Peregrinación anual

 

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

Símbolo del camino de vida, presencia y fidelidad de Dios con su pueblo

 

Dos mil quinientos peregrinos de la Diócesis de Saltillo visitaron a Santa María de Guadalupe. Fotografía: Brenda Delabra

La fe, el agradecimiento, la necesidad de ser escuchados y sentir que María de Guadalupe volteé sus ojos a sus hijas e hijos, se manifestó con el más puro amor del Pueblo de Dios de la Diócesis de Saltillo, en la peregrinación anual Diocesana que este 2019 tuvo como lema “Madre del creador, líbranos de la explotación, que atenta contra la creación”.

El miércoles 10 de julio, 2 mil 500 peregrinos se juntaron en la rotonda de Peralvillo, algunos ya con días de descanso, otros recién llegados tras 15 horas de viaje como el camión que partió de Laguna del Rey y Sierra Mojada, para cumplir con el único objetivo, visitar a la morenita del Tepeyac, doña Rosa Isela Blanco Macías que durante su paso por la calzada de Guadalupe compró flores, una veladora, con el objetivo de dejaros a los pies de María, “Tenía una promesa de mis hijas pero no pudieron venir. Es muy bonita experiencia, venir con alegría, y da más emoción ver tanta gente”, en su primera visita a la Basílica la originaria de Ocampo dio gracias por la salud de su esposo, sus hijas, su nieta y por supuesto encomendarse a María.

La experiencia de viajar en grupo fue algo muy especial para la danza María muévenos con tu mirada de Monclova, ellas escucharon el llamado en diciembre de 2017 después de las festividades en honor de la Guadalupana, justo en el Santuario que lleva su nombre nació la inquietud, para lograr llegar a esta peregrinación a la Ciudad de México tuvieron que estudiar la historia de la danza, tener una formación para ir ganando cada uno de los instrumentos y su traje.

“Es un año muy especial, anoche tuvimos un retiro pequeño en la capilla del Santísimo, el padre José nos puso espiritualmente a modo de poder danzar y poner nuestro corazón como grupo. Venimos a pedir su intercesión para que tengamos unión, fortaleza, perseverancia y fe, para nuestra parroquia, nuestra ciudad, el municipio, el estado, el país y para el mundo porque estamos viviendo una época en la que la fe está teniendo mucha decadencia lo vivimos todos, inclusive hasta en nuestras familias y en alguna forma podemos empezar a poner un granito de arena”, comento la señora Gabriela Rodríguez

Ellas danzaron justo atrás de la danza del ejido Emiliano Zapata, de Arteaga, Coahuila, que marcó el paso del largo contingente en el que 50 parroquias de Arteaga, Parras, Saltillo, Ramos Arizpe, Castaños, Monclova, Laguna del Rey y Sierra Mojada, que se unieron para rezar el Santo Rosario, entonar canticos marianos al son del acordeón y bajo sexto, acompañados de nuestro Obispo Raúl Vera, el Vicario General, padre Gerardo Escareño y los sacerdotes que asistieron junto a los fieles de sus parroquias en esta edición.

La feligresía acude a pagar visitas, cumplir mandas, dar gracias, pedir su intercesión, ofrecer flores, pedir su protección o encomendarse a ella.

El amor manifiesto a María de Guadalupe
va de generación en generación como manifestó el matrimonio integrado por Karla Castillo y José Ángel Franco, quienes por primera vez visitan la Villa con sus dos pequeños, el padre de familia comentó que esta visita fue para inculcar a sus hijos la fe en la Virgen, además de poner sus plegarias en manos de la Madre de todos los mexicanos y en particular pedir por sus familiares difuntos.

Además, en esta peregrinación las y los fieles se manifestaron a favor del cuidado de la tierra, del agua, en contra de la corrupción que mueve intereses para beneficio de particulares y no para un pueblo sediento de justicia, de paz, de amor, de igualdad y principalmente de respeto a la creación, “Dios le dice al pueblo camina, esta peregrinación es un abrazo que Dios nos da por medio de su santísima madre”, destacó el padre Felipe Martínez, comisionado de la Pastoral de Multitudes.

A la llegada de los peregrinos Monseñor Raúl Vera les dio la bienvenida con la aspersión del agua bendita, para luego participar en la Santa Misa, en la que más de 40 sacerdotes de la Diócesis de Saltillo estuvieron presentes, unidos para hacer el llamado de cuidar la tierra, el agua, la creación, como lo pide el Papa Francisco porque los hombres y mujeres somos obra de Dios.

 

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