La misión es desprenderse

Adalberto Peña

adalberto.godines@diocesisdesaltillo.org.mx

“Vivir y servir entre los más necesitados es mi mayor alegría” Natividad Ramos, misionera altagraciana

El 19 de febrero de 1997 Natividad Ramos realizó sus votos de consagración

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”. Dicta una frase utilizada por el Papa Emérito, Benedicto XVI, en su primer encíclica Dios es Amor ; frase que se vuelve verdad en la vida de Natividad Ramos, una hermana misionera consagrada del Instituto Secular de Nuestra Señora de la Altagracia que radica en Saltillo desde hace dos años.

Naty, como la llaman de cariño, tiene 61 años y es originaria de Puerto Rico, encontró su vocación a los 30, después de varios procesos de dirección espiritual en los cuales se resistía a integrarse a una congregación religiosa hasta que la condujeron hacia un instituto secular con el cual no se sintió identificada. Fue hasta que una amiga la invita a una experiencia de 15 días de misión en la República Dominicana cuando sintió en su corazón el deseo de servirle a Dios en el anuncio del Evangelio y el acompañamiento a los más necesitados.

Natividad Ramos disfrazada de payasita (traje morado) para un grupo de catequesis en Puerto Rico

“La misión era en una zona de la periferia de Santo Domingo que colinda con Haití y acepté ir con un grupo de 15 jóvenes. Ahí vi las condiciones mas precarias de tuberculosis, malaria y pobreza muy extrema, al llegar yo quería regresarme pero al escuchar la misa fui soltando miedos y nerviosismo, así que decidí quedarme y en esa experiencia descubrí que mi vida era para la misión”. Sus ojos brillan al recordar el inicio de un nuevo estilo de vida que hasta hoy la llena de plenitud.

Con 20 años consagrada al servicio de Dios en tierra de misión, se ha desempeñado en zonas de extrema pobreza en el mismo Puerto Rico y República Dominicana hasta que con gran alegría aceptó la encomienda de trabajar con migrantes en Brooklyn, uno de los cinco condados que conforman la ciudad de Nueva York en Estados Unidos, en donde por cinco años tuvo la oportunidad de conocer de cerca su realidad y caminar junto con ellos y ahora desde la Pastoral Vocacional de nuestra diócesis disfruta su servicio y su vida en nuestro país donde vive en un barrio de escasos recursos pues asegura que esa es su mayor alegría.

La hermana Naty en su apostolado de Pastoral Vocacional trabajando de la mano con Pastoral Juvenil en Saltillo

Consciente de que los tiempos y las generaciones van cambiando, La hermana Naty reflexiona sobre los retos que se deben enfrentar hoy en día: “El misionero de hoy debe experimentar, servir y saborear el acompañamiento a los mas necesitados y a partir de ese gusto, desprenderse de si mismo y de sus bienes para poder ser, como dice el Evangelio, ligero de equipaje; y ese es precisamente el reto en el mundo de hoy que nos ofrece y nos acapara con tantas cosas: vaciarse para los demás”.

Encontrarse con Dios entre enfermedades, hambruna y pobreza extrema fue el impulso que la llevó a decir sí a un estilo de vida distinto y es precisamente, para ella, el aprendizaje mas grande que ha obtenido en todo este tiempo: saber reconocer a Dios en todas las personas, amarlas, acompañarlas y entregarse a servir. Es así como día a día sale a trabajar y hacer de cada actividad encomendada una verdadera misión.

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