Ellas dieron el sí a Dios 

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

La Casa del Migrante tomó impulso gracias al trabajo de tres hermanas de la congregación Misioneras Catequistas de los pobres, labor que fue reconocida

El padre Pedro Pantoja recordó que las hermanas eran aguerridas y hasta la policía les tenía miedo

En el marco del XV Aniversario de la Casa del Migrante Saltillo, se entregó un significativo reconocimiento a las hermanas Lupita Lule y Martha Molina, quienes en el año 2000 trabajaron arduamente por defender los derechos de los migrantes, enfrentaron situaciones como amenazas, inseguridad y el dolor de recoger cadáveres de algunos que no lograron el sueño americano.

En el comedor de la Casa que está celebrando 15 años de dar cobijo, alimento, abrigo y asesoría legal y lo más importante amor, a quienes a su paso por Saltillo y cansados de una travesía emprendida desde Centroamérica, se realizó el evento para reconocer el trabajo de las hermanas. Con el canto “El Pueblo de Dios” que fue entonado por el coro donde participaron las hermanas Lupita Lule, Martha Molina y Lupita Argüello, bienhechoras y bienhechores, los 30 migrantes que actualmente están en la casa y las voluntarias.

Como signo se encendieron 15 velas blancas que representan la luz de lucha, de sufrimientos, “hemos recogido cadáveres asesinados por gene malvada, han muerto entre nosotros migrantes enfermos, lastimados, nos han nacido niños, hemos sufrido mucho y no nos quejamos de ello, al contrario pensamos que todo se ha convertido en luces, estas luces significan esperanza”, narró el padre Pedro Pantoja y para complementar hermanos migrantes colocaron los signos el agua que representa la sed, el pan y tortillas representan el hambre y lo que ellos comparten durante su viaje, los tenis como signo de los pies cansados, la cachucha que los protege del sol y frío, la mochila donde traen sus historias, esperanza, además de traer el universo cultural de su país.

Luego de una breve reseña de cómo arrancó la Casa del Migrante en el predio actual, la hermana Martha Molina dio su testimonio, “Es especial como sentía antes y ahorita, uno ni piensa cuando comienza todo lo que puede desencadenar un gesto, una palabra o un signo y en aquel momento yo creo que era la generosidad del corazón que nos desbordaba para decir si a un proyecto que viene de Dios, y ustedes los bienhechores dieron un sí… He sido testigo de la generosidad de Dios y del mundo…Es una obra que Dios la empezó y la continuo, sigue presente en ustedes y los migrantes que siguen pasando por esta casa, Lupita ha sido un pilar, un derroche de generosidad”.

Abrazos solidarios, nuestros hermanos migrantes agradecidos por la constancia de estas dos mujeres

Como un buen consejo le dijo a las y los migrantes presentes, “Ustedes que van a una tierra que no conocen, tengan valor y sepan vivir allá, aunque uno tenga documentos no es fácil, tardé muchos años en ubicar mi vida, colaboré en una parroquia en Ontario, California y soy la encargada de la catequesis, trabajo mucho con gente que no tiene papeles y es una satisfacción muy grande. Vayan para allá, construyan algo para su vida, aprovechen estudien, prepárense, en mi experiencia la personas anglos, valoran mucho la experiencia que uno puede tener, les interesan mucho los certificados, ellos ven que uno quiere trabajar con experiencia, construyan, la única forma como podemos enfrentar es estudiando, preparándonos, siendo solidarios, siendo hermanos, allá no somos hondureños, guatemaltecos, mexicanos, nos llaman hispanos o latinos”.

Por su parte la hermana Lupita Lule recordó cómo la Casa del Migrante fue un proyecto de todos los que tendieron la mano para recibir a los caminantes de Centroamérica, “Fuimos todos los que comenzamos, porque igual el Obispo nos apoyó y nos impulsó bastante, nos animó, las señoras de la misericordia, y la señora Irma Aguinaga, las bienhechoras y bienhechores que el padre siempre buscó, la comunidad de la colonia Bellavista, San José y luego la Diócesis nos facilitó este centro, nadie debe de quedarse afuera”.

La hermana Lupita Argüello que trabajó en Martha Molina y Lupita Lule, entregó a  cada una un diploma de reconocimiento en nombre de las y los migrantes que han recibido posada en la casa, luego cada una y uno de nuestros hermanos les agradecieron con un abrazo, siendo uno de los momentos más emotivos para todos el cual se prolongó con la proyección de los videos.

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