De corazón misionero

Adalberto Peña

adalberto.godines@diocesisdesaltillo.org.mx

6 de abril de 2018, Candela, Coahuila.

La aventura de ser discípulos que vuelve apasionante la vida del cristiano

Decir que se ama al prójimo y no involucrarse con él en sus alegrías, en sus tristezas y en su día a día es caer en una gran contradicción. La realidad actual exige a los cristianos tomar responsabilidad sobre la tarea evangelizadora de nuestra Iglesia, realizarla con pasión y responder al llamado de ser discípulos misioneros a partir del encuentro con Cristo.

Iván Yánez y Fabián Torres trabajando en la catequesis infantil durante la semana santa. Fotografía: Adalberto Peña

Para los seminaristas del Curso Introductorio del Seminario de Saltillo, lo anterior no es algo nuevo, sin embargo acudir a la misión no deja de ser algo especial y enriquecedor. La experiencia de acudir 15 días a trabajar en el municipio de Candela, Coahuila y dos de sus ejidos durante el culmen de la cuaresma y la Semana Santa les ha dejado una visión más clara de las necesidades que se viven en nuestra región y el trabajo pastoral necesario para darles un acompañamiento que ayude a la formación de agentes de cambio.

Mas allá de las enseñanzas que puedan llevar a las comunidades que visitaron, el aprender de ellas y ellos es lo más satisfactorio, descubrir a Jesús en el rostro de cada mujer y hombre y confirmarlo en cada acción, convierte la experiencia en un encuentro que les invita a seguir respondiendo al llamado de Dios a colaborar con su proyecto. “Verles acudir a las celebraciones, a los diálogos y actividades con tanta fe, es algo que renueva la mía, la aumenta incluso cuando siento que está débil”, expresa Osvaldo Valdés.

Encontrar una comunidad organizada, ferviente y participativa pese a la falta de un sacerdote de planta en la Parroquia de San Carlos Borromeo, resultó una sorpresa para el equipo, quienes tienen la seguridad del gran avance que tendrían con un buen acompañamiento pastoral que encause el entusiasmo de la comunidad hacia buenas obras que ayuden a dignificar su vida y la de los demás.

El coro formado por miembros de la comunidad fueron ensayados por Osvaldo Valdés y Héctor Castillo. Fotografía: Adalberto Peña

Aunque ser misionero es difícil en un mundo que parece no escuchar lo que hay alrededor, en una sociedad en la que todos parecen tener prisa sin la oportunidad de detenerse a observar lo que sucede y mas aun, ser misionero joven en medio de tanta gente que ha dejado de apostar por ellos, que les desvaloriza y les excluye, su presencia en el pueblo logró animar y motivar a las y los feligreses, haciéndoles participes de distintas actividades.

Para Teo Rodríguez, la mano de Dios, por insistencia de San Carlos los condujo hasta esta porción del territorio diocesano: “Nos hemos dado cuenta que esta comunidad constantemente ora por el aumento de vocaciones, por los sacerdotes, por las religiosas y religiosos; su santo patrono es San Carlos Borromeo, patrono de los seminaristas y estar aquí es ver como por intercesión de él podemos compartir nuestras vidas entre ellos (el pueblo) y nosotros”

Tener que despedirse de dos de sus compañeros que por causas de fuerza mayor tuvieron que regresar a sus hogares antes de concluir la misión les hizo sentirse incompletos, aunque no desapareció el entusiasmo para seguir con el trabajo: “Es difícil porque son personas que suman, puede ser que a nosotros se nos dificultan algunas cosas que a ellos no, cada uno tenemos diferentes habilidades y debemos sacar el trabajo adelante. Si se siente pues somos un grupo pequeño pero eso nos ayuda a trabajar de forma mas unida”. Comenta Iván Yáñez.

Alejarse de las comodidades, desprenderse de sí mismos y servir a los demás, son apenas el principio de los retos que deben enfrentarse al ir a tierra de misión, pues hoy nuestra gente necesita personas que sean, a imagen de Jesús, uno más con ellos y no solo para ellos, que conozcan su cultura, su gastronomía, usos y costumbres para desde ahí ser Evangelios vivos antes de pronunciar palabra alguna.

Teo Rodríguez durante los diálogos cuaresmales para adultos en Candela, Coahuila. Fotografía: Adalberto Peña

“Yo tenía muchas expectativas sobre esta misión, ya había estado aquí en la campaña vocacional y no tuvimos buena respuesta, esta vez los jóvenes se han acercado y la estrategia ha sido hablarles a través del testimonio, realmente nos ha ayudado a que mas jóvenes se acerquen”. Menciona Héctor Castillo, quien además colabora con la Pastoral Vocacional en las regiones desierto y siderúrgica.

Para ser discípulo es necesario tener un encuentro con Cristo para, después de ser testigos de sus maravillas, proclamar el mensaje de salvación a todas las personas; algo que Fabián Torres tiene muy presente tras la experiencia de ser evangelizado por misioneros en Guelatao, ejido de General Cepeda, Coahuila, de donde es proveniente. “Yo fui misionado, durante cuatro misiones yo fui aprendiendo de Dios, al principio me incluían un poco, después me daban la oportunidad de apoyar e intervenir más, todo dentro de mi comunidad. Nunca imaginé que me tocaría ir de misiones después; hoy trato de ponerme en el lugar de las personas con las que voy a llegar, con la emoción que sienten de saber que vas a estar ahí compartiendo con ellos y trato de dar todo lo que yo recibí algún día”.

Al final, en el corazón de los misioneros, se quedan los aprendizajes adquiridos del testimonio de la gente, de su humildad, entrega, cariño y esfuerzo puesto en cada actividad, lo que se convierte en combustible para seguir avanzando en su preparación y entrega a Dios en el servicio con la certeza de que es necesario estar conectados a la fuente de energía para poder ser luz que disipe la oscuridad.

Viajar a lugares distintos en cada apostolado o en cada misión, es una experiencia que les permite enfrentar y conocer la realidad de nuestra diócesis en sus diferentes regiones. Conocer otros lugares les permite palpar y ver de cerca el campo de acción que posiblemente en un futuro les tocará pastorear. Es la formación que no reciben en las aulas, que no leen en algún libro; es el testimonio de un pueblo que como muchos esperan por buenos pastores.

 

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