No actuemos indiferentes, seamos samaritanos

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

Las y los jóvenes del Instituto Vivir recibieron el sacramento de la Confirmación, conociendo ya el sentido de ser servidores en la Casa del Buen Samaritano y Casa del Migrante

Recibir el Santo Crisma representa trabajar para construir un reino donde todos tengamos derechos

En la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, más de 60 estudiantes del Instituto Vivir confirmaron su fe cristiana, con la imposición de manos de nuestro Obispo Raúl Vera, los presbíteros Pedro Pantoja y Fernando Liñán, concelebraron en la Santa Misa, ya que los alumnos han prestado servicio a las instituciones Casa del Migrante y Casa del Buen Samaritano.

Después de llevar una preparación de catequesis para recibir al Espíritu Santo,  y llevar a la par un programa de participación y asistencia en las casas diocesanas, las señoritas y los jóvenes mostraron la alegría de llevar a la práctica el Evangelio en la vida diaria, pero además de hoy en adelante su compromiso como cristianos crece, como explicó en la homilía Fray Raúl Vera, luego de escuchar el Evangelio según San Lucas 10,25-37.

Se refirió al hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó y fue asaltado por unos bandidos, dejándolo golpeado y  tirado en el camino, un sacerdote y un levita lo vieron pero pasaron de largo, en cambio un samaritano que iba de viaje se detuvo en el camino, limpió sus heridas y lo llevó a una posada. El acto de misericordia de aquel samaritano es el ejemplo que como cristianos debemos llevar a la práctica.

“Cuál es la diferencia que hay gente esas dos personas y el hombre golpeado que dejaron tirado, los dos funcionarios consideraban que venían del trabajo, cansados, no fue así el pensamiento del samaritano, este hombre cumple con una función, un trabajo, cómo lo voy a dejar morir, tiene algo que hacer, es importante para nosotros, si no les interesó a los ladrones que le quitaron todo, si era un padre o una madre de familia. Lo primero que tenemos que pensar es que el mundo tiene un proyecto en donde todos tenemos que entrar y todos somos importantes en la construcción de ese proyecto, así como el señor fue dejado tirado por los asaltantes, así se quedan tirados muchachos que no tuvieron una escuela, que no tuvieron papás, niños que desde los cuatro o cinco años sólo porque la mamá se tenía que ir a trabajar a la maquiladora a las 4 o 5 de la mañana se quedaron como este hombre, tirados en el camino y luego los encontramos muertos, la policía cuando nos dicen eran tantos cuerpos pero eran sicarios.

Nuestro pastor cuestionó si los la niñez y juventud de hoy no tienen derecho a un proyecto de vida, derecho a educación, a una formación integral, a un trabajo digno, en el caso de los migrantes que llegan a nuestro país.

“Y lo mismo con los migrantes por qué tienen que venir, especialmente los centroamericanos que pasan por nuestra casa, porque no hay un proyecto para ellos, padres de familia que no tienen derecho a la salud, comida, no hay techo, esa es la gran diferencia de sentirnos próximos a nuestros a hermanos a sentirnos lejanos, lo que tanto habla el Papa, lo descartable, los seres humanos que son descartables, esos muchachos no tenían derecho, mucha gente tiene preparación”, recalcó Fray Raúl Vera.

Por lo que llamó a las familias y los confirmados a construir estructuras justas, y no ceder ante los intercambios de un voto por un tinaco, pues quien compra el voto será quien nos gobierne, lo que da pie a una estructura donde la injusticia y velar por unos cuantos.

Las banderas de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y México son emblema de nuestra patria ,recuerda nuestro origen y el de las familias por quienes lucharemos incansablemente para darles una vida digna

En el altar de la parroquia las y los jóvenes en compañía de sus padrinos recibieron la imposición de manos de Monseñor Vera López, quien recibió en el ofertorio artículos relacionados con los migrantes que los alumnos del Instituto Vivir entregaron como agradecimiento a las experiencias vividas en la Casa del Migrante, una lámpara de carburo, un tren de madera, las banderas de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y México, también una foto de los habitantes de la casa del Buen Samaritano, un búho como símbolo de sabiduría y también el pan y vino.

Después de la Eucaristía el padre Pedro Pantoja agradeció a los padres de familia, a las y los estudiantes el trabajo que realizaron en la Casa del Migrante “… Más de 100 migrantes se estremecieron de alegría cuando llegaron, les cambiaron la existencia, la cara de sentimientos de tristeza, dolor y desesperación por el sufrido camino por el que llegaron a pedir posada, los muchachos y las muchachas del Vivir se mezclaron con los migrantes como diablos y ángeles, como pastores y vírgenes, la pareja divina de María y José, los migrantes no cabían de emoción”.



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