Contemplan la grandeza del amor

Brenda Delabra

 brenda.delabra@diocesisdesaltillo.org.mx

11 de marzo de 2018

Y se preguntan qué más puedo hacer por ti, que no lo he hecho

La comunidad de el Divino Pastor recibió el terreno para edificar la capilla Foto: Brenda Delabra

La comunidad de la colonia Santa Elena tiene un nuevo propósito de renovación para su capilla Divino Pastor que de estar situada en un terreno provisional, ya les fue donado uno para edificar el templo donde niños, jóvenes, mujeres y hombres adultos además de asistir a misa, trabajan en el Plan Pastoral Diocesano.

En el cuarto domingo de Cuaresma se hizo la bendición del terreno, previo a la celebración de la Santa Misa, el presbítero Luis Carlos Pisfil pidió en oración que los laicos trabajen para tener un lugar digno en el que puedan los niños recibir la catequesis, los jóvenes enriquezcan su fe, así como los matrimonios y familias del sector, pero sobre todo que mantengan la unidad, respetando a cada uno.

“Esperemos que Dios nos conceda construir como debe ser, ya que hasta ahora tenemos nuestro tejaban, lo importante no es tener una Catedral, sino que en todos permanezca la unidad, el trabajo común, la solidaridad”.

Con el rezo del salmo y el canto del coro, el padre esparció el agua  bendita a lo largo y ancho del terreno que colinda con el rastro municipal, mientras que los laicos y laicas se unieron al canto. Luego inició la celebración eucarística.

Durante la homilía el padre Luis Pisfil invitó a los feligreses a meditar sobre el accionar de Jesús en la vida de cada uno, luego de que Adán y Eva rompieran la Alianza que Dios hizo con su pueblo, pero el que Dios entregará a su hijo en la cruz para salvar a la humanidad del pecado, a la que perdona y con la que es misericorde siempre.

Preguntarnos qué podemos hacer por los demás es una acción enriquecedora Foto: Brenda Delabra

“La historia caídas y levantadas, cómo es nuestra vida, hacemos propuestas, tomamos conciencia de la verdad y el camino que debemos seguir, pero nos cansamos, dudamos, nos debilitamos, pecamos y nos vamos apartando de Dios y sin embargo, Dios siempre renueva su amor entre nosotros, todos los días renueva su misericordia con su pueblo. Todos los días el Señor nos perdona pero todos los días pecamos, estamos obstinados porque no queremos cambiar, no queremos volver a él con todo corazón con toda el alma”.

Reconociendo los pecados, la indiferencia hacia los demás, la hostilidad, las diferencias hacia quienes nos rodean en la casa, en la familia, el trabajo, cuando se está sumergido en el orgullo, agachados, encorvados, es momento de aceptar la invitación de Jesús a levantar la mirada y ver la cruz.

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