En todo, amar y servir

Adalberto Peña

adalberto.godines@diocesisdesaltillo.org.mx

Acuden hace cinco y 12 años a peregrinación

Saltillo, Coahuila, 12 de enero de 2018

Ante la tumba de Jtatic Samuel Ruiz en San Cristóbal de las Casas, Chiapas

La vocación es un llamado al corazón de cada ser humano, un llamado que siempre nos invita a ser colaboradores de la edificación de nuestra sociedad desde distintos ambientes y con las virtudes, talentos y características propias de cada persona, una voz que nos convoca a ser cocreadores de este mundo bajo los valores del Evangelio.

Este despertar a la conciencia sobre la misión que tenemos en la vida, muy comúnmente está inspirada por personas, mujeres y hombres, que con su quehacer diario más que con las palabras dan testimonio de su participación en una sociedad que les reclama y les necesita para ser luz en ambientes que requieren ser iluminados

Tal es el caso de Aldo Nehemías, un joven novicio de la Compañía de Jesús que se ha encontrado con las personas correctas en el momento correcto para poder andar por el camino que ahora recorre con miras hacia un objetivo: servir a la humanidad con el ideal de que algún día exista una sociedad libre y justa para todas y todos.

Un llamado por arte de magia

Aldo Nehemías Hernández Hernández es el menor de tres hermanos, es originario de Guadalajara, Jalisco pero criado en un pequeño pueblo del estado de Tamaulipas cerca de Tampico; Aldo recuerda su infancia como una infancia feliz en la que sin tanta tecnología como la que hoy existe pudo disfrutar de los juegos con sus amigos y la convivencia con sus hermanos.

Aldo Nehemías acolitando como seminarista junto al padre José Luis Sandoval (con micrófono en mano)

Desde su servicio como acólito en la parroquia de su comunidad tuvo la oportunidad de tener un primer acercamiento con Dios sin imaginarse lo que vendría más adelante. Ahí conoció al padre José Luis Sandoval, su párroco, quien en cada misa sorprendía a todos con actos de magia y con sus dotes como ventrílocuo cuando invitaba a “Marraqueto”, su muñeco, a explicar el Evangelio para los niños.

“Fue gracias a la convivencia y la cercanía con El Mago que inicié el camino hacia la búsqueda de mi vocación. Yo lo acompañaba en las tardes a los ejidos y me sorprendía ver como este hombre se desgastaba tanto por la gente que, aún cansado, al estar con las personas se transformaba y siempre estaba sonriendo y animando. Eso a mi me motivaba y me preguntaba ¿Qué hace este hombre que siempre está feliz? Algo hay aquí que lo hace ser feliz y yo quiero ser feliz como este hombre”.

Gracias a la semilla sembrada por el sacerdote, Nehemías decidió probar suerte en el Seminario Diocesano de Tampico con la esperanza de encontrar plenitud para su vida y experimentar lo que él veía no solo en el padre ventrílocuo sino en algunos seminaristas que pudo conocer cuando visitaban su parroquia.

“Al principio me costó mucho pues yo venía de una comunidad rural y adaptarme fue difícil en todos los sentidos, desde aprender a comer con cubiertos hasta nivelarme en el alto rendimiento académico que se maneja, pero lo disfruté mucho pues el Señor fue preparándome para otras cosas, fue dándome empujoncitos al tener más contacto con la gente”.

De Tampico a Castaños, otro despertar

Estancia en el Curso Introductorio de Castaños, Coahuila. Aldo (de rojo) junto con compañeros y formadores

Debido a la escases de vocaciones en Tampico, Aldo tuvo que dejar su seminario para estudiar la etapa del Curso Introductorio en la Diócesis de Saltillo, fue así como lo trasladaron a Castaños, Coahuila sin imaginarse que le tocaría vivir una realidad diferente que abriría mucho más sus ojos y su corazón al sufrimiento de los demás.

El apego con su familia, de manera especial con su madre, fue algo que le costó mucho trabajo dejar, sin embargo encontró un refugio para cubrir esa necesidad: “Me di cuenta que  en la gente yo podía encontrar aquello que necesitaba, no me quedé sin nada, me quedé con algo igual de maravilloso cuando descubrí que estar con la gente es estar con familia”.

Emocionado por conocer gente nueva y convivir con seminaristas de una diócesis distinta, emprendió una nueva aventura. El Seminario de Saltillo le brindó formación espiritual y apostólica además de la experiencia de visitar algunas comunidades de Monclova, entre las que recuerda con cariño a la comunidad parroquial de La Sagrada Familia.

“Recuerdo que me enviaron a Colinas de Santiago, una colonia que era de nueva creación y para mi, vivir con ellos, sentir con ellos y acompañarlos en situaciones sumamente difíciles fue una experiencia inolvidable al punto que anhelaba el fin de semana para volver a verlos”.

Difícil decisión

Reunión Juvenil en la Parroquia de la Sagrada Familia en Monclova, Coahuila

A pesar de sentirse contento con lo realizado hasta ese momento, había una inquietud por hacer cosas nuevas y mejores para servir a Dios y prepararse para algún día entregarse completamente a la construcción del mundo, una tarea en la que es responsabilidad de todas y todos participar.

Había que tomar una decisión entre cambiar de rumbo o seguir con la misma formación a sabiendas de que algo mas grande podía lograrse; pieza clave para elegir fue su estancia en nuestra diócesis y Fray Raúl Vera López, que sin tener un contacto directo con el joven logró despertar una pasión por la vivencia del Evangelio desde otra intensidad.

“Yo estaba en el seminario muy contento, pero fui cayendo en la cuenta que me estaba formando solo para dar misas y administrar sacramentos, eso me gustaba y me hacía feliz, pero ver el trabajo apostólico de Don Raúl Vera, especialmente con migrantes, me hizo voltear a ver para otro lado. Escucharlo y ver su pasión por la dignidad de las personas me mostró que hay más trabajo dentro de la Iglesia”.

Su apostolado en Colinas de Santiago, le mostró la realidad que viven la mayor parte de los obreros en México al trabajar largas jornadas por un sueldo mísero con el que solo pueden acceder a viviendas de mala calidad y una mala alimentación, así pudo ver otro panorama de la sociedad, lo que impactó en él de forma significativa.

“Un año antes de mi llegada (2012) habían secuestrado a dos jóvenes de esa colonia, cuando yo llegué (2013) aparecieron muertos, recuerdo que Don Raúl Vera estuvo acompañando a estas familias que sufrían por no encontrar a sus hijos. Al escucharlo en la misa de exequias y al ver su dolor sabía que en realidad lo estaba sintiendo; ahí tuve un choque con mi realidad que me hizo necesitar algo más, pude abrir los ojos y el corazón ante el otro”.

La Compañía de Jesús

Con compañeros del noviciado jesuita

Luego de su estancia en Castaños, continuó con su preparación en Filosofía dentro del seminario detenido por el miedo a conocer un estilo de vida diferente, sin embargo en su interior tenía la inquietud de integrarse a la Orden de Santo Domingo o a la Compañía de Jesús, pues ambas le llamaban la atención gracias al trabajo pastoral de Raúl Vera y la cercanía con la gente que tienen ambas congregaciones.

Fue durante la realización de ejercicios espirituales ignacianos en el seminario, que profundizó en la vida de San Ignacio de Loyola de quien menciona: “Me robó el corazón desde el primer momento y dije: para que busco más si aquí está lo que ando buscando”; en ese momento comenzó un año de proceso vocacional para ingresar a la Compañía de Jesús.

Motivado por la sensibilización que brinda el noviciado para lograr externar sentimientos y dejar que Dios hable a través de ellos, el ahora novicio decidió agradecer por medio de una carta el testimonio de Monseñor Vera López, pues reconoce que aún recuerda sus homilías, su trabajo y su entrega, calificándolo como un mártir de nuestro tiempo.

“Tuve la oportunidad de leer a otros teólogos de la liberación como Jon Sobrino, Ellacuría y me encantaban pero llegó un momento en el que el texto me parecía muy bonito pero me preguntaba ¿se podrá llevarlo a la práctica? y en ese momento venía a mi mente todo lo que vi hacer a Don Raúl cuando estuve en Castaños y pienso que entonces si es posible”.

Aldo Nehemías acompañado de su familia

Una nueva perspectiva

Hoy Aldo Nehemías sabe que no es suficiente acudir a la Iglesia a leer el Evangelio, sino que es necesario hacerlo vivo en la vida diaria de cada persona, en cada lugar de trabajo, en cada círculo donde la gente se relacione; hoy sabe que un cristiano tiene una responsabilidad mayor que solo cumplir con los sacramentos y asistir a misa.

“Si decimos que somos cristianos porque seguimos a Cristo, porque queremos ser como Él e imitarlo y Cristo buscó la dignidad de las personas, de los enfermos, de los pobres, de las prostitutas incluso rompiendo leyes, entonces Él nos pide actuar desde el amor y el amor no nos puede llevar a otra cosa si no es a darle su lugar al otro. No podemos decir que amamos a Cristo si no amamos al otro”.

Con una madurez y plena conciencia del camino que está por recorrer, Aldo sigue preparándose dentro de la Compañía de Jesús. Actualmente se encuentra en la experiencia de los ejercicios espirituales de mes encomendado a la oración de sus cercanos y del Pueblo de Dios para él y sus compañeros y así continuar, en todo, amando y sirviendo.

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