Jóvenes contra el entorno

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

22 de julio de 2018

Reafirman su fe para ser apóstoles de Cristo en una colonia con problemas de adicciones, pandillerismo y violencia familiar

La colonia Omega ha aprendido a caminar en la fe en Casa San Juan de la comunidad Verbum Spei. Foto: Brenda Delabra

Muy cerca del bulevar Vito Alessio Robles, al norponiente de la ciudad se encuentra la colonia Omega, una de las más conocidas en Saltillo por la violencia que acecha a las familias habitantes de este sector.

La nombran como una de las colonias marginales de la ciudad, los primeros pobladores levantaron tejabanes, no contaban con servicios de agua, luz, drenaje, ni pavimento, los tiempos cambian y ahora desde la entrada se ven las casas construidas con block, castillos levantados, una escuela en cuyas paredes el grafiti es la primera vista, calles pavimentadas, pero la forma de vida de las familias permanece en situación de violencia.

Esto llevó a la fraternidad Verbum Spei a establecer el Centro San Juan, donde además de levantar la capilla en honor a San José Sánchez del Río, dar catecismo e invitar a la Hora Santa a los miembros de la comunidad, se tiene una lazo de fraternidad en el que se ayuda a las familias en pobreza extrema, se ofrecen becas a las y los jóvenes en edad escolar, sin embargo el programa rinde frutos a cuenta gotas.

Azucena Rodríguez llegó hace 12 años a la colonia, es de Parras y allá estuvo en formación para la catequesis con las Hermanas Catequistas Guadalupanas, además de tener contacto con la Compañía de Jesús que está a cargo de la parroquia Santa María de las Parras, esto hizo que fácilmente se integrara a colaborar con los hermanos antes Comunidad de San Juan ahora Verbum Spei.

Ella ha sido testigo del éxito o fracaso de muchos niños y jóvenes que se pierden en las pandillas, el alcohol o las drogas, pero también ha disfrutado la victoria de quienes logran salir de los vicios, incluso de la violencia que viven en sus hogares y confiesa cuesta mucho lograr atraer a las y los niños y jóvenes hacia la religión.

“Vivimos en una colonia en donde es más divertido estar con las pandillas que venir con Dios a recibir los sacramentos”, recuerda que en septiembre pasado iniciaron el catecismo para el sacramento de la Confirmación, se les hizo la invitación casa por casa, en algunas corrieron con suerte y les abrieron, en otras simplemente las ignoraron, el día del inicio llegaron algunos candidatos, solos o acompañados por un amigo, así se fue gestando el grupo del que solamente 10 lograron terminar el curso y el domingo pasado recibieron la imposición de manos de nuestro Obispo Raúl Vera.

Permanecer a pesar de las bajas fue un reto, al tener chicos con problemas de alcoholismo a muy temprana edad, en el caso de las señoritas la inquietud por los temas de sexualidad fueron tema de cada sesión.

En la familia se debe tratar y vivir con dignidad. Foto: Brenda Delabra.

“Se batalló en el hecho de que están en la adolescencia y están pensando en hacer otras cosas que no es estar con Dios, el hecho de llevarlos de la mano y decirles que hay alguien que puede estar con ellos que es Jesús… Lo que se vivió más en este grupo de catecismo fue que los niños a muy corta edad tomaban mucho, empezaban a descubrir ciertas cosas y las niñas empezaban a hablar de sexo y preguntaban cómo puedo hacerle aquí o acá. Dentro de la catequesis les decía tu cuerpo es templo del Espíritu Santo, cómo vas a dejar que el templo del Espíritu Santo sea usado para algo que nada más va a ser un rato”, comentó la catequista.

Dentro de la espiritualidad de la fraternidad está la adoración Eucarística en la que se invita a toda la comunidad, en particular asisten niños y jóvenes, pues los adultos son renuentes a participar al tener otro tipo de creencias como en la Muerte o de plano no creen.

“Cuando empezaron a venir les hablamos de las cosas con las que Dios te puede ayudar para salir de lo que están viviendo en la vida diaria. La gente aquí es como Tomás ‘hasta no ver no creer’. Se trabaja mucho con la adoración con los niños, que empiecen a conocer y vean que lo que adoran en su casa no es, que lo que pasa con los papás y conflictos familiares no es, hay algo más allá”.

Dana Paola Rodríguez Dávila, recibió el sacramento de la Confirmación después de un año de preparación, estudia en la Secundaria General número nueve y parece estar consciente de que  adquirió un nuevo compromiso.

“Primero que todo a tener fe en todo, en Dios y ahora que recibimos un nuevo sacramento ahora somos conscientes como dijo el Obispo, en el bautismo no lo éramos pero ahora si tenemos conciencia de lo que estamos haciendo. Muchos de nuestros padres aunque trabajen prefieren que pasemos el tiempo con Dios para evitar ese tipo de cosas como drogas o estar en pandillas”.

Ella le ha dado un giro a su vida, al integrarse a las actividades que se tienen en el Centro San Juan, convive con jóvenes y señoritas de otras colonias como La Gloria y el Mirador de Ramos Arizpe, que también recibieron el sacramento, al reunirse en El Ranchito del Rey, ahí va alimentando su espiritualidad y pretende continuar al ver un buen trabajo de las hermanas y hermanos en su comunidad.

Monseñor Raúl Vera en su homilía retrató la realidad de la familia en la que hay violencia, egoísmo para que la esposa le sirva al esposo, mientras los hijos están fuera del hogar sin tener la supervisión de los padres, la situación de marginación económica, social y geográfica.

Dana Paola antes de recibir el sacramento dijo ser más consciente. Foto: Brenda Delabra

“Nosotros estamos en un mundo, un universo que no es de nuestra propiedad, es de la propiedad de Dios, tenemos una estructura personal que tiene un cuerpo, un alma, una inteligencia, que tiene una voluntad, que tiene unos sentimientos, y por lo tanto esta estructura emocional tiene que darle su lugar a la inteligencia para comunicarnos en libertad…  La voluntad de mover hacia el bien, saber cuál es el bien correcto, el bien que nos hace realizarnos como seres personales, si veo una persona que necesita mi ayuda me muevo a atenderla, yo veo a una persona que está en una situación muy difícil me muevo a consolarla, ese es el bien correcto. El bien no correcto es engañar a una persona a la que le voy a vender una porquería en mi tienda y le digo esta cosas es muy buen llévatela y al tercer día se le desbarata y sé que le estoy vendiendo una porquería pero me interesa el dinero, el bien que percibo es utilizarla, es un bien egoísta mío o el que se casa pero no para hacer feliz a una mujer, sino para tener quien lo atienda”.

Les habló de la dignidad que cada una y uno como miembros de la sociedad, como hijos de Dios tenemos, y recalcó que nadie tiene derecho de hacer a nadie a un lado, aunque esté inmerso en las drogas o que alguna mujer se dedique a la prostitución para mantener a su familia, “Todos tenemos la misma dignidad y nadie tenemos derecho a verlos menos, ellos necesitan de nosotros”, destacó Fray Raúl Vera.

La comunidad de catequistas, las hermanas y los hermanos Verbum Spei trabajan a diario con pequeños en edad preescolar hasta secundaria, con el objetivo de retomar la dignidad de cada una y cada uno de ellos para que logren ser sujetos en su entorno y logren tener una mejor calidad de vida.

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