Nada que celebrar

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

En Coahuila los trabajadores de las minas en la región carbonífera trabajan a la buena de Dios, sus familias esperan que un día los derechos laborales, seguridad y salarios dignos lleguen a ellos

La unidad de hombres y mujeres hacen de la OFPC que la lucha no termine Foto: Cortesía Organización Familia Pasta de Conchos

En Coahuila la lucha por los derechos laborales permanece vigente, la historia de la sangrienta Revuelta de Haymarket, Chicago, Estados Unidos el 4 de mayo de 1886, la cual se inició con una huelga de trabajadores el 1 de mayo que pedía una jornada laboral de ocho horas, replica en la región carbonífera donde los mineros a la buena de Dios ingresan a los pozos de carbón o metal sin saber si al final del día volverán con su familia.

La condena de trabajadores a la horca, otros más encarcelados en 1886 donde la Ley Ingersoll ya establecía una jornada laboral de ocho horas no respetada por los patrones, fueron claves para que sindicatos y organizaciones laborales se movilizaran, sin embargo al paso de los años, vemos que en nuestro estado se sigue operando por debajo de la ley, hace 11 años Coahuila estuvo en aparadores internacionales por el siniestro que ocurrió en la mina de Pasta de Conchos.

El hecho causó gran movilización, pero después de ahogado el niño, se tapó el pozo y no quedó de otra para las familias que cobijarse en una organización libre del sindicato, en la que Cristina Auerbach, defensora de derechos humanos laborales desde 1996, integrante de la Pastoral Laboral y colaboradora en la defensa de los derechos laborales en particular de la mujer, llegó a Coahuila en 2006; tras el siniestro en Pasta de Conchos, hecho que ha marcado más de una década la vida de una mujer que no sólo defiende, sino educa, informa y ha despertado a un pueblo sometido por los empresarios del carbón.

“Tratábamos de iluminar el mundo de los centros de trabajo y la vida laboral, desde las experiencias de fe y acompañarlas desde ahí, fue así como llegamos a Pasta de Conchos, porque había mineros que eran parte de esta Pastoral, entonces quienes nos avisaron a nosotros fueron los trabajadores que ya conocíamos… Los primeros años era un ir y venir cada mes, era muy cansado y quienes estábamos apoyando a un grupo de familiares que no estaban con el sindicato, que no querían estar con el sindicato, los acompañábamos pero estábamos fuera y en este proceso hubo varias cosas que me hicieron tomar la decisión”, recuerda Cristina.

Muchos hombres han muerto en los pozos y sus familias han quedado en el desamparo, Foto: Cortesía Organización Familia Pasta de Conchos

En la minería los dueños de los pozos prometen que no habrá más accidentes, después de que se presenta alguno, pero eso es un discurso muy gastado, pues siguen accidentándose o muriendo trabajadores, de uno en uno, dos o tres y esto permanece en el anonimato. La llegada de Cristina Auerbach a Pasta de Conchos fue con la explosión, su conocimiento sobre derechos laborales y meterse de lleno en la situación, hizo que la Organización Internacional del Trabajo, la reconociera como experta en minas, lo cual abrió la puerta para que ella acompañara a los inspectores de la Secretaría del Trabajo a las inspecciones a los pozos de la región carbonífera, esto le dio el conocimiento suficiente para trabajar con las familias directamente.

“Se establece una estrategia a partir de lo que me dice un minero: Qué bueno que la Iglesia se está interesando, pero siempre llegan tarde, llegan cuando ya murió o murieron”, esto marcó la vida de Cristina quien decidió mudarse de la Ciudad de México a Barroterán, pueblo que le permite conocer muy cercanamente la situación laboral, la vida de las familias, los padecimientos de estar desprotegidos ante la muerte de un trabajador minero, pues si la familia no tenía conocimiento para pelear por una indemnización y darle cristiana sepultura a su difunto, la empresa y los testigos dejaban totalmente desprotegidos a los deudos, pero la decisión de Auerbach logró desmantelar una red de corrupción en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, sin embargo la lucha no termina, pues el Gobierno del Estado, y los candidatos a puestos públicos no pueden ofrecer empleos en la minería del carbón a cambio de la destrucción de pueblos, como lo han hecho en Cloete y La Florida.

El trabajo milenario en los pozos de carbón, es para hombres fuertes, esa impresión dan los trabajadores, entre ellos hay una pugna de quien se mete al pozo más peligroso pareciera ser el más valiente o más macho de todos, a sabiendas de que su vida podría terminar dentro de uno de ellos, por ello la Organización Pasta de Conchos que cumplió dos años en Cloete, el pasado 20 de abril, va abriendo brecha con las y los hijos, las esposas y padres de los mineros.

“Sin duda fueron las mujeres (quienes dieron el cambio), es decir la Organización Pasta de Conchos el 90 % somos mujeres, es un primer dato y claro que participan papás, hermanos, etcétera y a la hora de plantarse son las mujeres, segundo las que empezaron a denunciar los centros de trabajo no eran los mineros, eran las mujeres, los mineros no lo hacían por miedo, falta de confianza, en cambio las mujeres me mandaban mensajes, mi esposo llegó lastimado, trabaja en tal pozo y el encargado es perengano de tal y actuábamos, mi hijo se fue a tal mina y es menor de edad, y actuábamos”, destacó la activista.

Como defensora de los derechos laborales, Cristina Auerbach se topó con rechazos, desconfianza, pero su trabajo de campo abrió los sentidos de las mujeres que indirectamente dependen de la extracción del carbón, para que ellas se acercaran, conocieran en qué pozos trabajan sus padres, esposos, hijos, sobrinos, además de adentrarse en el conocimiento de cómo están estructurados los centros de trabajo, quiénes están a cargo, ya no les es indiferente lo que sucede, y esto se debe a una suma de voluntades, como comenta la propia Cristina.

“Creo que el cambio que se ha dado en la Región Carbonífera en Coahuila, es la suma de voluntades pero es sobre todo que las mujeres después de Pasta de Conchos aprendieron de minería, al principio la familia, las hijas, decían que no sabían dónde estaba la mina cuando sucedió el accidente… Si escuchas ahora, las mujeres saben hablar de minería, ahorita saben y denuncian: ‘Cristina mi esposo se está quejando que tal cañón no está polveado’, las mujeres saben los términos y antes no se sabía, nadie puede saber lo que no se te informa, el único papel que he hecho es darles la información y ha funcionado, la gente se defiende, hay un lema, nadie puede defender lo que no conoce, si los trabajadores y familias no se defienden es porque no saben qué derechos tienen”.

El trabajo de la Familia Pasta de Conchos ha logrado disminuir las muertes en un 97 por ciento, pero tenemos la certeza en la región que si la Organización Familia Pasta de Conchos deja su labor, volverá la voracidad desmedida, en la que operará la minería más peligrosa en manos de políticos, gobernantes y ex gobernantes, quienes usan el apartado de Estado para protegerse.

Cristina Auerbach ha provocado un cambio de mentalidad, falta mucho por trabajar para cambiar las condiciones de vida en la carbonífera Foto: Brenda Delabra

A pesar del trabajo que la organización Pasta de Conchos realiza en campo, amparados en la ley, no se ha logrado que los derechos a un salario digno, jornadas de trabajo de ocho horas, seguridad para los trabajadores, seguridad social, pensiones, indemnizaciones a quienes sufren la pérdida de un familiar o un accidente laboral se cumplan a cabalidad, Cristina Auerbach destaca: “Hay absoluto vacío en el Estado de Derecho, si en algún lugar ha habido un estado fallido es en la Región Carbonífera, porque han permitido que en la industria del carbón establezcan sus reglas y sus mecanismos de juego, todo eso no se acaba con una década de trabajo, supone seguir trabajando y me parece que hay cambios importantes, la ruptura del enclave no sólo es que México se enterara de lo que pasaba aquí sino que también empezó a llegar otra industria y las minas dejaron de ser el destino exclusivo y único de los hombres de la región carbonífera. No estoy diciendo que las maquilas sean una panacea en el Reino de Dios, por supuesto que no, lo que ellos dicen es que de una maquiladora entras vivo y sales vivo, que en una maquiladora te registran en el Seguro Social y los viernes te pagan horas extras. Bueno si no es el paraíso si es la posibilidad de no jugarte la vida en un centro de trabajo todos los días, toda la vida y eso es un cambio abismal porque ahora los que tienen problemas para conseguir mano de obra son las empresas mineras y eso va hacer que cambien sus condiciones laborales, respecto a sus trabajadores”, puntualizó.

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