Me siento orgulloso de ser campesino

Adalberto Peña

adalberto.godines@diocesisdesaltillo.org.mx

“Nos hemos manifestado y nuestras voces han sido enterradas”

La impaciencia por llegar a nuestro destino nos valió una multa por exceso de velocidad Fotografía: Imelda Belmares

Hay muchas formas de reaccionar cuando algo va mal en la vida, la más cómoda y sencilla, sin duda, es no hacer nada, observar, callar y dejar que las cosas sucedan; sin embargo ser un simple espectador nunca da los mejores resultados, al contrario, convierte a las personas en cómplices de las injusticias, del sufrimiento y el pesar propio o del otro. Esto lo tienen claro los campesinos, ejidatarios, ixtleros, candelilleros y chiveros que conforman el Colectivo Sí a la Vida, un organismo ciudadano apartidista que desde 2014 defienden la tierra, el agua y tratan de impedir la instalación de un confinamiento de residuos tóxicos y altamente peligrosos.

Por invitación de miembros del colectivo, me sumé a una comitiva integrada por Imelda Belmares y Pedro Jasso, del ejido Pilar de Richardson, Eduardo Alonso, del ejido Noria de la Sabina, Juan Gamboa, del ejido Jalpa y José Luis García Valero, de la cabecera municipal del municipio de General Cepeda, Coahuila, con destino a la Ciudad de México; el objetivo: buscar una tribuna, un espacio o un micrófono que gente de su propio estado les ha negado en los medios de comunicación, mismos que, por alguna extraña razón, no se interesan en la lucha que ellos hacen en representación de todos los que habitamos en Coahuila para defender el territorio y buscar una vida digna; lo anterior para dar a conocer la sentencia definitiva donde se declara la nulidad de la resolución impugnada, lo que pone de manifiesto que el confinamiento opera de manera ilegal y ha desacatado mandatos judiciales.

He de confesar que hasta el inicio del viaje estaba muy poco familiarizado con el caso del basurero tóxico ilegal, me invadía la desinformación y tenía muchas dudas sobre el caso, lo cual fue desapareciendo conforme avanzábamos kilometro a kilometro a bordo de un pequeño automóvil de alquiler que sirvió de transporte para llegar a nuestro destino. Entre las incomodidades por el espacio, el calor y lo largo del viaje pude observar que no han sido en vano los tres años de lucha, pues un sector de la población al que muchos consideran “muerto” ha demostrado que solo estaban dormidas y dormidos y que han despertado para reclamar lo que por derecho les corresponde a ellas, ellos y sus familias.

Ya en carretera, Lalo Alonso comparte con nosotros su pasión por el campo, dice sentirse libre cuando se adentra en la sierra por algunos días, Juan lo secunda, las chivas son su pasión, recorrer las rancherías ha sido su vida entera, lo llena de satisfacción y energía por lo que no concibe los días lejos del rancho. Imelda, por su parte, disfruta acompañar a su esposo a la labor, aunque confiesa que le gusta mas estudiar, estar en esta lucha y tratar de cambiar las conciencias de sus vecinos. Pedro es un hombre reservado, pero externa su preocupación por que ese estilo de vida desaparezca a manos de quienes quieren apoderarse y explotar el territorio de forma despiadada y de manera desmedida.

Más vale tarde que nunca

Integrantes de Colectivo Sí a la Vida trasladándose en Metrobus Fotografía: Adalberto Peña

Pasan ya de las 12 horas del día, el hambre provoca que una que otra tripa empiece a gruñir, los “compas” como se llaman entre si, deciden que es mejor esperar a llegar a Matehuala para poder ingerir alimentos; barbacoa, tacos, caldo, todo parecía buena opción para comer y poder seguir nuestro camino, lo que motivó a nuestro conductor a acelerar y subir la velocidad para estar lo mas pronto posible degustando los sagrados alimentos.

El tablero marcaba los 140 kilometros por hora, la vía asfáltica sin mucho tráfico era un punto a nuestro favor, no había quien nos detuviera, no solo por llegar a comer sino para estar lo mas pronto posible en la capital del país, hasta que un radar en operación advirtiera a un oficial sobre nuestro exceso de velocidad. A los pocos minutos por el retrovisor veíamos acercarse una patrulla que, indiscutiblemente, quería alcanzarnos a nosotros; nos orillamos obedeciendo la orden y en definitiva habíamos sido acreedores a una sanción por más de 50 salarios mínimos.

Hacía para entonces un hambre terrible que lo mas disgustoso en ese momento no fue la multa sino que nos habían detenido frente a un establecimiento de tortas sobre la carretera. Dada la situación, se me invitó a tomar el volante, acepté aunque admito que con algo de miedo por lo desconocido del camino aunque no niego que fue una experiencia inolvidable y gratificante; los paisajes que mis ojos pudieron ver, no los cambo por nada, a este momento del viaje yo ya me siento un “compa” más.

¿La comida?, como buenos viajeros decidimos entrar a un supermercado, comprar pan, jamón, tomate, aguacate, cebolla, mayonesa, un poco de queso y unos chiles “de amor” para preparar unas suculentas tortas que para entonces eran un manjar servidas a la sombra de un huizache a la orilla de la carretera. Una verdadera delicia.

Los más buscados

Rueda de prensa en Casa de la Solidaridad Fotografía: Adalberto Peña

Luego de la amarga experiencia de la infracción, brotó en la conversación el tema de los tiempos electorales, que como todos sabemos, aprovechan los aspirantes a un cargo público para colgarse de acciones sociales y ganar adeptos a costa de lo que sea y que mejor acción que la lucha que nuestros campesinos han sostenido por casi tres años para defender sus tierras.

Nuestros lideres ejidales se sinceran y aceptan que a cada uno de ellos, diferentes políticos se han acercado hasta la puerta de sus casas para invitarlos a formar parte de sus equipos de trabajo, para prometerles que van a apoyar la causa que por mucho tiempo ha sido minimizada y menospreciada y para pedirles que con su voz inviten al pueblo a sumar esfuerzos en un partido o en otro.

A ninguno de ellos parece importarles el dinero, ni ocupar un puesto dentro de alguna administración, mucho menos afiliarse a un partido político. Están convencidos de que esta lucha se ha constituido gracias al esfuerzo de todas y todos los habitantes que han querido sumarse y no con recursos de ninguna dependencia por lo que han rechazado todo tipo de ofrecimiento.

En la Ciudad de México

“Ellos han tomado nuestra vida y espero que se haga justicia” Fotografía: Adalberto Peña

La gran urbe nos recibe con cientos de luces por todos lados, es de noche y después de casi 12 horas de camino hemos llegado a la capital. Atravesar la ciudad en hora “pico”, cuando el tráfico apremia, se vuelve un poco complicado y desesperante, aun más si haz viajado sentado por varias horas, sin embargo Lalo Alonso atina en su comentario: “Pues si ya hemos atravesado por muchas tratando de detener el confinamiento, ya son tres años, que no vayamos a esperarnos para atravesar la ciudad”.

Al llegar a “Casa Xitla”, lugar donde nos hospedamos, se aprovecha la cena para afinar detalles del día siguiente. Parte de mi labor al acompañarlos es asesorar a los integrantes del Colectivo Sí a la Vida para las entrevistas con algunos medios de comunicación, una vez más quedo sorprendido al ver que se ha formado un buen colmillo en todos ellos durante los años de resistencia pues saben manejar el contacto con los medios con bastante facilidad.

Muy temprano al día siguiente, desplazarnos en Metrobus es un reto para todas y todos, el ritmo tan acelerado con el que se vive en la Ciudad de México, no se compara con la quietud del campo en donde saludas a cada persona que te encuentras al paso y te detienes para platicar al contrario de lo que sucede en la ciudad, donde cada habitante parece ir en un mundo distinto, tan rápido que parece imposible saborearlo.

“Quieren joder a los más jodidos”

Campesinos de General Cepeda alzan la voz ante medios nacionales Fotografía: Jackie Campbell

Ya en rueda de prensa, en la casa de la Solidaridad, los representantes de esta constante lucha hablan con la esperanza de romper el cerco que existe en Coahuila con los medios de comunicación que parecen hacer oídos sordos a la voz de nuestros campesinos. La primera en hablar es Imelda, quien no tiene empacho en decir: “Estamos aquí para defender nuestros derechos; nosotros tomamos la presidencia municipal, tomamos la empresa, pero ellos han tomado la vida de nosotros y de nuestros hijos, están metiéndose con nuestra forma de vivir. Ellos se han burlado de nosotros como se han burlado de la ley, pero lucharemos por nuestra vida y la de nuestros hijos”. Con la voz entre cortada exigió se actúe conforme a la ley: “Quieren joder a los mas jodidos. A nosotros nos gusta vivir en el campo, ojalá se haga justicia”.

Eduardo Alonso denunció el engaño por parte del representante legal de la empresa Sociedad Ecológica Mexicana del Norte: “Fuimos engañados por Javier Calderón Rodríguez, quien nos prometió instalar fábricas para salir de pobres, lo que buscaba era un paso al confinamiento y cuando lo había logrado nos dijo de que se trataba”, además advirtió que el presidente municipal los ha amenazado: “a pesar de las amenazas de Rodolfo Zamora, nosotros seguimos manifestándonos de muchas maneras”.

Por su parte, los expertos dieron su respaldo al Colectivo, el Dr. Joel Carrillo, Hidrogeólogo de la UNAM, demuestra que no se realizaron los estudios correspondientes: “ Prefieren invertir millones en mucha otras cosas, antes que invertir en el estudio del agua que es muy importante cuando se quiere instalar este tipo de empresas. Los estudios no son tan costosos en comparación con otros tramites”.  Roberto de la Maza, quien acompaña el caso desde la parte legal, agrega: “El piso no está parejo, no se acatan normas; un confinamiento de este tipo no es cualquier cosa, se debe tener mayor cuidado. La evaluación de impacto ambiental no esta ni regulada ni bien aplicada; su función es prevenir pero no se puede hablar de prevención cuando el tema del agua no figura en el manifiesto de la iglesia”.

El apoyo que han recibido por parte de la Diócesis de Saltillo quedó refrendado con la presencia del Padre pedro Pantoja, quien calificó como una “negociación maldita” y cuestionó el hecho de que los campesinos son siempre los condenados y miserables: “Es un descaro como las fuerzas de seguridad están contra los humildes y a favor del poderoso. Desde la iglesia les digo  que no están solos y no los vamos a dejar”.

El hombre reservado, Pedro Jasso, hizo uso de la palabra y fue contundente: “Me siento orgulloso de ser campesino, nos hemos manifestado en nuestras comunidades y nuestras voces han sido enterradas”.

El objetivo de nuestra visita se cumplió, la sensación de poder gritar y ser escuchados sobre lo que pasa en su tierra representa un desahogo y una motivación pues saben que esta lucha no termina, que puede ser apenas el comienzo pero saben también que peor es quedarse sentado a ver la vida pasar. “Si me van a matar, prefiero que sea en la lucha y no que me encuentren en mi casa sin hacer nada” Imelda Belmares del ejido Pilar de Richardson.

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