Las emociones son intensas

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

Los seres humanos podemos entrar en conflicto al no mantener las emociones en armonía, sin embargo son pasajeras pero no hay que dejar que se conviertan en sentimientos

Saber controlar las emociones requiere de un trabajo integral de introspección y ayuda espiritual

Casa Loyola cerró el ciclo de conferencias del primer semestre del año con la participación del presbítero Sergio Guzmán, S.J. en el salón del templo de San Juan Nepomuceno, a través de su análisis titulado “Para vivir intensamente una vida más realizada”, el cual parte de la película de Pixar Intensamente.

La plática y taller inició con la identificación de las emociones básicas que son protagonistas en la vida de Riley, el personaje principal de la trama, Alegría, Tristeza, Desagrado, Temor y Furia, previo al análisis el jesuita leyó la definición de emoción, luego invitó a las y los presentes a participar en una dinámica en la que imitaron corporalmente cada una de las emociones.

Haciendo un análisis del modelo de la doctora Myriam Muñoz Polít, quien a través de su acróstico MATEA, invita a asociar las emociones, el afecto con la vinculación con otras y otros, el miedo es una defensa o protección hacía alguna situación, la alegría vivífica a la persona, la tristeza provoca un retiro hacia sí mismo, el enojo es un mecanismo de defensa hacía algo u alguien que ha traspasado el espacio vital en la persona, por lo cual este acróstico también puede tomar la forma de la palabra AMATE, pues todo es parte de la experiencia humana.

Teniendo los conceptos sobre las emociones principales del filme, se pasó a la proyección de escenas específicas en dónde se mostró el accionar de cada una de ellas, llegando al punto de analizar en lo personal cuáles de ellas emociones son las que se presentan más continuamente, responder cómo dominar la furia o el temor, además de dar el momento necesario a cada una de ellas, en lo particular a la tristeza, “Cuánto tiempo hay que darle a la tristeza, el tiempo que sea necesario, porque es cuando uno tiene el encuentro consigo mismo para pensar, estar a solas, si quieres llorar hazlo, cuánto, lo que quieras, el duelo por la muerte de un ser querido no tiene tiempo”, destacó el sacerdote.

Compartir las emociones con las y los demás es parte del diario vivir

Sin embargo, al no saber controlar las emociones se puede desarrollar un conflicto interior, evocando los recuerdos de la infancia, los más felices que se han tenido en la vida, o bien pasar a la etapa de enviar al basurero mental los recuerdos que ya no son gratos o necesarios para nosotros. Una clave para mantener la estabilidad es participar en ejercicios espirituales, compartir las emociones con los seres más cercanos o queridos, por ejemplo en los momentos de tristeza la mejor opción después de mantener la introspección es buscar el afecto, alguien que escuche el motivo que ha conducido a dicha emoción.

El tema es inagotable, pero el taller ofreció una perspectiva de cómo la personalidad se va formando en torno a las emociones que desde el nacimiento vive la persona. Aunque las emociones son intensas su tiempo de vida es indefinido pero hay que cuidar que la furia no se convierta en rencor, la tristeza en depresión, el temor en un obstáculo en tu vida, pues de ser así estos se convertirían en  sentimientos que a simple vista no se identifican y te pueden llevar a tomar acciones en contra de los demás.

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