No es imposible cambiar el mundo 

 

Brenda Delabra

Y como cristianos adquirir el compromiso de cuidar y administrar los bienes

 

Las y los laicos fortalecen la Iglesia. Fotografía: Brenda Delabra

En el tercer domingo de pascua los apóstoles se encuentran por tercera ocasión con Jesús, resucitado, quien les pide anunciar el Evangelio por todas las naciones y ‘pescar’ discípulos para el reino, y a Pedro apacentar a sus las ovejas, es el momento en que la alegría de la resurrección del Hijo de Dios marca el nacimiento de la Iglesia.

El tiempo de pascua invita a las y los bautizados a entender el fortalecimiento que recibimos de Cristo, a través de su palabra. Como en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles que narra como en el sanedrín las autoridades  interrogaron a los discípulos de Jesús y les prohibieron hablar en su nombre.
Sin embargo Pedro y los apóstoles reconocieron ante ellos la exaltación del Hijo de Dios, el salvador, quien nos da ese poder para luchar contra el pecado.

“Gracias al Hijo del hombre tenemos un gran poder sobre el pecado, pero no solamente lo hemos de manifestar en nuestra persona, vencer el egoísmo, vencer nuestras cobardías, vencer nuestro mal humor, no. Nosotros tenemos que trabajar para que el pecado con su secuela de muerte, para que el pecado con el hambre que produce en el mundo, para que el pecado con las guerras que producen, para que el pecado y las consecuencias que genera el egoísmo humano desaparezca”, dijo fray Raúl Vera López a la feligresía que asistió a la misa dominical.

Enfatizó la importancia de entender el llamado a purificar las estructuras en lo económico, en lo laboral, en la política que tiene como función principal establecer el derecho y la justicia para todos.

“Las cosas de la tierra que administra el modelo económico que asuman los políticos, los empresarios, debe garantizar los bienes que necesitamos para vivir plenamente empezando con un salario justo, vivir en una casa digna, no estoy hablando de mansiones. Que garantice al ser humano salud, alimentación suficiente, los bienes de la tierra son para todos, el dueño sigue siendo Dios”.

Durante la homilía habló sobre la beatificación de Concepción Cabrera, una mujer casada, madre de nueve hijos y quien como laica fundó una congregación religiosa de mujeres contemplativas, los Misioneros del Espíritu Santo para varones, con los laicos Alianzas de amor y el Apostolado de la Cruz.

“Los laicos tienen su misión en la sociedad.

Como discípulos de Cristo actúen para cambiar las estructuras. Fotografía: Brenda Delabra

De ustedes depende que existan estructuras políticas verdaderas, de ustedes depende que tengan una economía justa que le de vida digna a todos los mexicanos y en el mundo entero, pero los laicos tienen que entender que su cristianismo no se agota en un bautizo, ustedes están consagrados”.

Pidió a las y los asistentes a situarse en el momento de la historia que vivimos, en el que el manejo de la naturaleza es por unos cuantos, mientras los campesinos padecen la falta de agua y eso conlleva a la muerte.

“A nosotros nos toca vencer el mal en este momento de la historia. Nosotros tenemos que ayudar a que cambien los hábitos en el manejo de la naturaleza para que no acabemos con la tierra. Tenemos el gran reto que nos ha dejado el Papa Francisco, tenemos que crecer en la mentalidad para manejar las cosas de la tierra y evitar que le estén haciendo tanto daño y también para corregir las estructuras políticas, todo lo que es el manejo de los beneficios de la tierra que están para todos y lo manejan un grupo de personas”.

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