La misión de arriesgar la vida

Brenda Delabra, Adalberto Peña

comunicacion@diocesisdesaltillo.org.mx

Descubrir el mundo implica replantearse el camino

9 de febrero de 2017

“Don Raúl por ser dominico es una luz y una motivación de cómo se debe vivir la vida consagrada”

Desde pequeño sintió el llamado de Dios, conforme fue desarrollándose decidió ingresar a la formación religiosa con los Misioneros del Espíritu Santo y ya teniendo una espiritualidad firme optó por acercarse al prójimo, al desvalido, al que no es tomado en cuenta. Actualmente el padre Benigno Martínez García es el Vicario de Vida Consagrada en la Diócesis de Saltillo, en donde tiene el reto de involucrar a las congregaciones y comunidades religiosas a llevar ala práctica el Plan Diocesano de Pastoral.

Nació en León, Guanajuato, pero vivió la infancia y adolescencia  en San Luis Potosí, pues su padre,el señor José Martínez (+) dedicado al comercio del calzado, emprendió para tener un puesto en el mercado Hidalgo. Ahí entre frutas, verduras, ropa, calzado y diversas mercancías Benigno y sus ocho hermanos crecieron, “Para nosotros fue el ambiente en donde además de la escuela, la casa también fue un ambiente donde crecimos, un ambiente popular, sencillo con las distintas gentes que tenían por ahí sus puestos de calzado. Hacíamos nuestros grupos de juegos y pandillas y nuestras guerritas de ligas y ligasos, era la forma de divertirse, además del ambiente de los colegios en los que estudiamos”, recuerda el sacerdote.

El jardín de niños llamado “Casa del Obrero” o “Niño del Obrero” era para familias pobres, de ahí pasaron al Colegio “Bucarelli” a estudiar la primaria, “Era el tiempo donde arreciaba esa corriente que desató LázaroCárdenas en donde se imponía la ideología socialista, entonces en los colegios católicos ahí se conservaba la fe y las tradiciones dela iglesia, como que se respiraba un ambiente más sano”.

La movilidad de casa y escuela fueron parte de la vida de la familia, pues de acuerdo al trabajo de su padre había que hacerlo;en su formación también estuvo en el Colegio “Progreso”. A la par de la escuela era acólito y perteneció al coro de la capilla del Espíritu Santo, atendida por los Misioneros del Espíritu Santo, el padre Manuel Hernández que era guía, orientaba y vislumbraba la vocación de Benigno le invitó a ingresar con las Hijas del Espíritu Santo, pero él convencido de estar más a gusto y cercano a la gente sencilla, continuo la primaria en el Colegio “Simón Bolívar”.

El primer paso a la Vida Consagrada

Al finalizar la primaria y mantener la cercanía con la comunidad religiosa, se fundó la “Escuela Apostólica de los Misioneros del Espíritu Santo”a la cual ingresó y a los 14 años ya estudiaba latín. “El paso a la Escuela Apostólica al terminar la primaria, en ese tiempo era el modo en cómo se promovían las vocaciones. Ya los recibían como apostólicos. Ciertamente el estilo de formación, el modelo que se llevaba era de una separación total del mundo, de la sociedad, de la familia y entrar a formar parte de otra familia, una espiritualidad vivida de una manera muy intensa de devoción a la santísima Virgen María, los sacramentos, la confesión, en latín, las oraciones, la santa misa y había que estudiar lo que estaba viviendo”.

Sin embargo, los estudios en la Escuela Apostólica no eran validados por la Secretaría de Educación Pública, y la formación de cinco años, el noviciado de dos años donde llevó una vida contemplativa y espiritual intensa, lo llevó a Tlalpan, luego al Altillo en Coyoacánque se convirtió en un centro litúrgico muy importante, al  tener un nivel intelectual elevado, ahí el padre Benigno estudió filosofía, teología, y se puso al corriente con el bachillerato para regular sus estudios y certificación.

De la elite a los marginados

El trabajo con laicos ha sido primordial en la vida religiosa y sacerdotal del padre Benigno

La congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, era considerada en un ambiente elitista, donde el nivel cultural y social era muy elevado, lo cual no checaba con la vocación de Benigno y cuatro de sus compañeros de Teología, pues el estar apartados del mundo real en pleno Concilio Vaticano II era lo contrario a lo que la Iglesia Universal llamaba.

“Varios de nosotros dijimos oigan como que esto está muy bonito pero no nos forma. Esta no es la vida, esta no es la realidad que nos va a exigir el sacerdocio y entonces le planteamos al rector, queremos un apostolado que nos inserte en la realidad, conocer cómo es la vida, porque hasta el momento hemos estado aislados como un invernadero y no sabemos lo que nos espera”.

A partir de ese momento cinco misioneros acudieron al Secretariado Social Mexicano, a solicitar que los ubicaran en un lugar donde tuvieran experiencias con la comunidad, petición que causó sorpresa y extrañeza a la vez, la respuesta fue: hagan una propuesta. Tiempo después fueron enviados con la Juventud Obrera Cristiana (JOC) que tenía presencia a nivel nacional, ahí los jóvenes inmersos en el mundo laboral se convertían en apóstoles para ser fermento de transformación en sus entornos.

“Cuando nos enviaron con la Juventud Obrera Cristiana que es un movimiento que surgió en Francia y que ya tenía presencia en México… para mí fue como un horizonte nuevo que no había vivido”, comentó el misionero que a los 26 años solicitó insertarse con el equipo nacional de la JOC en lugar de irse a misiones, fue así como interactuó con grupos de Monterrey, Tepito, Cuernavaca, Tlalpan y Saltillo. Este contacto con la juventud trabajadora lo llevó a encontrarse con un clero inquieto en la provincia, situación que fue presentada al padre dominico Alex Morelli, a los presbíteros Pedro y Manuel Velázquez, fundadores del Secretariado Social Mexicano, ya que en los 60’s se estaba viviendo el cambio que pedía el Concilio Vaticano II y la Segunda conferencia del Consejo Latinoamericano del Episcopado Mexicano celebrada en Medellín, Colombia, de ser una Iglesia en salida con la opción preferencial por los pobres, ir con los alejados.

Dios tiene sus caminos

P. Benigno durante una celebración con miembros de la Vida Consagrada

“Para mi fue descubrir un mundo tan distinto, al grado que tuve que replantearme si debía seguir con los Misioneros del Espíritu Santo o irme como diocesano, porque ciertamente no había sensibilidad en la congregación para la cuestión social, y dije aquí como que voy a entrar en crisis, voy a dejar el sacerdocio y  ahí nos vemos. Con todo el dolor de mi corazón dejé la congregación y me vine al norte,pregunté qué rumbo llevaban las diócesis”. La decisión fue ingresar al Seminario de Torreón a donde llegó con un informe de formación y desempeño favorable, se encontró a un clero joven, un obispo inquieto, Don Fernando Romo Gutiérrez, que de inmediato lo admitió, aparte de darle la encomienda de la Pastoral Juvenil.

“Enese tiempo era mucha inquietud de insertarse en movimientos políticos, éramos como unos 10 sacerdotes diocesanos que empezamos a ver cómo involucrarnos en los procesos populares y ahí fue donde poco a poco me fui insertando en el movimiento que se desató en la Laguna en los 70’s y 80’s”.

En estas décadas los estudiantes miembros de la Acción Católica Especializada y el Movimiento Estudiantil Profesional hicieron trabajo con el pueblo y los pobres. Posteriormente el grupo de sacerdotes Nazas-Aguanabal, llamado así por trabajar en parroquias que abarcaban el territorio, fue la mayor bendición que recibió en su ministerio al ser enviado al municipio de Francisco I. Madero, en donde colaboró en la promoción del campesino, al trabajar un proceso de evangelización, hasta encaminarlos a un proyecto de programación en el que además de lo religioso el compromiso fue fortalecer en materia social, política, laboral. “Nosotros nos montamos en un movimiento que agarró mucha fuerza en el norte del país, en Chihuahua, Sonora, Monterrey y no se diga en la Laguna en donde participaban no sólo campesinos, sino sindicatos, colonias de paracaidistas, ejidatarios estudiantes y cuando se vivió la experiencia de trabajar juntos cristianos y marxistas. Tuvimos que adentrarnos a conocer para una interpretación correcta de la realidad y sin perder nuestra identidad como sacerdotes o como cristianos”, recuerda el sacerdote.

Aunque fue candidato para ir a estudiar a Roma, antes de aceptar, el misionero tuvo la iniciativa de conocer la vida social, participó en movimientos populares, asambleas, marchas, convocadas por diversas organizaciones con el objetivo de hacer presente la fe, la presencia del sacerdote acompañando, animando y sosteniendo el caminar de la gente, fue esta su mejor escuela a pesar de ir a la cárcel junto con otros curas por defender las luchas sociales.

El padre Benigno se ordenó en 1970 y ejerció su ministerio hasta agosto de 1998 en la Diócesis de Torreón, al decidir volver a la congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, con todo lo aprendido en el campo lagunero.

“Me di cuenta que durante todos estos años también la congregación había evolucionado y que tomó conciencia de que un elemento esencial de la espiritualidad de la cruz, que no se puede vivir en una espiritualidad de misioneros sin asumir esta dimensión social”, al ver esto encontró la sintonía entre lo que estaba leyendo y viviendo, por ello don Luis Morales Regis, lo invitó a los ejercicios espirituales ignacianos y fue ahí donde determinó volver a la congregación. “Ya con regresar a la congregación, el logro que alcancé fue como una síntesis de todo lo que había vivido,con un pueblo sencillo, joven, de campesinos, de trabajadores, de paracaidistas, y la dimensión sacerdotal”, destacó.

Trabajo con Fray Raúl Vera

Contribuir en un proceso de formación con personas de grupos vulnerables es la principal satisfacción del misionero

El padre Benigno fue enviado a Saltillo en el 2011 al Santuario de Guadalupe, en donde los Misioneros del Espíritu Santo desarrollan su ministerio, ya fue Rector, participa en la Pastoral Social apoyando a los padres Pedro Pantoja, Fernando Liñán en talleres y cursos, da acompañamientoy es asesor de los trabajadores Guadalupanos, también apoya a los familiares del FUNDEC “acompañarlos porque no puede uno darles una solución, por lo menos sostenerlos en su lucha, es una búsqueda, un cómo hacer en todas estas realidades sufrientes que no podemos permanecer al margen”.

El trabajo de Martínez García en experiencia y aplicación  de un Plan Pastoral en Torreón fue de gran ayuda al ser enviado a la Diócesis de Saltillo donde se implementó un Plan Pastoral Orgánico por parte de Fray Raúl Vera a quien conoció en unos ejercicios espirituales en Monterrey, “recuerdo que decía: yo no pierdo la esperanza de trabajar un día con usted”.

La esperanza se convirtió en realidad, trabajando a la par como Vicario de Vida Consagrada, en el plan pastoral con un proceso interesante, un objetivo ambicioso a largo plazo y no puntual sino que busca desatar la participación de la sociedad para llegar más allá de la Iglesia.

Apunta que para lograr el objetivo se requiere de una conversión “Me parece muy interesante el proceso que lleva la Diócesis y que exige de nosotros toda una conversión de la que no se puede entender y aplicar un proyecto de renovación diocesana, si el sacerdote no cambia, si no deja su mentalidad clerical, si no, como dice el Papa Francisco deja de tener una visión autorreferencial”.

Por ello trabaja ya en un mecanismo para que las hermanas y hermanos de Vida Consagrada conozcan el Plan Diocesano de Pastoral, a partir del modelo de situación o debilidad, diagnóstico, lo operativo y todo lo que refiera a Vida Consagrada para que logre involucrar en el trabajo de campo y formar un Consejo que trabaje a la par con el Obispo y presbiterio.

“Darle vida al equipo que se convierta en lo que don Raúl quiere de nosotros, un consejo de Vida Consagrada que trabaje junto con el Obispo para impulsar el Plan Diocesano de Pastoral, nos cuesta trabajo porque estamos muy expuestos a lo que se llama “el capillismo”, a estar  muy metidos en nuestro colegio, en nuestra comunidad y que ruede el mundo y necesitamos otra cosa por eso ahorita es el reto principal”.



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