenidos por más de 3 horas. El ánimo no decayó, pues su proposito era firme: Saludar a Santa María de Guadalupe en su casa.

“Nunca nos pusimos tristes, mas bien impacientes por llegar al menos a la misa y nos pusimos a ofrecer un rosario a nuestra madre para que nos permitiera llegar a verla aunque fuera tarde, afortunadamente pudimos llegar a tiempo para compartir la misa con los demás hermanos y peregrinar aunque fuera unas cuadras”, comenta Mary Peña, integrante del grupo de peregrinos del templo de la Medalla Milagrosa.

En la recta final, junto a nuestro Obispo Raúl Vera lograron integrarse, las comunidades de La Medalla Milagrosa, El Perpetuo Socorro y por primera vez habitantes de la sierra de Arteaga de los ejidos Tunal, Escobedo y San Antonio de las Alazanas, estos últimos llegaron a los pies de la Virgen Morena portando el lema “Dignidad y fraternidad”, fue como entraron a la villa, para tomar su lugar y recibir la aspersión con agua bendita que Monseñor Raúl Vera da a los feligreses para luego ingresar a la Basílica, donde nuestros sacerdotes lo acompañaron en la misa que año con año preside nuestro Obispo.

Historias de fe.

No hay nada que impida cumplir con María Santísima cuando se tiene fe

Para Karla Hernández de la parroquia Ojo de Agua en Saltillo y fiel devota a Nuestra Señora Virgen de Guadalupe es una tradición de más de 20 años acudir a esta peregrinación, pues comenta que “Es muy importante para mi acudir a esta tradición pues yo viví mucho tiempo en la Ciudad de México y después  nos fuimos a vivir a Saltillo, Yo le diría a todas aquellas personas que no pudieron acompañarnos que nuestras oraciones también están con ellos y que sigamos con nuestra fe hacia la Virgen María de Guadalupe”. Siendo ella una muestra clara del amor de los saltillenses por la morenita.

52 personas de la  Asociación de trabajadores Guadalupanos estuvieron por primera vez  presentes en esta peregrinación diocesana, y para  Víctor Rodríguez Hernández, integrante de esta asociación  es muy significativo acudir a visitar a la morenita pues después de tanto tiempo de organizar la peregrinación en nuestra ciudad, hoy tiene la oportunidad de viajar hasta la Ciudad de México a esta peregrinación: “Cuando venimos a rendirle honor la Santísima Virgen de Guadalupe el viaje largo no se hace pesado, pues uno viene con toda la fe, la actitud a ver a la madre de todos nosotros”. Emocionado de esta visita, espera que el mensaje que lleva implícito nuestra peregrinación llegue a los corazones de los trabajadores que laboran bajo sueldos míseros y situaciones precarias.

Mientras el contingente avanzaba por la Calzada de Guadalupe, comunidad de la parroquia San Pablo Apóstol en Monclova se hizo visible en esta peregrinación; Karla Charles dijo sentir una gran emoción al ser su primera vez visitando la casa de la virgen María: “Estoy muy contenta con esta mi primera peregrinación, es muy importante venir para agradecerle por cada año más de vida, y yo vengo para agradecerle que la salud de mis hijos ya está mucho mejor. No importa las distancias, ella nos une”, señaló.

La juventud saltillense también participó en esta peregrinar de nuestra diócesis. Rebeca Malacara tiene cinco años asistiendo  a esta peregrinación y expresó su plegaria a Guadalupe: “Que los jóvenes se enamoren de Dios, que sepan que tenemos una madre en el cielo que es abogada e intercesora, yo le vengo a pedir por todos los jóvenes de México y mi parroquia y para que toda esta gente que hoy se congrega siga teniendo ese amor por la Virgen”, mencionó.

En cada asistente a esta peregrinación se esconde un largo camino recorrido por la vida, sueños, anhelos, gratitud, pero sobre todo un corazón dispuesto a ofrecerse al servicio y ejemplo de María.

Somos peregrinos

El Vicario de Pastoral el presbítero Roberto Campos Castañeda, comentó que la peregrinación anual a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe esta en sintonía con el plan diocesano de pastoral “Caminamos y crecemos como hermanos, estamos en la fase que nos ayuda a dignificar nuestras vidas y pertenencias a la iglesia, sensibilizarnos hermanos unos de otros, responsables unos de otros.

Agregó que el peregrinar da un sentido a la pertenencia de la iglesia  “Con un sentido firme y claro de que no somos vagos, ni coristas, somos peregrinos, precisamente por que nos sabemos incompletos, por eso caminamos, nos sabemos insuficientes si nos hace falta Dios, si nos hace falta la intercesión de María”.

 

 

 

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