Diecisiete años de renovación

Brenda Delabra, Arturo Zuazua, Adalberto Peña

comunicacion@diocesisdesaltillo.org.mx

La toma de posesión de Fray Raúl Vera como Obispo de la Diócesis de Saltillo abrió la puerta a un cambio de mentalidad del catolicismo conservador

19 de marzo de 2000 llegada de Fray Raúl Vera a Saltillo/ Foto: Archivo de Catedral

El 19 de marzo de 2000 es una fecha no sólo para recordar, sino que marca la pauta de un cambio que ha significado en los 18 municipios que integran la Diócesis de Saltillo una transformación de la vida pastoral con la llegada de Fray Raúl Vera como Obispo.

Con una historia de trabajo en comunidades indígenas como Obispo en Ciudad Altamirano, Guerrero, Diócesis a la que llegó en 1988 dejó huella entre los campesinos, habitantes de zonas marginadas, a quienes además de evangelizar, inició la defensa por los derechos humanos de los habitantes. Luego en San Cristóbal de las Casas como Obispo Coadjutor de Don Samuel Ruiz, con quien logró crear condiciones de diálogo entre el EZLN y el gobierno mexicano, con el objetivo de que los pueblos indígenas tuvieran condiciones de vida más justas.

En su labor pastoral aprender la lengua, llegar a los lugares más recónditos a pie, en burro, caballo, y bajo las condiciones más extremas, Monseñor Raúl Vera López demostró que su formación en la Orden de Predicadores, no fue una casualidad, pues su carácter firme, de pensamiento combatiente y siempre critico ante la injusticia, lo trajo a Saltillo. El 30 de diciembre de 1999 el Papa Juan Pablo II le dio la noticia que sería enviado a la tierra del sarape.

Dejar tierra chiapaneca sin duda fue un golpe doloroso, pues cuando comenta las anécdotas con nuestros hermanos indígenas, siguen brillando sus ojos, algunas tristes, otras chuscas, otras más peligrosas, pero todo valió la pena, pues cada vez que pisa ese territorio lo reciben con gran calidez, misma alegría con la que le reciben también en ciudad Altamirano, en tierra caliente.

Tomó posesión el 19 de marzo de 2000, por fieles conservadores, tradicionalistas y comprometidos en la fe, Monseñor Vera López puso a prueba la vida cristiana de sus habitantes. Una de las anécdotas más recordadas por los feligreses saltillenses fue la posada del Banco de Alimentos realizada el 10 de diciembre de ese mismo año, la señora Arcelia Vargas, ex integrante del patronato narró el momento, Fray Raúl Vera arribó como invitado donde personas de escasos recursos eran al igual que él los invitados principales.

En un banderazo para la colecta anual del Banco de Alimentos / Foto: Archivo Diócesis de Saltillo

Vargas recuerda que al estar reunidos y previo a la bendición de nuestro Obispo, les habló de una familia de migrantes, en la que la mujer estaba a días de dar a luz y el esposo tenía una fractura en un brazo, además de no tener dónde dormir. “El Obispo nos preguntó que quién de nosotros podíamos recibir en nuestras casas a una familia migrante que recién acababa de llegar a la ciudad, en ese momento se hizo un silencio sepulcral pues nadie se atrevía a levantar la mano”. Finalmente se rompió el silencio y fue Mariano Macías director de logística y sistemas de la empresa HEB, quien habitaba en la vecina ciudad de Monterrey quien alzó la voz y aceptó llevarse a la familia peregrina y darle alojamiento, pero la sorpresa fue tal que los presentes en ese momento no supieron qué externar, al ver que el único en levantar la mano recibió las imágenes de Jesús, José y María, en vísperas de la Navidad.

Entre los asistentes se encontraban los matrimonios integrados de Carlos Mery y Carmina Mery (+), Guillermo Elizondo y Guadalupe Elizondo, Patricia Garza y Alberto Garza, Alfredo Garza y Silvia Mohamar (+), Carlos Ibarra y Kerim Talamaz, Norma Arzuaga y Hermita Arizpe. Aunque esta anécdota causó revuelo entre la sociedad saltillense, la experiencia marcó sin duda la vida de quienes presenciaron aquel día. Arcelia describe a José Raúl Vera López  como un pastor jovial, valiente, que inspira paz, lleno de amor,  “Yo le diría que Dios lo acompañe en este proceso por el que pasa el mundo, que siga realizando su labor pese a todas las adversidades que se le puedan presentar y que siga con esa lucha incansable por quien lo necesita”.

Otra de las anécdotas de Fray Raúl Vera fue en 2013 en una colecta realizada por el Banco de Alimentos, la cual permanece en la memoria de Martha Garay Cadena quien en ese año presidía el patronato de dicha asociación, “Recuerdo que durante la colecta, el señor Obispo se me acercó y me dijo en secreto que teníamos que mandar esta ayuda a nuestros hermanos de Guerrero pues había sucedido una catástrofe natural”, mencionó que además quien dirigió la Diócesis de Ciudad Altamirano, hizo hincapié en que la ayuda se estaba mandando sólo a las ciudades importantes y no a las comunidades rurales, ese año la colecta fue copiosa, y ante la solicitud del jerarca católico Coahuila se unió en hermandad por Guerrero.

Ya en consenso de todo el comité, empezaron a localizar los poblados en los que la ayuda no había llegado, uno de ellos era Ciudad Altamirano, sin embargo el acceso a esa parte del estado de Guerrero era imposible debido a la magnitud del desastre, pero Fray Raúl Vera contactó a un grupo de religiosas de ese poblado y fue posible un recorrido por la zona afectada al grupo enviado por el patronato del Banco de Alimentos.

“Al momento de ver que los camiones llegaron hasta el lugar del desastre se me vino a la mente aquel momento que el Obispo me dijo Martha -hay que ayudar-”, Martha Garay acepta que sin esa visión que el señor Obispo tuvo en ese momento, todo lo que se logró se hubiera visto adverso, pues es una persona que siempre está pensando en los demás. “El señor Obispo tal vez no se pueda imaginar que debido a esa petición que él hizo, miles de familias que estaban esperando ayuda recibieron el cariño de todo un estado. Es para mí un honor haber pertenecido al Banco de Alimentos, en el que él siempre estuvo presente, sus enseñanzas siempre van a estar presentes en mi”.

La franqueza con que predica es incómoda para muchos, no obstante a pesar de recibir amenazas, ser vigilado e incluso intimidado, esto no frena el trabajo del fraile dominico quien invitado por unos jóvenes amigos, acudió un 24 de diciembre a cenar con una familia muy especial, habitantes en la colonia Burócratas del Estado, sin recordar el año, el matrimonio integrado por Alfonso Treviño Sánchez y María Teresa de Jesús García, ambos invidentes fueron elegidos por Gabriel Salas y Luis Fernando Valdés, para regalarles una Noche Buena muy especial. “Fue una gran sorpresa, nos hubieran avisado para por lo menos limpiar, llegó entre 10 y 11 de la noche, andaba oficiando una misa, don Fernando decía ‘ya mero llega, anda en un mandado’, y que sorpresota, que no era cualquier amigo, era el Obispo”, comentó doña María Teresa.

Hace más de 10 años que pasaron la Noche Buena cenando con el único prelado dominico del episcopado mexicano. Elida María, hija de María y Poncho  aún era pequeña y esa noche como muchas otras la pasarían en familia, prepararon tamales de pollo para cenar, sin embargo los bienhechores les llevaron una rica cena, la cual se complementó perfectamente con la charla, “Fue muy especial, es muy amable, nos reímos mucho, contamos muchos chistes y platicamos de todo, fue un gusto recibirlo, nosotros no teníamos nada, pura hambre”, recordó don Poncho.

Mientras que su esposa María Teresa, evocó el momento en que nuestro pastor se paró en la puerta de su humilde y pequeño hogar, “Le reconocimos por la voz porque en la radio lo escuchábamos, aunque no creíamos que era él. Yo no lo conocía, llegó diciendo que era José Raúl Vera, el obispo, se nos hacía muy imposible, y le decía al día siguiente a las vecinas, anoche vino el obispo a vernos y todos muy admirados, nadie supo, si no se vienen todas, alrededor de la cuadra”.

Aquel año fue inolvidable, aunque la visita fue muy grata, para María Teresa el sinsabor de no tener trastes, platos, cubiertos, tazas sin haza, aún le da vergüenza, y aunque no han vuelto a saludar a nuestro Obispo, lo tienen muy presente, al escucharlo en las noticias por radio, “Está bien que nos ayude a despertar de tanta brutalidad, de tanto funcionario corrupto que hemos tenido, si me pregunta de cuándo conozco un funcionario corrupto, le puedo decir que de toda la vida; nunca he encontrado uno que le llegue al guante”. Don Alfonso sonríe al recordar a Monseñor Vera y no dudó en enviarle un mensaje, “Que Dios lo bendiga y se cuide, que no se vaya, que no piense en dejarnos y si piensa en dejarnos que siga con la fe que tiene y la voluntad que trae porque él es muy ayudador a la gente de pocos recursos”.

Don Poncho y María tuvieron un gran regalo de Navidad al recibir en su casa al fraile dominico una Noche Buena/ Foto: Brenda Delabra

Su Opción por los Pobres es sin duda lo que ha enriquecido su ministerio episcopal, ver la necesidad del prójimo, buscar justicia, la igualdad, la dignidad de la persona lo hizo crear un Plan Orgánico de Pastoral el cual se emprendió a partir de la Carta Apostólica Novo Millenio Ineunte que pronunció el Papa Juan Pablo II en el año 2000. La unidad de la iglesia no es uniformidad, sino integración orgánica de las legítimas diversidades. Es la realidad de muchos miembros unidos en un solo cuerpo, el único Cuerpo de Cristo (cf. 1Co12,12). El formar las 25 comisiones diocesanas que den el acompañamiento y apoyo a la estructura de la Iglesia, no ha sido fácil, destaca Rodrigo Montelongo quien forma parte de la Pastoral Social, “El ser guiados por el Obispo Raúl Vera en estos 17 años ha venido a darle oxigeno al trabajo pastoral de nuestra diócesis, porque el compromiso personal de nuestro obispo como profeta de nuestro tiempo nos anima a convertirnos en profetas en la comunidad, anunciando la palabra de Dios y denunciando las estructuras de pecado, igual que los profetas del antiguo testamento que hablaron con la voz de Dios y con la esperanza de cambio de la gente”.

“El Obispo y la gente que trabajamos con él tenemos ese mismo deseo, esa esperanza, que Dios nos ilumine para que seamos forjadores de un cambio en las estructuras sociales, esto es, un Evangelio cada vez más encarnado, pareciera que la Iglesia debería circunscribirse al templo, pero no, la Iglesia está en cada uno de sus miembros”. Rodrigo Montelongo tiene dos años en la Pastoral Social, su trabajo como laico viene de más atrás y continúa sin comprender el por qué se mantiene una resistencia en cambiar la forma de llevar y vivir el Evangelio.

“Las mayores resistencias que no se encuentra con el laicado y la sociedad, es el cambio de paradigmas, la resistencia a sumir los valores evangélicos de una manera absoluta para realmente ser, portadores de ese Jesús vivo, Jesús profeta que actúa en la vida de la comunidad. La resistencia se va venciendo en la medida en que el fiel va entendiendo su función misionera, todos los fieles, todos los bautizados estamos llamados a ser con la Iglesia, en la Iglesia y para la Iglesia, misioneros de este mensaje de esperanza, donde la prioridad obvio son los pobres, los carenciados, los que necesitan realmente y queremos llegar a las periferias existenciales”, destacó Rodrigo Montelongo.

La lucha social de Raúl Vera

Monseñor Vera López junto al padre Pedro Pantoja quien sostiene en sus manos el retrato de la señora Esther, una de las principales impulsoras del proyecto Casa del Migrante Saltillo. Fotografía: Adalberto Peña.

Monseñor Vera López junto al padre Pedro Pantoja quien sostiene en sus manos el retrato de la señora Esther, una de las principales impulsoras del proyecto Casa del Migrante Saltillo. Fotografía: Adalberto Peña.Para Pedro Pantoja, sacerdote diocesano que ha dedicado gran parte de su ministerio a la lucha por la dignificación y el respeto a los derechos de los migrantes, recuerda la llegada de Fray Raúl Vera López a la Diócesis de Saltillo, como un profeta y visionario de la solidaridad para con los oprimidos y las minorías que han sido pisoteadas y humilladas por la sociedad. Ha sido esta visión la que ha permitido el diálogo y las acciones emprendidas para visibilizar, sensibilizar y propiciar un mejor trato por parte de la sociedad y las autoridades para quienes, en la búsqueda del “sueño americano”, transitan por nuestro país.

“Ha sido un logro profético desde el año 2000 hasta la fecha, de tal manera que aquí se aplica el Evangelio: El que tenga oídos que oiga. Definitivamente quienes no sean consientes de todo esto, quiere decir que no tienen ojos para ver toda esta realidad, esta es la grandeza de todos estos años desde que llegó él, hasta ahora”.

Una sociedad callada e inmóvil y un cristianismo que por mucho se aleja de aquel modelo de cercanía a los pobres en sus alegrías y tristezas son parte del panorama que nuestro Obispo tuvo que enfrentar a su llegada a esta diócesis, pues los laicos eran completamente ajenos a la realidad que enfrentaban no sólo los migrantes sino los mineros, obreros, familiares de personas desaparecidas, etcétera.

El sacerdote recuerda que anteriormente el territorio diocesano comprendía más municipios entre los cuales se encontraba Ciudad Acuña, territorio de migrantes. Apreciar esta realidad le permitió al entonces recién llegado Obispo de Saltillo darse cuenta que era necesario iniciar una nueva lucha, asumir un compromiso y proyectar su liderazgo a favor de los “caminantes de la esperanza”.

La creación del FUNDEC y el Centro Diocesano para los Derechos Humanos Fray Juan de Larios, es fruto del Plan Pastoral, Foto: Brenda Delabra

Existe un antes y un después en la vida del padre Pantoja, marcado por el apoyo recibido de parte del dominico. “Raúl Vera ha sido para mí un aliento, un reforzamiento en la lucha, puesto que desde cuando se tenía esta problemática social muy cruda: las explosiones de los mineros, la migración forzada, entre otras; pero fue él quien asumió esta tarea y ha dado este acompañamiento que antes de su llegada era dado por diferentes organizaciones que ayudaron a que se germinara el trabajo con el ámbito social”. Pantoja  también recuerda que una serie de hechos violentos en el año 2000 en contra de migrantes fue la señal de alerta para iniciar el proyecto de Casa del Migrante en Saltillo, pues los casos de derramamiento de sangre y muerte iban en aumento.

Por último apuntó que a pesar del avance en estos años en que la Diócesis de Saltillo ha tenido al frente al único obispo dominico mexicano, aún  hay cosas por hacer, “Creo que queda mucho por hacer, la migración sigue avanzando, el hambre, las injusticias; creo que el trabajo pastoral de Monseñor Vera no ha terminado, nuestro trabajo con él tampoco, de manera que hay un horizonte de pascua muy importante y muy grande para todo esto”,  finalizó Pedro Pantoja.





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