En la creación de una Iglesia fraterna

adecimiento

Brenda Delabra

No se olviden de la justicia y misericordia

 

A los pies del Santo Cristo ofrecen la eucaristía. Fotografía: Brenda Delabra

Inició el novenario en honor al Santo Cristo de la Capilla con la fidelidad de hombres, mujeres y familias que además de presentar sus plegarias, agradecen los favores recibidos, se encomiendan a nuestro Señor que este año nos llama a vivir en fraternidad, a analizar qué nos hace en la actualidad vernos como extraños.

En primera misa celebrada por Monseñor Raúl Vera, la feligresía recibió el llamado a cambiar la mentalidad de lo que significa construir una Iglesia fraterna en donde todas y todos caben, sin distinción alguna a pesar de los errores cometidos, porque el amor de Dios es para todos como lo narra la primera lectura de la carta del apóstol San Juan 4,7-12, en la que se nos pide amarnos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios que envió a su hijo para salvarnos.

En el Evangelio según San Lucas, narra la parábola del hijo prodigo, es con quien Cristo se reúne en la mesa, como indica el tema del primer día, “La mesa del encuentro”.

Al inicio de la homilía, nuestro Obispo pidió a las y los asistentes a buscar los valores que nos llevarán a vivir en fraternidad, así como a entender la parábola que el día de hoy habla sobre el recibimiento de nuestro Señor a los pecadores, con quienes se sienta a comer a pesar de los cuestionamientos de los fariseos, “Jesús es una persona importante que reconoce la verdad”.

El ejemplo del hijo menor que malgastó la fortuna de su padre y que al verse solo, en harapos, deseando comer lo que los cerdos en donde le dieron trabajo, lo hizo volver a la casa del padre, arrepentido, buscando la reconciliación con el que le dio la vida.

“El hijo emprende el regreso, en harapos, sucio, flaco, el padre lo vio venir y se enterneció y no espero que legara a la casa, se fue al encuentro, y lo abrazó. Y le dice: Padre he pecado contra el cielo y contra ti, no merezco que me llames hijo, trátame como a uno de tus empleados, y el papá está diciendo a los empleados traigan el mejor vestido, pónganle un anillo al dedo, pónganle sandalias y maten el becerro gordo porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado”.

La fraternidad se empieza a vivir desde los detalles más pequeños. Fotografía: Brenda Delabra

La misericordia del padre hacia el hijo perdido que fue recibido con una fiesta, provocó el celo, el reclamo del hermano obediente, como fariseo que se apegó a las reglas, los lineamientos esperando una recompensa, sin embargo, el amor del padre lo llamó a reconciliarse con su hermano que se perdió entre las tentaciones, y volvió reconociendo con humildad y pequeñez sus errores. 

“Tenemos que acoger en la Iglesia a los más perdidos, a los que están echando a perder su vida. No tenemos que crear una Iglesia de perfectos, no tenemos que crear una Iglesia en donde no tenemos que hacer un esfuerzo por nosotros porque todos estamos muy bien. Tenemos que hacer una Iglesia en donde nos comprometamos con la gente que no vale, con la gente despreciada, con los migrantes, como son los indígenas y los pobres, los campesinos. Esa es la Iglesia que Dios quiere, porque Dios nos ama a todos por igual, eso es lo que nos hace una comunidad fraterna no de puros ‘amiguis’. Vamos a entender el valor de la fraternidad que se refleja en decisiones y en actitudes, como la decisión que el padre tomó de acoger a su hijo”, puntualizó el dominico.

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