Dinero, el pecado de la Iglesia de Saltillo

Jesús Castro

Zócalo Saltillo / Ruta Libre

Predicar con el ejemplo no es cómo se conducen los templos de la diócesis local que se enriquecen con los servicios religiosos

 

Fotografía Zócalo Saltillo

Saltillo, Coah.- El 1 de octubre del 2016, la Diócesis de Saltillo envió un correo electrónico a todos sus sacerdotes con la circular 13/2016. El documento firmado por el obispo Raúl Vera López contiene lo que la Iglesia llama Aranceles, y que en realidad son los precios que los templos deben cobrar por el trámite de los sacramentos.

En la lista de “estipendios por servicios religiosos” aparece que por celebrar un matrimonio deben cobrar mil 500 pesos. Y que en caso de que la parroquia no sea a la que pertenecen territorialmente los novios, les cobrarán otros mil pesos para el “traslado”.

En esas fechas, Alicia y Carlos planeaban su boda. Acudieron a la parroquia a la que ella pertenece y pidieron informes. El costo por la celebración religiosa es de 3 mil 500 pesos, les dijeron. Pero hay otros trámites que debían pagar, lo que elevó la boda religiosa a 6 mil 150 pesos.

Alicia pensó en otra opción. Le recomendaron varias parroquias de la periferia de Saltillo donde se cobra menos de mil pesos por boda. Pero le informaron que si deseaban casarse en un templo diferente al que pertenece territorialmente, tendría que pagar 500 pesos por cada parroquia que se “saltara”. En consecuencia, desembolsaría unos 3 mil pesos más. No tuvieron opción.

Lo anterior sucedió dos años después de que el Papa Francisco pronunció una homilía en contra del abuso de algunos sacerdotes que elevan excesivamente el cobro por servicios religiosos. El líder de la Iglesia católica condenó duramente esa práctica.

“Los sacramentos son gratuitos. Cuántas veces vemos que entrando en una iglesia, todavía hoy, está la lista de precios, por recibir el Bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo”, declaró el Papa.

En Saltillo sucede lo que criticó el Papa. Se llama Simonía, uno de los pecados más antiguos de la Iglesia. El término se aplica a quien se enriquece vendiendo servicios religiosos. Los feligreses lo padecen, sacerdotes y ex sacerdotes lo condenan. Mientras el obispo Raúl Vera lo permite o lo fomenta.

A eso se le suma la falta de trasparencia del dinero que entra a los templos y a la tesorería diocesana, la poca claridad en el pago de impuestos por parte de la Iglesia y un clero local dividido entre los sacerdotes que buscan y practican la justicia social, y los que cada semana aparecen en las páginas de sociales en la prensa local, viviendo entre lujos a costa de la feligresía.

UN ABUSO

Cuando Alicia y Carlos decidieron casarse comenzaron a ahorrar para la fiesta y las dos bodas, la religiosa y la civil. Por eso en octubre del año pasado acudieron a la parroquia de Fátima, en Saltillo, a la que ella pertenece territorialmente.

Le dijeron que no podía apartar lugar, porque aún no tenían la agenda del 2017. Mientras tanto fueron al Registro Civil, donde apartaron fecha y pagaron los 2 mil 300 pesos para que el Oficial del Registro acudiera al lugar de la boda para casarlos, más un curso prematrimonial y los impuestos.

Los novios volvieron en diciembre a la iglesia de Fátima. Ya había calendario. El costo por la celebración es de 3 mil 500 pesos, les dijeron, pero había que apartar lugar con mil 300. Entregaron el primer adelanto. Y ahí comenzó la escalada en el precio.

Les encargaron una serie de trámites. Acudir a un curso prematrimonial donde les cobraron 300 pesos como “donativo”. También les pidieron constancia actualizada de la fe de Bautismo y Confirmación. Por cada documento actualizado el costo es de 100 pesos. Pero en vez de 400 pesos, en la Catedral les hicieron un dos por uno, y terminaron por pagar sólo $200.

Alicia solicitó instalar flores en el templo, pero se topó con un primer obstáculo.

–Hay que pagar mil 500 pesos, dijo la oficinista.

–Pero yo voy a traer mis propias flores, más baratas, agregó Alicia.

–No, aquí sólo se acepta el paquete de flores que consigue la parroquia.

La novia no se dio por vencida. Supo que antes de su boda celebrarían un quinceaños y después otro matrimonio le pidió de favor a la oficinista que le diera el contacto de quienes separaron las misas anterior y posterior a su boda. Su intención era hablar con ellos y entre todos pagar los mil 500 pesos de los arreglos florales, para usarlos en las tres celebraciones.

–No, no señorita. Eso no se puede. Cada quien debe pagar sus flores porque son para la Virgen.

Y ya no dio más explicaciones. Si querían flores, tenían que ser las costosas que el templo ofrece. Alicia volteó a ver su novio con cara de impotencia. Él asintió. Aceptaron.

Carlos acudió luego a las misas de ese templo y constató que los arreglos florales que usan en un quinceaños, una boda o una graduación el mismo día, son los mismos. Es decir, cobran tres paquetes de adornos y sólo compran uno, el que usan en las tres ceremonias.

Fotografía Zócalo Saltillo

Hasta ese momento su presupuesto original de 3 mil 500 pesos se había elevado a 5 mil 500. Y se elevaría más. En diciembre les llaman por teléfono para que vayan a realizar la Presentación, una especie de interrogatorio que un empleado de la parroquia hace a los novios y sus cuatro testigos, sobre el conocimiento entre ellos. Por ese interrogatorio les cobraron otros 250 pesos.

Durante la primera semana de enero del 2017, volvieron a llamarles por teléfono de la parroquia. Había que hacer otro pago. Una donación obligatoria de 400 pesos para la manutención del Seminario. Alicia y Carlos reclamaron. La respuesta fue que tenían orden de la Diócesis de que a partir del 2017 ese donativo era obligatorio. Y lo tuvieron que pagar. Si no, no habría boda.

“A mí me dio mucho coraje. No es que uno no quiera dar un donativo para los seminaristas, es porque te lo hacen pagar a fuerza. Si me pidieran dar un donativo, bueno, pues lo doy en la medida de mis posibilidades, pero así, a la fuerza, no se vale”, expresó la joven novia.

A ambos les pareció excesivo el costo. Incluso pensaron ya ni siquiera casarse ahí. Una amiga de Carlos les dijo que conocía dos parroquias que cobraban mucho menos. Ellos consultaron, en una del sur de la ciudad el costo era de 800 pesos. En otra del norte eran 900.

Intentaron hacer el cambio. Pero en Fátima les informaron que, para cambiarse de parroquia, tenían que hacer un pago por “traslado” de 500 pesos por cada templo que estuviera entre la capilla de origen y la que desearan. Como al hacer cuentas resultaba que tenían que pagar 3 mil pesos más, se desanimaron.

“Nos costó tres veces más la boda por la Iglesia que por el Civil. Creo que 6 mil 150 pesos es un abuso, pero, pues que más hace la gente, si queremos cumplir con la ley de Dios, hay que pagar”, manifestó Carlos, quien agregó que, por si no fuera ya mucho lo que pagaron, también les piden llevar dos despensas como ofrenda el día de la boda.

EL PRECIO DE LA FE

Una boda por la Iglesia, en la que se cobran 3 mil 500 pesos por la celebración eclesiástica y donde las parejas gastan 2 mil 750 por el resto de los trámites, contraviene la circular 13/2016, enviada a todos los sacerdotes de la Diócesis de Saltillo desde octubre del año pasado, con esta orden:

“Estas disposiciones arancelarias entrarán en vigor a partir del 1 de enero del 2017, con carácter normativo para todos los párrocos y rectores de templo, tanto diocesanos como religiosos, y permanecerán vigentes mientras no se den nuevas directivas al respecto”. Firman el Obispo Raúl Vera y su canciller, el padre José Guadalupe Tiscareño.

El documento contiene una serie de precios que ellos llaman “estipendios por servicios religiosos”, en donde lo máximo que se puede cobrar por celebrar una boda son mil 500 pesos y 250 pesos por la presentación. No señala la existencia de otros cobros como las pláticas, la disposición de pagar sólo las flores que ofrece el templo, ni el donativo obligatorio al Seminario.

Es decir, que el sacerdote del templo de Fátima no sólo está cobrando 2 mil pesos más por la celebración del sacramento del Matrimonio, sino que le agrega costos a los que la Iglesia no obliga a los feligreses.

Además, señalan que por el cambio de parroquia a otra que no sea la de origen, se cobran 500 pesos por parroquia que se “brinquen”, cuando en la página dos de la Circular antes citada dice que el precio por traslado a una parroquia diferente tendrá un costo único de mil pesos, independientemente de los templos que haya entre una y otra parroquia.

Pero el de la parroquia de Fátima no es un caso aislado. En la parroquia de San José, por ejemplo, cobran 2 mil pesos por la boda; en el Santuario, 2 mil 200; en San Francisco, 2 mil 800; en Santa María Reina de los Apóstoles, de la colonia Los Pinos, 3 mil pesos; en San Pablo Apóstol, 3 mil; en Catedral, 3 mil 500, y el más caro es San Juan Nepomuceno, donde se pagan 4 mil pesos.

Los costos son similares tratándose de una misa para quinceaños, aun y cuando lo que estipula la Diócesis son mil 500 pesos. Y no se diga del resto de los sacramentos como Bautismo o Confirmación, donde el precio fijado son 200 pesos, y los templos antes señalados llegan a cobrar hasta mil pesos por servicio. Más otros trámites y arreglo de flores.

Y lo anterior con la anuencia o complicidad del Obispo, pues para desobedecer las disposiciones que establecen los aranceles fijados no sólo por la Diócesis de Saltillo, sino por la Provincia Eclesiástica de Monterrey, a la que pertenece jurisdiccionalmente Raúl Vera López, se requiere un permiso especial.

“Un signo visible de la espiritualidad de comunión es procurar la homologación en las tarifas y evitar las escandalosas diferencias, de manera que, quien considere que debe elevar estos estipendios (precios), necesita la aprobación del Señor Obispo”, dice el texto.

PERO NO TODOS

Cuando Alicia y Carlos refirieron otras parroquias donde las bodas se cobran en menos de los mil 500 pesos, supimos que hay sacerdotes de Saltillo que no sólo no se aprovechan de la feligresía, sino que bajan los costos originales.

Dos curas hablaron de forma anónima para Ruta Libre y dijeron que les parece un insulto los cobros excesivos de algunas parroquias, justificándose en que están en zonas residenciales o semirresidenciales, sin importarles que en sus territorios hay feligreses de clase media, baja o muy baja.

Es el caso de Fátima, a donde pertenecen territorialmente Alicia y Carlos, y cuyas familias no pertenecen a la élite de la colonia República. Lo mismo para Catedral, San Juan Nepomuceno o San Pablo, que cuentan con feligreses de clase popular.

Afortunadamente, dice uno de los sacerdotes consultados, existen más templos donde los consejos parroquiales son conscientes de la necesidad de la gente y mantienen costos razonables para realizar trámites por los sacramentos.

Existen parroquias como la del Sagrado Corazón de María, en la colonia Virreyes, Espíritu Santo, Nuestra Señora de Lourdes, el templo del Calvario, que cobran 800 pesos por oficiar bodas; 900 pesos en San Patricio y 950 la parroquia de Cristo Rey.

Mientras que entre mil y mil 450 están la Sagrada Familia, San Antonio de Padua, Nuestra Señora de la Luz, Nuestra Señora del Carmen, Nuestra Señora de Atocha, San Miguel, San Felipe y Santa María Goretti, por mencionar algunas.

“Lo que se cobra no es una forma de comprar el sacramento, el dinero es por el trámite. Se usa para pagar la luz del templo, el agua, los trabajadores de limpieza, las secretarias, el mantenimiento, eso es lo que se cobra, el servicio, no el sacramento”, declara uno de los sacerdotes entrevistados.

El otro cura lamenta la falta de caridad y obediencia a la Iglesia de quienes cobran altas sumas, por encima de lo ordenado por la Diócesis. “Duele que se hagan ricos cobrando tanto dinero. Ese no es el mandato de Dios, y algunos hermanos sacerdotes no lo entienden”, exclamó.

CORRERLOS DEL TEMPLO

Fotografía Zócalo Saltillo

Cobrar altos precios por servicios religiosos. Hacerse ricos a costa de la feligresía. Son prácticas que reprueba el Papa Francisco. Debido a esos abusos fue que en una de sus homilías condenó el cobro de los sacramentos. Y luego dejó plasmada su doctrina en la encíclica Evangelii Gaudium.

Fue el 21 de noviembre del 2014, durante la homilía matutina en su residencia de Santa Marta, en el Vaticano, cuando se refirió al evangelio de Marcos, capítulo 11, donde narra cuando Jesús, látigo en mano, corrió a los mercaderes del templo.

El Papa compara a los sacerdotes con los mercaderes de aquel entonces. Dijo que el pueblo iba al templo, no por esa gente, sino a encontrarse con la divinidad, y en vez de eso encontraban corrupción y negocio en la casa de Dios.

“Con nuestras costumbres no sacerdotales en el templo, el escándalo del comercio, el escándalo de la mundanidad… Cuántas veces vemos que, entrando en una iglesia, todavía hoy, está la lista de precios, por recibir el Bautismo, la bendición, las intenciones de la Misa, lo que hace que se escandalice el pueblo”, declaró el Sumo Pontífice.

Manifestó que los sacerdotes, laicos o secretarios, que tienen que manejar la pastoral del templo y se centran en “vender sacramentos”, se convierten en negociantes. Y eso, agregó, lo ven con claridad los feligreses.

“Hay dos cosas que el Pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero o un sacerdote que maltrata a la gente. ¡Esto no lo perdona! Y el escándalo, cuando el templo, la Casa de Dios, se convierte en una casa de negocios, como el matrimonio: se alquila la Iglesia”, expuso el Papa.

El 23 de enero del 2015 volvió a hablar sobre el tema ante los jueces, oficiales y colaboradores del Tribunal de Rota Romana, a los que dijo: “Los sacramentos son gratuitos”. Y en febrero dijo en otra homilía: “No tiene precio participar en las celebraciones de la Iglesia y por ninguna razón debería existir ambición económica por parte de los sacerdotes. Es un derecho para los cristianos y las puertas de la iglesia siempre deben estar abiertas y sin tarifas”,

Estaba citando su propia Encíclica, la Evangelii Gaudium, que en el número 47 habla de que la Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del padre, con las puertas siempre de par en par.

“Tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana”, escribió el Papa Francisco.

Y dejó claro en el número 48 de la Encíclica quiénes son a los que la Iglesia debe privilegiar. “No a los amigos y vecinos ricos, sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que no tienen con qué recompensarte”.

Pero no sólo se refirió a los sacerdotes en general, también a sí mismo. “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado”, escribió, manifestando luego que le corresponde como Obispo de Roma estar abierto a sugerencias para que su ministerio sea más fiel y acorde a las necesidades actuales del mundo.

OPACIDAD ECLESIAL

Pero el Papa ha ido más allá cuando se dirige a su Iglesia, y en particular a la mexicana. En su visita a nuestro país, no sólo les pidió a sus sacerdotes la opción por los pobres, también les invitó a ser transparentes en el manejo de la administración eclesial.

Durante una reunión con Obispos en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, el 14 de febrero del 2016, el Sumo Pontífice hizo varias peticiones, la principal tenía que ver con transparentar los recursos de la Iglesia.

“En la Iglesia no se necesitan príncipes. No le tengan miedo a la transparencia”, les dijo, porque “la Iglesia no necesita de la oscuridad para trabajar”, agregó el líder de la Iglesia católica.

Pero sus palabras encontraron oídos sordos en la Diocesana de Saltillo. Hasta la fecha no han transparentado el uso específico que le dan a cada peso de los 5 millones que recaban cada año por concepto del diezmo; ni en las parroquias los sacerdotes ofrecen informes a sus feligreses para darles a conocer en qué se usa el dinero que recolectan por limosnas y servicios religiosos.

El mismo obispo Raúl Vera, uno de los principales críticos a las administraciones gubernamentales que no transparentan los recursos públicos, cuestionó al Gobierno federal al pretender que las limosnas que recibe la Iglesia sean fiscalizadas.

Lo declaró a los medios de comunicación el 25 de agosto del 2014, luego de una misa en la parroquia Santa María Reina de los Apóstoles, justo en el año en que el SAT obligó a las asociaciones religiosas a registrarse ante Hacienda.

Vera López dijo en esa ocasión “es injusto” que la Secretaría de Hacienda pretenda cobrar impuestos a los donativos y limosnas que recibe de la feligresía, incluyendo en ese dinero lo que reciben por pago de sacramentos y servicios religiosos.

“Vemos dificultades, no por la contabilidad, somos ciudadanos y debemos cumplir con la transparencia, el problema es que nos quieren tratar como empresa lucrativa, no tenemos, al menos en la mayoría de las Diócesis, grandes presupuestos y la mayor parte lo recibimos por donativos”, declaró Raúl Vera en aquel entonces.

Hasta la fecha, aunque todas las parroquias deben darse de alta en Hacienda, sólo declaran impuestos en razón del ISN de los trabajadores que tienen. Continúan sin informar sobre la cantidad de dinero que reciben por limosnas, donativos y pago de servicios religiosos. Tampoco declaran sobre el uso que le dan al dinero. Y menos pagan impuestos sobre ese recurso, que algunos sacerdotes gastan de forma discrecional.

CULPAN AL OBISPO

Fotografía Zócalo Saltillo

Óscar es un ex sacerdote que estudió durante la época en que todavía era obispo titular don Francisco Villalobos Padilla. Le tocó ejercer el ministerio en la etapa de Raúl Vera. Culpa a éste último del desorden en la curia diocesana, la división entre los sacerdotes, el uso discrecional del dinero en las parroquias y la falta de fraternidad en el presbiterio.

Critica que el Obispo esté más interesado en sus viajes, en sus conferencias, en navegar con una bandera de la teología de la liberación, en vez de vivir lo que predica y aplicarlo primero a sus sacerdotes, a los que se enriquecen, a los que se alejan, a los que cometen errores.

“Si él estuviera al tanto de su presbiterio, no habría sacerdotes indiferentes de los otros, del hermano. Porque si fuera en realidad un pastor, un padre, estuviera viendo a sus sacerdotes como si fueran sus hijos. Y yo creo que cualquier papá, si ve que uno se retira, pues lo acerca, si ve que está actuando mal, lo reprende. Pero no lo deja a la buena de Dios”, declara.

Recordó que los sacerdotes que ahora viven con lujos al elevar escandalosamente el costo de los servicios religiosos en sus parroquias, fueron sus compañeros en el Seminario, donde la formación los preparaba para llevar una vida austera y sencilla.

En aquella época vivían de la caridad de la gente y del apoyo de sacerdotes como el padre Patricio Quinn o el padre Antonio Elizondo. También aprendieron a hacer pan, limpiar pisos, tallar madera, y otros oficios.

Lamentablemente, algunos de aquellos seminaristas se olvidaron de esa formación y ahora son los fiscales de sus compañeros sacerdotes. Los protectores de la Curia. Los que causan división por su ostentosa manera de vivir. Y ven con desprecio a quienes critican a la Iglesia que cuenta billetes.

“Son los que prefieren tener un status social, desarrollarse con personas pudientes y obtener un beneficio. Y los tenemos a la vista. Los puedes ver en las revistas, puedes ver cuáles son los sacerdotes que ofician las misas o las bodas o bautizos, los sacramentos de gente que tiene mucho dinero, sean políticos, sean empresarios, sean industriales”, expresó Óscar.

Pero no los culpa del todo. Expresa que si el obispo fuera Pedro Pantoja sería distinto. Pues él sí da testimonio de lo que predica y orientaría a sus sacerdotes a vivir el Evangelio y la opción por los pobres. Lo que no puede hacer Raúl Vera, quien vive en una casa con todos los lujos y comodidades, se trasporta en vehículos caros y se la pasa viajando.

Por el contrario, tanto los sacerdotes como los exsacerdotes, en vez de ver al Obispo con respeto, le temen. Por eso Óscar prefirió el anonimato para sus declaraciones. Y no estuvo errado, porque el miedo fue la razón por la que ocho sacerdotes rechazaron testimoniar para este reportaje, y sólo dos aceptaron, pero sin que apareciera su nombre,

Entre las cosas en que coincidieron es en que el Obispo poco sabe de si sus sacerdotes tienen para comer o para vivir. Lo único que le consta es lo que les envió en la circular 13/2016, pues en la página dos establece que del dinero que recaban las parroquias les deben entregar a los párrocos una ayuda para manutención de 6 mil 570 pesos por mes, más 3 mil pesos para alimentación.

En la práctica, dice el ex sacerdote, esto no sucede en templos donde se respetan los costos de los servicios religiosos y no se le exige a la feligresía actividades para sostener al cura. Él pocas veces obtuvo un sueldo y comía en la casa de sus feligreses. El dinero de la parroquia donde estuvo asignado, apenas alcanzaba para pagar servicios, empleados y dar un porcentaje a la Diócesis.

Recuerda que se tiene Seguro Social porque se dan de alta en Hacienda. Y la diócesis los obliga a pagar 40 mil pesos para un Seguro de Gastos Médicos Mayores. Pero no cuentan con pensión para retiro, ni seguro de vida. En cambio, los curas de élite cada año se van de vacaciones a Europa, comen en lujosos restaurantes y conviven más con políticos, que con sus hermanos sacerdotes.

Para Óscar, el homicidio del padre Joaquín Hernández debe ser una llamada de atención para que el Obispo y los sacerdotes reflexionen sobre la falta de fraternidad en el presbiterio, y pensar si lo que están haciendo es en beneficio de la Iglesia, porque de eso un día les van a pedir cuentas.

Y que ojalá lean la Encíclica Evangelii Gaudium, donde el Papa Francisco escribe que “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio, y la evangelización está dirigida gratuitamente a ellos. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos”.

PECADO DE SIMONÍA:

La palabra Simonía se deriva del personaje de los Hechos de los Apóstoles, Simón el mago, quiso comprar los poderes que Pedro decía tener del Espíritu Santo. Basándose en estos versículos bíblicos, el catecismo católico define el pecado de simonía en su artículo 2121:

“La simonía (cf Hch 8, 9-24) se define como la compra o venta de cosas espirituales”.

Históricamente se define como el negocio de compra-venta de servicios religiosos, como la impartición de sacramentos, bendiciones, consejos y hasta prédicas, realizado por sacerdotes, con la intención de enriquecerse o adquirir poder.


ESTIPENDIOS POR SERVICIOS RELIGIOSOS

 

  • Bautismo $ 200
  • Confirmación $ 200
  • Matrimonio $ 1,500
  • XV años, graduaciones, aniversarios $ 1,500
  • Estipendio para sacerdote invitado $ 200
  • Certificación extemporánea de bautismo $ 75
  • Copia Literal de Actas $ 110
  • Corrección de actas $ 55
  • Misa de difuntos $ 00
  • Estipendio por realizar el sacramento del matrimonio en parroquia diferente a la de la presentación $ 1000

 

SUELDOS DE SACERDOTES

(Mensual)

 

Párroco:

Manutención $ 6,570

Alimentación $ 3,000

 

Rector de templo:

Manutención $ 6,070

Alimentación $ 3,000

 

Vicario:

Manutención $ 5,770

Alimentación $ 3,000

 

Diácono:

Manutención $ 4,670

Alimentación $ 3,000

 

Formador del Seminario:

Manutención $ 6,570

Alimentación $ 6,570

 

** Agradecemos la información a Jesús Castro

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