Eliminar la homofobia en la Iglesia 

Jacobo Ordoñez

jacoboodonez@diocesisdesaltillo.org.mx

Saltillo, Coahuila a 18 de mayo del 2020 

“Que Dios les bendiga, les proteja, les cubra con su mano poderosa contra todo mal, mantenga sus corazones limpios y los mantenga en la alegría, en la alegría de vivir esta vida y entregarla a favor de los demás”, Raúl Vera.

 

A la velada de oración se unieron 34 personas, entre ellas, el Obispo de Saltillo Fray Raúl Vera López, O.P. Foto Jacobo Ordoñez

La noche del pasado domingo se realizó una conmovedora velada de oración para celebrar el Día Mundial de lucha contra la Homofobia, es decir, el odio irracional que provoca violencia y discriminación hacia las personas con orientación homosexual. La celebración internacional se realiza desde que la homofobia fue descartada como enfermedad de la lista de padecimientos mentales de la Organización Mundial de la Salud; en años recientes se lucha también por la eliminación de la lesbofobia, bifobia y transfobia. La oración fue organizada vía zoom por un grupo de amigos que desde el inicio de la jornada nacional de sana distancia se reúnen a rezar de manera diaria, en lo que ellos llaman la “capilla virtual católica queer”.

Más que pedir por la eliminación de las fobias psicosociales que tanto daño hacen a la sociedad en general, la invitación fue hecha para orar y pedir a Dios Padre y Madre, que extienda su divinidad sobre el mundo entero para que se contagie el virus del amor.  A la velada de oración se unieron 34 personas, entre ellas, el Obispo de Saltillo Fray Raúl Vera López, O.P., un pastor muy cercano y querido por los colectivos católicos arcoiris de diferentes países del mundo. Quienes se dieron cita a las 8pm, tenían un cirio o una vela encendida frente a sus equipos, con la luz de sus casas apagada. En algunos casos se podía ver los rostros de quienes participaban, en la mayoría se percibía sólo la luz de las velas.

Con mucho orden y paciencia, la oración fue guiada y se incluyeron diversos testimonios y canciones; la participación voluntaria para hacer peticiones y agradecimientos, hizo de alguna manera interactiva el final de la velada. Al inicio se escuchó la narración de vida de un hombre homosexual, quien describió sufrimientos, dudas, temores, para después descubrirse ante un Dios de amor que le manda mensajes y signos de comprensión a través de personas de las que dudó le fueran a aceptar y a bendecir. Ese fue uno de los momentos más profundos que se experimentaron y que para abrir la velada, presagiaban un verdadero momento místico. Una de las oraciones que se leyeron durante la oración, fue la del padre Jaimes Martín, S.J.

Dios amoroso, tú me hiciste tal como soy.

Te alabo y te amo porque me creaste maravillosamente, a tu imagen y semejanza.

Pero cuando la gente se burla de mí, me siento herido, violentado y hasta avergonzado.

Por eso te ruego, oh Dios, que me ayudes a recordar mi bondad, que radica en ti.

Ayúdame a recordar mi dignidad, que tú me concediste cuando fui concebido.

Ayúdame a recordar que puedo vivir una vida de amor, porque tú creaste mi corazón.

 Permanece conmigo cuando la gente hace que me sienta distinto”,

y ayúdame a responder como tú deseas que lo haga:

con un amor que respete al otro, pero respetándome también a mí.

Ayúdame a encontrar amigos que me amen tal como soy.

Ayúdame, sobre todo, a ser una persona tierna.

 Y ayúdame, Dios, a recordar que Jesús me ama,

pues también él fue enviado como un marginado,

también él fue incomprendido, también a él le escupieron.

Jesús me comprende y me ama con un amor especial, por la forma en que tú me hiciste.

 Y cuando me sienta solo, ayúdame a recordar que Jesús acogió a todos como amigos.

Jesús recordó a todos que Dios los amaba.

Jesús animó a todos a reconocer su propia dignidad,

aún cuando otros no fueran capaces de reconocerla.

Jesús amó a todos con el amor que tú le diste. Y también me ama a mí. 

Una cosa más, oh Dios: ayúdame a recordar que nada es imposible contigo,

que tú tienes una forma mejor de hacer las cosas,

que tú puedes hallar una forma de amor para mí,

aunque yo no pueda verla en este momento.

Ayúdame a recordar todas estas cosas en el corazón que tú creaste, Dios amoroso.

 

Un texto de San Pablo, de la Carta a los Gálatas (Gal.3,23-29), fue transcrito o “queeritizado”, si existiese la palabra, para ser leído de manera más personal y sentida. En voz de una chica trans, se escuchó lo siguiente.

Hermanas, hermanos y hermanes, de manera que la ley ha sido nuestro apoyo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo la ley, pues todes somos hijos e hijas de Dios por la fe en Cristo Jesús. Porque quienes hemos sido bautizados y bautizadas en Cristo, de Cristo estamos revestidas y revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; ni homosexual, ni lesbiana, ni transexual, ni bisexual, ni transgénero, ni trasvesti, ni ceropositivo, ni asexual, ni pansexual, ni intersexual, ni normal; ni anormal; porque todas y todos nosotros somos unidad en Cristo Jesús. Y si todes somos de Cristo, ciertamente somos herederos y herederaderas según la promesa.

 Tras la lectura, las mujeres, los hombres, la pareja, la familia, que en esta capilla virtual se dieron cita, respondieron respetuosamente a la Palabra de Dios, y escucharon una nueva reflexión y  otra canción respecto a la unión y armonía de un solo cuerpo espiritual.

La oración fue organizada vía zoom por un grupo de amigos que desde el inicio de la jornada nacional de sana distancia. Foto Jacobo Ordoñez

Las palabras del Obispo Raúl Vera como parte de esta velada en el Día Mundial contra la Homofobia, fueron muy poderosas; se dirigió a ellas y ellos lleno de pasión, como suele hablar. En esta ocasión, quienes le escucharon estuvieron conmovidos por su fuerza y su esperanza, pues no solamente se dirigió a quienes estaban presentes en ese momento, sino para cada una y cada uno de los los integrantes de la comunidad LGBTI+ a quien iba dirigida su oración, pero sobre todo, porque Monseñor dirigía su oración directamente a Dios. Por supuesto que para iniciar, agradeció que le permitieran estar presente y les dijo que le enriquecían su vida, y para concluir, les dio la bendición. Entre los comentarios que en el mismo chat de la velada escribieron, le decían: “Gracias Monseñor Raúl, me enorgullece ser parte de su diócesis y ojalá todas las pastorales de nuestra diócesis tengan la apertura y la tolerancia que usted tiene. Siempre lo he admirado desde la JDJ 2018 en donde lo escuché hablar con tanto amor”. “Estoy conmovido por sus palabras, gracias por sus palabras, me ha tocado lo más profundo de mi corazón, ha vuelto a activar mi luz. Gracias”. “Gracias Fray Raúl. Me uno a su oración cada día, por nuestros hermanos sacerdotes, para que tengan el respeto, la apertura y aceptación hacia la comunidad LGBTTI+, así como lo ha hecho usted, y que nos ha acompañado en el camino. Que Dios madre y padre lo colme de bendiciones siempre”. Y un mensaje más, un poco más irreverente, pero no así irrespetuoso, sino por el contrario, muy amoroso, en el que le dijeron: “Don Raúl, es usted profeta para muchos, un santo, un chingón. Dios le de vida en abundancia”.

 La oración que compartió Fray Raúl Vera es la siguiente:

Ustedes son despreciados que buscan, en medio de contradicciones, la manera admirable, el reconocimiento de su dignidad, que se levantan por encima de toda la ralea de la homofobia que se propone hacerles sufrir y convencerles de lo que nuestra mente enferma está convencida. Por ello yo primero quiero hacer una oración por la Iglesia, para que nos convirtamos. Esto es lo que me propongo hoy. 

Señor, te pido que ayudes a las y los miembros de la Iglesia católica a trabajar para que entre nosotras, nosotros, nosotres, desterremos la homofobia, la lesfobia, la bifobia, la transfobia, y todas las fobias que tienen que ver con la diversidad sexual, y abramos el corazón y nuestros brazos a los miembros de la comunidad LGBTI+ acogiéndolas, acogiéndolos, acogiéndoles como hermanas, hermanos y hermanes que son de nosotras y nosotros, pues deseamos ser en verdad tu comunidad, a sabiendas que mientras sigamos conservando las actitudes que tenemos hacia ellas y ellos, no somos todavía la comunidad de hermanas y hermanos que tú nos mandaste ser.

No olvidamos que tú nos advertiste que cuando fuéramos a colocar nuestra ofrenda en el altar, si recordábamos que alguien tenía un reclamo contra nosotras y nosotros, fuéramos a reconciliarnos con el hermano y la hermana, y entonces estaríamos listos para presentar nuestra ofrenda. Tampoco olvidamos que tú nos advertiste que cuando fuéramos de camino con alguien que nos había puesto una querella y nosotros fuéramos de camino ante el juez, muy seguros, de que tenemos razón, que nos arreglemos con tiempo con la persona que está poniéndonos la querella para que cuando lleguemos ante el juez, no vay a resultar que el juez le de la razón y que llame al guardia y el guardia nos meta en la cárcel. Jesús nos dijo: “Les aseguro que no saldrá de ahí, hasta no haber pagado el último céntimo”.

Viendo las cosas desde este punto de vista, con la seguridad con la que nosotros seguimos discriminándolos a ustedes, con la seguridad con la que nosotros tenemos cerradas las puertas para ustedes, nosotros, no solamente al no acogerles como nuestras hermanas y nuestros hermanos, al no acogerles con la identidad que les caracteriza, que es parte de su ser, que es parte de su naturaleza, nosotros estamos cometiendo un gravísimos error. Acogerles a ustedes no es opcional. Acogerles en la Iglesia no es opcional, de que a quien le parezca o no le parezca. No. Es una gravísima responsabilidad porque con la autoridad moral que asumimos para rechazarles, y es verdad. Nosotros o somos de una autoridad moral ante la sociedad, y seguros de ello cómo vamos a poner en duda la autoridad que tenemos. Porque nosotros vamos a perder crédito. Pues les quiero decir que la Iglesia, al asumir la actitud que tiene de discriminación de ustedes, incluyendo los recursos que hacemos de una lectura parcial de la Sagrada Escritura, cuando queremos aventarles la Sagrada Escritura sobre la cabeza a nuestros hermanos, Señor, tú lo sabes, que estamos haciendo lecturas parciales y acomodaticias y que, en base a que nuestro prestigio de autoridad moral no decaiga, nosotros nos ponemos del lado de todas estas fobias. Estamos aumentando el sufrimiento de ellas y de ellos, Señor. Estamos autorizando lo que tú no nos permites hacer, porque tú nos dijiste: “Ámense los unos a los otros”. Tu nos dijiste que estás con el despreciado, tu nos has dicho que nos vas a hacer un examen muy riguroso para entrar a gozar de ti al final. Ayúdanos Señor, a quitarnos la ceguera. Ayúdanos Señor porque los necesitamos. Ellos nos van a ayudar a relacionarnos, no solamente con los hermanos de la comunidad LGBT que son católicos, ellos nos van a ayudar a abrirnos a esta comunidad en el mundo entero, en la sociedad. Así que Señor, esto es lo que yo te pido en primer lugar, que nos ayudes a cambiar nuestros corazones, nuestras actitudes, a encontrar los caminos que sorteen las dificultades que ahora muchas autoridades eclesiásticas ponen a los esfuerzos que desde distintos ámbitos se hacen para atenderles como se debe.

Pero también te quiero pedir por ellos, y por ellas. Al escucharles hablar esta noche, recuerdo todas la ocasiones que yo he pasado entre ellos. He pasado días con ellas y ellos, lleno de gozo, por la ternura con la que me dicen: “Queremos que la Iglesia nos vea como sus hijos. Queremos que la Iglesia nos vea como parte de ella que somos”. Me anima mucho el verles a ustedes cómo buscan contra toda esperanza y por encima de todo lo que padecen. Y esto es lo que yo le quiero pedir a Dios para ustedes. Que no pierdan su ánimo, que no pierdan su esperanza. Que no pierdan su capacidad de acogida. Que sigan poniendo todas sus cualidades al servicio de la sociedad. Que sigan con el ánimo de estar en todos los puestos en que están, para ayudarnos a la sociedad a construirnos como Dios quiere, a construir la civilización del amor, que no expulsa a nadie.

Si algo caracterizó a Jesús y se lo reconocieron sus enemigos, le llegaron a decir: “Sabemos que no haces acepción de personas”. Sí, tu Hijo nos enseñó cómo recibió aquel publicano, Zaqueo, en su casa. Cómo invitó a Mateo a ser parte de los suyos, cuando estaba estigmatizado. Cómo acogió a aquella mujer también estigmatizada como pecadora pública que entró a la casa del fariseo que invitó a Jesús a comer, quien empezó llorando a ungirle los pies a Jesús, con perfume, y con sus lágrimas que mojaban sus pies, y usaba sus cabellos para secarle. Y cuando el fariseo dentro de su corazón dijo, “si éste fuera verdaderamente un profeta, él se daría cuenta qué clase de mujer lo está tocando”. Y Jésus le dio una lección. “Simón, cuando entré, tú no me lavaste los pies”, porque era una cosa de cortesía para un invitado de la comida, hacer que lavaran los pies llenos de arena, llenos de tierra. “Esta mujer, no ha dejado de lavar mis pies con sus lágrimas. Tu no me pusiste en la cabeza, la gota de perfume. Esta mujer no ha dejado de ungirse los pies con su perfume. Te aseguro que los pecados de esta mujer son perdonados porque ha amado mucho”. También le dijo: “Tu no me diste el ósculo de la paz, cuando yo llegué a tu casa, y esta mujer no ha dejado de besar mis pies”.

¡Qué cosa más hermosa! ¡Qué lección nos da Jesús a todos! Padre Santo, yo es lo que te pido, que no dejen de luchar, los necesitamos. Yo se los he dicho a ellos, Señor. “Los necesitamos a ustedes”. Ayúdanos a integrar a esta parte de la humanidad que hasta ahora hemos desechado. Ayúdanos por favor, los necesitamos dentro de nuestra Iglesia. Lo digo por la experiencia que gracias a Dios yo he podido hacer aquí en esta Iglesia de Saltillo.

Aquí ellos nos ayudaron a abrirnos como comunidad eclesial, a la comunidad LGBT, y no solamente aquí, sino en otras partes de México y del mundo. Señor, yo te pido que no decaigan en su ánimo. Que no dejen de amar a su prójimo como yo he visto que lo saben hacer. Que nunca se quiebre su corazón en amargura y se rompa su ánimo ante la persistencia de los homofóbicos. Que nunca los dejes caer porque los necesitamos. Porque ellos nos van a ayudar a hacer la Iglesia que tú quieres. Mientras nosotros a ellos los tengamos fuera, como los tenemos, no estamos haciendo la Iglesia que tú quieres. Yo sé que tú, esta responsabilidad la repartes. Claro, yo lo sé. De esta barbaridad que estamos haciendo. Tu eres un juez justo y sabes en dónde está la mayor culpa, pero sí te pido Señor, que ellos no dejen de amar, no dejen de sentir la dignidad que ellos tienen, ni dejen de experimentar la dignidad que les corresponde, así haya tanta gente ciega que no se las de. Yo te pido que bendigas todos sus esfuerzos, como éste.

Acompáñalos. Bendícelos. Llénalos de tu ternura. Cubre sus heridas. No dejes que se amarguen jamás. Tu que lo sabes hacer todo. Y busca más entre nosotros, muchos más agentes de pastoral, compasivos y llenos de misericordia. Sin la misericordia en nosotros, Señor, no servimos para nada. Y la misericordia se ejercita ahí donde urge que nos hagamos presentes. Con la palabra del buen Samaritano nos enseñaste a estar próximos del que nos necesite, y lavándole los pies a tus discípulos, diciéndoles: “Yo el Señor, el Maestro, he hecho esto con ustedes, ustedes lo deben hacer entre ustedes, se deben lavar los pies unos a otros”. Y al final todavía les dijiste: “El enviado, no es más que el que lo envía, y el discípulo no es más que el Maestro. Si ustedes no olvidan esto y lo ponen en práctica, serán dichosos”. Es decir, nos quisiste decir, si yo, el Señor, si yo, el Maestro, he hecho esto, y ustedes son mis discípulos, ustedes son mis enviados, háganlo y serán dichosos. Sí, Señor. Tú eres encantador, porque nos pones en los lugares en donde nosotros nos tengamos que desbaratar, para poder entender a nuestros hermanos.

Yo personalmente, y lo recuerdo, en una charla que dí para quienes trabajaban en lo que llamaban la pastoral gay en Estados Unidos, lo primero que les dije fue cómo tú me has enseñado a triturarme a mí mismo, haciéndome trabajar con la gente con la que yo tengo que cambiar mis valores culturales, con la gente con la que yo tengo que quitarme mis defensas. Sí Tú me has permitido a hacer muchas pérdidas, como dice mi amigo James Alison. Cuánto me ha enseñado este hombre. Él me dice: “Las pérdidas nos dejan libres. Perder nuestras seguridades nos dejan libres”.

Que nosotros, te vuelvo a pedir por la Iglesia, que perdamos nuestras seguridades. Y por favor, a estos pequeñitos tuyos y a estas pequeñitas, y no digo pequeñitos porque lo sean, sino porque son muy grandes, pero los tenemos que cuidar. Ellos tienen más riesgos que nosotros, y sin embargo siguen adelante. Que no pierdan su ánimo ni su esperanza. Gracias Señor. Que no nos dejen de dar ejemplo. Me dio tanto gusto cuando estuve en el Congreso Internacional Arcoiris en Roma, hace 3 ó 4 años, oírles hablar de profetismo, oírles hablar de ser signos proféticos. ¡Qué cosa más bella! ¡Qué cosa más hermosa! Me dije, van a vencer porque tu estás con ellos y ellos lo entienden. ¡Qué bonito han hablado esta noche! Te agradezco, Señor, y llénalos con tu bendición. Y sépanlo, que los quiero mucho a ustedes, hermanas y hermanos. Gracias por invitarme a compartir con ustedes este momento. Y les quiero dar una bendición. Que el Señor esté con ustedes… Que Dios les bendiga, les proteja, les cubra con su mano poderosa contra todo mal, mantenga sus corazones limpios y los mantenga en la alegría, en la alegría de vivir esta vida y entregarla a favor de los demás. Y la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca siempre.

Los organizadores de esta velada de oración, varones homosexuales, se reúnen de manera virtual durante esta Pandemia todos los días a las 7am y a las 6pm para rezar laudes y vísperas respectivamente, con la finalidad de pedir por todas las necesidades e intenciones que tienen, de manera especial por aquellas que surgen a partir del virus Covid19. Algunos de los organizadores son integrantes del grupo Efetá de la Ciudad de México, grupo que es parte de la Red Nacional Arcoiris México. La misión de Efetá es ser un espacio de inclusión para vivir la fe, de manera particular para la comunidad LGBTTTIQ. Su página de Facebook es: https://www.facebook.com/efetamx/

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