Calmar la tormenta y las marejadas de hoy

 

Jacobo Ordoñez

jacoboodonez@diocesisdesaltillo.org.mx

Saltillo, Coahuila, México a 28 de julio del 2020

 

“Es importante que nosotros fortalezcamos nuestras conciencias y nuestro corazón en este Novenario. Dios sea bendito”, frase con la que concluyó la primera homilía del Obispo Raúl Vera.

 

Primer día del Novenario del Santo Cristo 2020, durante la misa de las 5.30am Fotografía: Equipo diocesano de comunicación

El multitudinario Novenario del Santo Cristo de la Capilla de Saltillo ha iniciado este año de manera extraordinaria pues la Pandemia ha obligado a los Presbíteros de la Catedral de Santiago a organizarlo de manera virtual. El descenso y traslado de la imagen del Santo Cristo que suele ser venerado por miles de personas mientras pasa de su capilla al templo Catedral, se ha realizado por primera vez a puertas cerradas y así continuará los nueve días y durante la fiesta del 6 de agosto.

Actividades deportivas, musicales, infantiles, rosario diario, día de la caridad, el festejo del aniversario Episcopal del Obispo emérito y otras festividades más, seguirán siendo desarrolladas este año 2020. Las 12 misas presenciales diarias que siempre se ofrecen en este Novenario, este año serán 4 a través de las redes sociales de la Diócesis de Saltillo y del Santo Cristo Saltillo en diferentes horarios durante el día, además de una misa que se transmite a través de una televisora comercial a las 10 de la mañana. En todas ellas se reflexionará sobre nuestra relación con la tierra, nuestra casa común bajo la idea de que: “Todos vamos en la misma barca, y tú, Señor, eres nuestro timón y esperanza”.

En la primera de las misas del Novenario, a las 5.30am que acostumbra celebrar el Obispo de la Diócesis de Saltillo, Fray Raúl Vera, O.P. hizo ver la necesidad de pedir al Santo Cristo que nos libre de esta Pandemia a través de la oración que a él se ha escrito: “En tiempo de Pandemia”. En ésta queda plasmado que esta crisis sanitaria “ha puesto en evidencia la fragilidad económica, política y social de nuestras comunidades”.

Además de hablar de la prudencia que debemos tener para cuidar nuestra salud y las de las demás personas, en la homilía de la primera misa del Novenario del Santo Cristo, el Obispo habló de las deficiencias del sector salud y su relación con la deuda del Estado de Coahuila, el colapso del Estado, la destrucción que un partido es capaz de hacer sobre la obra que otro partido ha realizado, las complicidades, la corrupción y la impunidad de quien denuncia desórdenes en algún bar y es golpeado a patadas por el administrador del mismo lugar. Ante el deinterés e irresponsabilidad de funcionarios, nos invitó a fortalecer nuestra fe con ayuda del Santo Cristo, a ser personas activas en la conducción de la tierra. Compartimos una parte de la predicación de nuestro Obispo.

Hermanas y hermanos, tenemos nosotros que entender que en lugar de estar viendo sólo lo que aparece, veamos las causas. Esa es nuestra fe. ¿No tienen fe? ¿No tienen fe? El poder de Dios está con nosotros para que trabajemos por la justicia y el derecho, que es el principal papel de la política. Trabajemos por la justicia y el derecho que es para lo que trabaja una estructura económica que debe tener el control del Estado, para que por ganar dinero no maten gente, no aumenten las muertes aprovechando esta situación en la que estamos viviendo del coronavirus SARS-CoV-2, que es el específico virus que causa el Covid-19.

Hermanas y hermanos, hoy sabemos que contamos con él. Cristo ha hecho morir al pecado en su cruz, pero nosotros, como dice San Pablo en la Carta a los Romanos, que somos un grupo de hermanos en que el primogénito es Jesús, y que ese grupo de hermanos somos los llamados a reproducir en nuestro ser la imagen de Jesús. La gracia de la muerte en cruz del crucificado, cuya imagen nosotros vemos durante todo este Novenario en el Santo Cristo de la Capilla, es que nosotros tengamos esa fortaleza, que nosotros reproduzcamos esa fortaleza con la que Cristo pudo calmar la tormenta y las marejadas que ponían en peligro las vidas.

Durante la ceremonia del descenso del Santo Cristo, el obispo emérito inciensa la imagen. Fotografía de Adal Godinez

La tormenta y las marejadas de hoy son la corrupción, el desinterés con el que nos ven los gobernantes, el desinterés con el que nos ven los empresarios, dueños de esos bares que no les interesa la muerte de las personas, que se multipliquen las infecciones, “nosotros ganamos dinero”. Pero que una autoridad no tenga la conciencia de cumplir con su deber, eso no se acepta.

Queridas hermanas, queridos hermanos, hoy empezamos en este Novenario, a aumentar nuestra fe y nuestra confianza en Dios, pero también a aumentar nuestra responsabilidad para entrar activamente en la conducción de la tierra para que las marejadas y las tormentas que provocan la irresponsabilidad de quienes han administrado este país y los países del mundo de manera equivocada, que han dirigido su mirada sólo a una mínima cantidad de gente que son los que les facilitan a ellos medios muy buenos para que les cambien hasta las leyes. Porque eso es lo que han hecho en México, cambiar las leyes a beneficio de los grandes capitales del mundo y a beneficio de los grandes capitales de México. ¿Para qué? Para que nosotros nos veamos despojados de aquello que nos permitía tener hospitales, que nos permitía tener todo lo necesario para vivir con salud.

Estoy hablando de eso en este momento, pero son muchas otras cosas. Y, ¿quién nos proporcionaba eso? Nuestros energéticos. Y de nuestros energéticos, sus ganancias ahora se reparten entre los grandes capitales del mundo que vienen a invertir. Es esto lo que han hecho.

Nuestra fe nos debe hacer entender que tenemos que tener la conciencia de cómo restaurar nuestro país para que la Iglesia realice en el mundo esta misión que tiene de aplicar y de promover la Alianza que Dios hizo por medio de Cristo en el mundo, de repararlo del pecado, de sacarlo del pecado, y de llevarlo al orden querido por Dios en su mente y en su corazón cuando nos creó y cuando creó a la familia humana, y cuando nos dio esa belleza que es la naturaleza, de la cual estamos haciendo un mercado, y destruyéndola.

 

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